Actividades Curso 2007/2008
 
 

 

Programa:

Congreso Internacional

Julián Marías: Una visión responsable

 
     
 
 
 
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
UNIVERSIDAD CEU-SAN PABLO
7, 8 Y 9 DE FEBRERO DE 2008
 
 

SECRETARÍA DEL CONGRESO


Isabel Robisco y Cristina Zaforas. E-mail: info@personalismo.org
Plaza Conde de Barajas 1, 28005 Madrid
tel.: +34 913658083

 
 

SEDES DEL CONGRESO

  • Días 7 y 8: Facultad de Geografía e Historia (UCM) Edificio B. Salón de Actos (C/ Profesor Aranguren s/n. Ciudad Universitaria. 28040 Madrid)
  • Día 9: Universidad CEU-San Pablo
 
 

COMITÉ DE HONOR

Presidencia:

  • SS.MM Los Reyes de España

Miembros:

  • Esperanza Aguirre (Presidenta de la Comunidad de Madrid)
  • Mercedes Cabrera (Ministra de Educación y Ciencia)
  • César Antonio Molina (Ministro de Cultura)
  • Antonio María Rouco (Cardenal de Madrid)
  • Víctor García de la Concha (Director de la Real Academia Española)
  • Gonzalo Anes (Director de la Real Academia de Historia)
  • Ramón González de Amezúa (Director de la Real Academia de Bellas Artes de S. Fernando)
  • Carlos Berzosa (Rector de la Universidad Complutense de Madrid)
  • Alfonso Bullón de Mendoza (Rector de la Universidad CEU-San Pablo)
  • José Luis Negro (Decano del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid)
  • Josep María Ribes (Presidente de Ardanuy Ingeniería)
 
 

COMITÉ CIENTÍFICO
Presidente:

  • Helio Carpintero (Universidad Complutense, Madrid)

Vocales

  • Ana Mª Araujo (Universidad de la Sabana, Bogotá)
  • Juan Pablo Fusi (Universidad Complutense, Madrid)
  • Mercedes Molina (Decana de la Facultad de Geografía e Historia, UCM, Madrid)
  • Harold Raley (Houston Baptist University, Texas)
 
 

COMITÉ ORGANIZADOR
Presidencia:

  • Juan Manuel Burgos (AEP. Universidad CEU-San Pablo)
  • José Luis Cañas (AEP. Universidad Complutense, Madrid)

Vocales:

  • Juana Sánchez-Gey (Universidad Autónoma, Madrid)
  • Urbano Ferrer (Universidad de Murcia)

Secretario:

  • Fco. Javier Jiménez (Asociación Española de Personalismo)
 
 

ENTIDADES COLABORADORAS

  • Facultad de Geografía e Historia (Universidad Complutense)
  • Facultad de Humanidades (Universidad CEU-San Pablo)
  • Facultad de Filosofía UCM: Seminario-Archivo Julián Marías
  • Pontificio Instituto Juan Pablo II (Madrid)
  • Dpto. de Antropología Social y Pensamiento filosófico español
    (Universidad Autónoma, Madrid)
  • Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid
  • Asociación de amigos de Julián Marías

 

CON EL PATROCINIO DE:


Ardanuy Ingeniería, S. A.

Consejería de Cultura y Deportes (Comunidad de Madrid)

       
 
 

Presentamos aquí y ahora una sinopsis de estos tres objetivos, y un resumen de las principales ponencias, y destacamos algunas de las mejores contribuciones al Congreso.

Después de los discursos protocolarios de bienvenida abrió las sesiones científicas el profesor Helio Carpintero, posiblemente el mayor conocedor de la obra de Marías en el momento presente, con la conferencia titulada “Contribución de Julián Marías a la filosofía española”, en la que destacó que en la obra de Marías, aunque son momentos inseparables y esencialmente interdependientes, hay por un lado la consolidación de la tradición filosófica española inmediata y por otro lado la construcción de su propia obra apoyada en aquella. En efecto, el pasado inmediato de Marías es esencialmente hispano, definido sobre todo por los nombres de Ortega y Unamuno. A continuación se preguntó el profesor Carpintero qué aspectos concretos deben subrayarse en su trabajo interpretativo sobre este pensamiento. En primer lugar –señaló–, hay una obra de sistematización muy importante; en segundo lugar, una exégesis, en relación con las formulaciones de esas filosofías; y, en tercer lugar, una apropiación de ellas, de modo que luego las ha podido prolongar en su propia y personal concepción filosófica. En particular son de notar sus aportaciones al pensamiento orteguiano en todo lo relacionado con la antropología filosófica que ha desarrolló en torno al concepto de estructura empírica de la vida humana. Por otra parte, la incardinación del tema de la persona dentro del marco de la filosofía de la razón vital supone un injerto de los temas unamunianos en esa filosofía. Concluyó Helio Carpintero que el pensamiento de Marías, con raíces profundas en esa tradición, posee una gran originalidad dentro de una voluntad manifiesta de prolongar las intuiciones básicas de aquellos dos maestros.

La mesa redonda “Marías e Iberoamérica” ha estado dedicada a estudiar el histórico puente existente entre España y la realidad hispanoamericana, relaciones que tanto y tan bien conoció Don Julián Marías. Desde su vivencia y conocimiento personales, el profesor argentino Óscar Ricardo Oro nos presentó el enorme influjo y la huella grande que dejó Marías en su país. Para ello se apoyó en sus lecturas Sobre Hispanoamérica, un texto que nuclea escritos desde 1951 que hacen referencia a sus muchos artículos con “espesor histórico”, característica que los hizo muy valiosos en una nación joven que se movía en una cultura más bien presentista, y donde la historia que se lee habitualmente son las noticias que se publican en los periódicos. Esta característica, sumada a la tradición que proviene de Ortega, fueron la base de una producción actualizada y entusiasta de artículos y sugerencias para un desarrollo que Argentina estuvo cerca de alcanzar, que fue una esperanza para Marías y que continúa vigente para algunos argentinos de hoy. En todo caso, según Óscar Oro, Marías fue el maestro responsable que supo hacer pensar a generaciones enteras de argentinos, entre los cuales se incluyó él.


A continuación, el colombiano Luis Fernando Fernández Ochoa, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana, tomó el pulso de nuestras mutuas relaciones con su magna reflexión titulada “España, plaza mayor de Hispanoamérica”. Tras realzar que una plaza es el órgano de la presencia mutua, con Julián Marías reparó en que España fue llenando América desde muy pronto de “plazas mayores”, a semejanza de las castellanas, extremeñas y andaluzas, y esta fue la más grande diferencia entre la América Anglosajona y la América Hispana. Pero como Hispanoamérica no tiene un lugar de presencia común, el único posible es España, y España tendría que ser la plaza mayor de la América española, el “lugar” para que Hispanoamérica se encuentre a sí misma y llegue a ser una. Entonces, no sólo los hispanoamericanos encontraríamos nuestra personalidad propia –dijo Fdez. Ochoa– regresando a los orígenes en la plaza mayor, sino que también los españoles podrían hallar muchas de las respuestas que actualmente andan buscando, por ejemplo si España es un mosaico de naciones o una sola nación o cuáles son sus potencialidades. En suma, paseándonos por la plaza mayor podríamos meditar todos serenamente sobre la realidad de nuestros pueblos y comprender que “España no se acaba en sí misma” y que “lo que más hondamente unifica a Hispanoamérica es su referencia a España”. De tal modo que –concluyó Ochoa glosando a Marías– encontrándonos en el solar común, españoles e hispanoamericanos podríamos llegar a conformar una comunidad, una unidad de convivencia, de usos, creencias, ideas, estimaciones, pretensiones y proyectos.

De la siguiente mesa redonda “España y su Historia”, podemos destacar la ponencia del profesor Juan Pablo Fusi, quien injertó a Marías en nuestra historia española a partir de la gloriosa Edad de Plata; y la ponencia del profesor Manuel Álvarez Tardío (Univ. Rey Juan Carlos), quien puso de relieve la contribución impagable de don Julián Marías en la Transición a la democracia en España (1975-1978). Se centró especialmente este profesor en dos aspectos: de un lado, la opinión que le mereció a Marías el proceso en sus diferentes etapas; de otro, su intervención más directa en la vida pública como Senador por designación real en la legislatura constituyente (1977/1979). Ambas, profundamente relacionadas, le permitieron a Marías concluir con una idea globalmente positiva del proceso. Lo que entonces “se consiguió con sorprendente rapidez”, escribiría años más tarde en su España inteligible, fue el liberalismo, entendido como “la organización social de la libertad”. Julián Marías comprendió que las posibilidades de que una democracia pudiera consolidarse eran directamente proporcionales al grado de influencia que tuviera el credo liberal en la configuración de las instituciones democráticas. Consideró, en suma, que la viabilidad de la democracia estaba relacionada, en primer término, con la capacidad de las instituciones democráticas de garantizar el respeto de la libertad individual: “siempre he creído, escribió en 1984, que si la democracia no está inspirada por la llamada a la libertad, por su constante estímulo, pierde su justificación y acaba por convertirse en un mecanismo –más poderoso que otros- de opresión.”

Del Marías historiográfico pasamos después al Marías filosófico. Para ello estructuramos dos mesas redondas, una más sistemática “Antropología metafísica”, y otra más de corte historiológico “Marías y la escuela de Madrid”.

En la primera, la profesora de la Universidad de la Sabana (Bogotá) Ana María Araujo abordó el tema “la instalación sexuada”, oportuno y actual siempre, para concluir que Marías acudió a la noción de instalación para señalar modos propios de ser y estar el ser humano y desde los cuales se proyecta, que aparecen en la realidad empírica y que no es “accidental” o meramente “fáctica” sino “estructural”, para concluir que “la vida humana es de hecho, de manera estable y permanente, una realidad sexuada”. Según José Luis Caballero, director de Diálogo Filosófico, el tema de la muerte aúna en Julián Marías un ingrediente vivencial y una matriz teórica sobre la vida como realidad radical. La constatación de que la muerte “ocurre en mi vida” condujo a la filosofía de la razón vital a sus últimas consecuencias, de manera que los diversos argumentos de Julián Marías a favor de la supervivencia postmortal, así como sus observaciones sobre las vigencias sociales en torno a la muerte o sobre la vivencia psicológica del final de la vida terrena, están supeditados a un supuesto muy simple: que la muerte forma parte de mi vida. Por eso, aunque el pensamiento de la muerte en Marías acusó el influjo del ansia de inmortalidad de Unamuno, su articulación tuvo lugar en el seno de la razón vital, siendo ésta una de sus expresiones más congruentes. Con lo cual –señaló Caballero– este planteamiento hace posible una lectura cristiana del raciovitalismo. Por su parte, el profesor Juan Manuel Burgos abordó el pertinente tema de si es Julián Marías personalista. Desde su lectura de Marías nos presentó Burgos una estructura evolutiva en tres períodos: En el primero, plenamente orteguiano, Marías tomó como punto de partida la vida individual. En el segundo, representado paradigmáticamente por Antropología metafísica (1970), descubrió y desarrolló la estructura empírica de la vida humana que es la que constituye al hombre. Y a partir de ese momento toda su reflexión se centró y se desplazó en torno al concepto de persona siendo sus obras más representativas Mapa del mundo personal (1993) y Persona (1996), de tal manera que la expresión más acertada para reflejar esa perspectiva sería la de “personalismo vital”, pues hace justicia a la fuente más profunda y persistente de su reflexión. Cabría por tanto definir a Marías como personalista vital –concluyó Burgos–, pero siendo conscientes de que esta descripción solo es plenamente válida en la última fase de su antropología.

En la mesa redonda sobre la Escuela de Madrid, el profesor de la Universidad de Valencia Jesús Conill apuntó que si bien Julián Marías sintió su vocación específicamente filosófica a partir principalmente de las clases de Zubiri y de Ortega y Gasset, este doble magisterio se ejerció sobre un trasfondo muy propio y sentido de Marías que sólo se desvela si se remite también a Unamuno. Signo inequívoco del carácter orteguiano y zubiriano de la filosofía de Marías lo constituye la construcción de su primer gran libro, la Historia de la Filosofía, cuyo prólogo es de Zubiri y su epílogo, de Ortega y Gasset, pero también su fiel y fecundo desarrollo a lo largo de los años, que refrendan, al menos en lo que toca a Marías, su temprana intuición de formar parte de una “escuela” filosófica, de una peculiar manera de hacer y sentir la tarea filosófica, cuyas características básicas son al menos tanto un modo de saber como un modo de vivir. Por su parte, la profesora Juana Sánchez-Gey Venegas (Univ. Autónoma de Madrid) se centró en destacar la relación discipular de Marías con Ortega, para destacar que Marías fue discípulo de Ortega en las mismas facetas que elogió en su maestro: su información intelectual al día, su preocupación en la vida social y política españolas y, finalmente, aquélla forma peculiar de entender la razón o “la reforma del entendimiento” que llevó a sus discípulos, tanto a Marías como a Zambrano, a proponer nuevos sistemas filosóficos. Terminó la profesora Juana fijándose en la importancia que Marías concedió a Ortega como metafísico, para subrayar la aportación al pensamiento filosófico de Marías “que excede” a la de su maestro en los temas claramente metafísicos, esto es la condición antropológica y la idea de persona, la existencia de Dios y la estructura empírica de la realidad.

“El universo cultural de Julián Marías” nos ocupó la quinta mesa redonda del Congreso, desde la que abordamos la perspectiva de su obra quizás más conocida y divulgada. El director de cine José Luis Borau nos contó por qué la elección de Julián Marías como académico numerario de la de Bellas Artes de San Fernando, en 1990, vino por una parte a reconocer sus méritos en relación con nuestra Septima Ars, dando cabida por primera vez de manera oficial a ésta en el concierto de los quehaceres creativos, y cómo también aquel reconocimiento implicó al mismo tiempo una cierta reparación frente a la cicatería y aun ingratitud tradicionales con que la figura del ilustre polígrafo fue considerada en ámbitos propios o cercanos. Por su parte Don Gregorio Salvador, Vicedirector de la Real Academia Española, afirmó sin dudarlo un momento que Julián Marías fue posiblemente el mejor escritor en lengua española del último tercio del siglo XX y, a pesar de ello, España nunca le reconoció con ninguno de los dos grandes premios literarios nacionales. Signo, uno más, del “divorcio” entre la España “oficial” y la España “real”, que él sufrió sin que se notase –como fue siempre su ser y estar–.

Una última mesa redonda, “la perspectiva cristiana”, intentó completar nuestra visión universal de Marías. En ella intervino, entre otros, el profesor José Mª Atencia Páez, de la Universidad de Málaga, para hablarnos del “Cristianismo y la cultura española en Julián Marías”, es decir del modo como contempló Marías la índole intrínsecamente cristiana de la cultura española. España inteligible podría considerarse –señaló Atencia– una especie diálogo polémico y aun de refutación de las obras de Ganivet, Ortega y de Unamuno, en este punto, al defender Marías frente a ellos el carácter esencialmente inteligible, tanto como cristiano, de una nación que “tantas veces se nos ha enseñado a ver como ininteligible, anómala o enferma de cainismo”. Pero “Castilla se hizo España” incorporando todas las partes de la península, que preexistían como reinos sintiéndose -porque lo eran- partes de la Hispania perdida con la invasión árabe, en una trayectoria común que exigió en primer lugar el combate frente al Islam otomano, que salvó a la misma Cristiandad; así como la denodada lucha por el mantenimiento de la unidad de la fe cristiana en Europa, en segundo lugar, y, especialmente, la empresa americana. Este inmenso esfuerzo, acompañado de la creación de una cultura extraordinaria, estuvo alentado por un innegable sentido cristiano. De manera que los conceptos orteguianos circunstancia y vocación se completan con las ideas de Marías, en su interpretación de España, sobre la estructura empírica y la noción de trayectoria y se aplican no ya a la vida de la persona singular sino también a la vida de una nación: España, nación plenamente europea y transeuropea, que por serlo posee un origen cultural cristiano, como latino y cristiano fue su proyecto, en cuyo despliegue faltaron los que llamaba “pecados cristianos contra el Cristianismo”, presentes cuando perdimos de vista lo que Marías considera esencial en el hombre: un ser creado por Dios a su imagen y semejanza, lo que significa primariamente como criatura amorosa. Y este núcleo de verdad procedente del cristianismo será omnipresente en la historia de nuestra cultura.


Por su parte, el profesor Eudaldo Forment, de la Universidad de Barcelona, nos presentó el tema “hermenéuticas de la identidad cristiana en Julián Marías”. El pensador vallisoletano, en efecto, según Forment habría realizado una original apologética frente a otras interpretaciones que afectan a la misma identidad cristiana, sobre todo en La perspectiva cristiana, donde la descristianización implicaba la despersonalización de la vida individual y social, de manera que en esta obra Marías sacará a la luz diez infidelidades o hermenéuticas impropias. Y en Sobre el cristianismo destacó Forment que Marías reflexionó sobre la temática de la libertad religiosa y la ilicitud de la coacción política en materia de religión, así como la oposición de la hermenéutica de la continuidad y la discontinuidad en la historia del magisterio de la Iglesia, para concluir que debe tratarse a la religión con la importancia y la seriedad que merece, porque sin la seriedad religiosa se pierde al hombre concreto, a la persona, y al mismo tiempo su libertad.

La conferencia de clausura corrió a cargo del profesor de la Universidad de Houston, Harold C. Raley, referencia imprescindible hoy en el mundo sobre el tema, con el título general de “La trascendencia del pensamiento de Julián Marías”. Para empezar Raley señaló que la experiencia norteamericana de Marías, así como la de Latinoamérica, marcó un hito en su filosofía y, aunque el idioma inglés no es el más adecuado para recibir los conceptos de la filosofía radical y personalista tal como se desarrolló en Ortega y Marías (aunque existen buenas traducciones de la mayoría de sus obras clave), hace más de cuarenta años Marías hizo ciertas predicciones con respeto a la sociedad norteamericana que ahora se estarían verificando, lo cual confiere más relevancia a su manera de ver e interpretar las cosas humanas desde sus raíces antropológicas. Desde una perspectiva más global e histórica –dijo Raley– se ve que Ortega fue, de acuerdo con Marías, el “gran descubridor”, acaso el único de su época capaz de habérselas con Kant, el primer “deconstruccionista” moderno. Por razones de cronología y como discípulo de Ortega se suele ver en las aportaciones de Marías sólo ciertos refinamientos, ajustes, estructuraciones y extensiones del modo de pensar orteguiano, pero si Marías da unos pasos más allá de Ortega, lo cual es cierto, al mismo tiempo también dió otros más acá, o sea, previos en cierto modo a Ortega. Porque al situar la filosofía orteguiana no sólo en la circunstancia biográfica de Ortega sino también orgánicamente en un largo contexto histórico, Marías la justificaba e iluminaba de una manera extraordinaria. En este sentido y otros, más que continuador, Marías sería un colaborador y con razón puede hablar de “nuestra filosofía”, concluyó el profesor Raley.

La relevancia universal de la obra científica de Marías, en suma, ha quedado patente a la luz de su extraordinaria contribución al desarrollo de las ciencias humanas en general, como pudimos comprobar. El segundo objetivo de nuestro Congreso pretendía “saldar con él una deuda histórica” y, como hubiese dicho él, “por nosotros no ha quedado”. Desde el primer momento, en efecto, este Congreso Internacional se planteó también como un acto de restitución y desagravio, y un modo sencillo del mundo universitario actual de establecer una nueva etapa en las relaciones con su figura y su pensamiento. Y por eso, en su día, los miembros del Comité Científico del Congreso solicitamos la concesión a título póstumo de la “Medalla de Honor” a la Universidad Complutense de Madrid”, así como también al Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, reconocimientos que le fueron reconocidos en este homenaje. Con estos sencillos gestos, hemos querido testimoniar nuestra emotiva gratitud y reparación, y establecer a partir de ahora un antes y un después con Don Julián Marías Aguilera.

Por último, un tercer objetivo, para realzar en él su impagable trabajo por la coexistencia y la paz entre los españoles. Julián Marías pensamos que, en este sentido, fue sobre todo un pacificador, y por eso reivindicarle para la causa común de los españoles nos pareció que quizás fuese lo más práctico que podíamos hacer. Hasta su último aliento Marías, en efecto, luchó por el ideal de la reconciliación entre “los justamente vencidos y los injustamente vencedores”, según su genial dictamen de nuestra contienda civil. De modo que su mejor empeño personal habría consistido en poner en práctica la idea de que la convivencia es posible entre las personas y los pueblos, más allá de sus diferencias. Hasta el punto de que sus conferencias, sus artículos periodísticos, sus tertulias televisivas, sus críticas de cine, y sobre todo sus libros, podríamos calificarlos hoy de auténticos “ensayos de convivencia”. Y ello porque pertenecían según él a la “tercera España”, es decir a la España auténtica y real: no de izquierdas ni de derechas, no de unos ni de otros, sino dueña y señora de sí misma. Y al preguntarnos de dónde le venía esa inquietud de trabajar por el noble ideal de la unidad y la concordia, pudimos concluir que esa fuerza se encontraba sobre todo en su fe irrenunciable en la persona, en su libertad y en su dignidad. Su vieja aspiración de que en España “cabemos todos”, sobre todo a partir de la generosidad del olvido de nuestro drama histórico reciente, podíamos tomarla ahora como la mejor idea de la tercera España, una idea desplegada ya por Marías desde sus análisis de juventud, como pudimos rastrear por ejemplo en sus artículos en el ABC republicano (marzo de 1939) sobre la llamada por él “Filosofía de la Paz”.


Por eso invitamos a leer de nuevo sus Memorias para aprender a vivir, convencidos de que si los españoles leyésemos sus memorias quedaríamos vacunados contra toda tentación involucionista. La editorial Páginas de Espuma tuvo el oportuno acierto de reeditarlas en un espléndido volumen, que presentamos también en el marco del Congreso. En ellas, en fin, encontramos que la fuente interior de ese talante moderador y conciliador provenía de un hontanar impregnado de cristianismo. Marías, en efecto, habló siempre de “su” resurrección, no de la resurrección en abstracto, como una fuente inagotable de energía que nos explicó la fecundidad de su vida. Su firme creencia en que “la vida no se acaba con la muerte” avalaba la tesis de su fecundidad gracias a la coherencia de una vida cristiana intuida desde el principio. Y lo supimos, entre otras fuentes, por íntima confesión en sus Memorias donde leímos que en su famoso viaje de estudios de 1933, crucero por el Mediterráneo organizado por la Facultad de Filosofía, ante el Santo Sepulcro pidió “una vida intensa y con profundo sentido cristiano”. Y parece que así vivió.


En suma, el universo de Julián Marías ha quedado entreverado en la figura del pensador humanista completo (el sabio, que dirían los clásicos), quizá el más completo de nuestros pensadores del siglo XX, y en todo caso uno de nuestros grandes de la España Contemporánea, que el presente Congreso pretendió fijar del modo más exhaustivo y definitivo posibles. La presencia en el Comité de Honor del Congreso de SS. MM. los Reyes de España, de la Sra. Presidenta de la Comunidad de Madrid, de la Sra. Ministra de Educación y del Sr. Ministro de Cultura, del Sr. Cardenal de Madrid, así como de los Directores de las Reales Academias en las que Marías sentó cátedra, y de las máximas autoridades académicas y sociales, han sido fiel reflejo de la oportunidad histórica de realzar la obra y la persona de nuestro insigne humanista vallisoletano en el momento actual.


José Luis Cañas (Presidente).

 
 

Curso Monográfico

La filosofía personalista de Karol Wojtyla

20, 21, 27 y 28 de septiembre
Madrid 2007


Director: Juan Manuel Burgos

 
 


Karol Wojtyla es uno de los grandes filósofos personalistas del siglo XX. Formado en el tomismo, tomó contacto con la fenomenología, a través de Max Scheler. Su gran intuición es que el pensamiento antropológico contemporáneo –y particularmente el cristiano- sólo puede avanzar y superar los retos a los que se enfrenta a través de una síntesis entre tomismo y fenomenología estructurada en torno al concepto de persona. Su gran logro es haber establecido las bases de esa síntesis desarrollando una ética y antropología personalista novedosas y aportando muchos conceptos originales: la norma personalista, la auto-teleología, la libertad como síntesis de elección y autodeterminación, la experiencia moral como fundamento epistemológico de la ética, la familia como comunión de personas, etc.
El presente curso constituye una introducción a su pensamiento que pretende dar a conocer las pistas básicas de su filosofía. Para ello, se comienza analizando su periodo de formación intelectual y, posteriormente, se recorren los grandes temas que abordó en su filosofía a través de sus principales obras y artículos.

PROGRAMA


Jueves 20: 18,30 a 21,30


1. La formación del pensamiento de Karol Wojtyla: Tomás de Aquino, Hume, Kant y Scheler
Juan de Dios Larrú

2. La escuela ética de Lublin
Juan Manuel Burgos

Viernes 21: 17,30 a 21,30


3. Análisis de Amor y responsabilidad
Juan de Dios Larrú

4. La antropología personalista de Persona y acción (I)
Juan Manuel Burgos


Jueves 27: 18,30 a 21,30


5. La antropología personalista de Persona y acción (II)
Juan Manuel Burgos

6. Sujeto y comunidad: la estructura de la relación interpersonal
Juan Manuel Burgos


Viernes 28: 17,30 a 21,30


7. La filosofía del trabajo
Juan Manuel Burgos

8. La familia como communio personarum
Juan José Pérez-Soba

9. El misterio del amor
Juan José Pérez-Soba

PROFESORADO

Juan Manuel Burgos es Presidente de la Asociación Española de Personalismo y del Instituto Juan Pablo II. Es editor de las obras de Karol Wojtyla en español y coordinador del libro La filosofía personalista de Karol Wojtyla (Palabra 2007).

Juan de Dios Larrú es Profesor de Moral del Instituto Juan Pablo II (Valencia) y Profesor de Ética en la Facultad de S. Dámaso (Madrid).

Juan José Pérez-Soba es Profesor del Instituto Juan Pablo II y Catedrático de Teología Moral en la Facultad de S. Dámaso (Madrid).

ORGANIZA

Asociación Española de Personalismo en colaboración con el Instituto Juan Pablo II (Madrid)

LUGAR

Plaza Conde de Barajas 1
28005 Madrid

INSCRIPCIÓN

Precio: 60 €
Miembros de la Asociación Española de Personalismo: 40 €
Persona de contacto: Isabel Robisco y Cristina Záforas (tel. 913658083)
E-mail: personayfamilia@jp2madrid.org o info@personalismo.org

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

J. M. BURGOS (ed.), La filosofía personalista de Karol Wojtyla (Palabra, 2007)

ENLACES

Congreso AEP Sobre la Filosofía Personalista de Karol Wojtyla

Programa para Imprimir y Difundir