|
|||
|
![]() |
||
![]() |
|
||
Burgos, J. M. (coord.), La filosofía personalista de Karol Wojtyla, Palabra, Madrid, 2007. La reciente publicación, esperada ansiosamente por muchos, de las Actas del II Congreso internacional de la Asociación Española de Personalismo (AEP), apenas un año después de su celebración, es celebrada por un creciente numero de investigadores ávidos por explorar esta nueva filosofía en formación, el personalismo, desde una de susfuentes más novedosas y emblemáticas, Karol Wojtyla. Nos encontramos, además, ante un interesante elenco de textos que no solo pueden funcionar como introducciones a los temas y problemas de la filosofía wojtyliana, sino que también, muestran ya, una madura reflexión y trabajo de nuestros investigadores. Antes de entrar en la exposición de la estructura y temas abordados en el libro quisiera señalar tres cuestiones. En primer lugar, lo que para muchos ha constituido motivo de novedad y asombro, el descubrimiento del celebérrimo Juan Pablo II como importante filósofo, queda de manifiesto es este libro. En segundo lugar, y en relación con lo anterior, hay que señalar el problema mismo de la delimitación filosofía wotyliana, pues si bien, hay un criterio objetivo claro - su ordenación como obispo de Roma-, lostemas y las ideas de nuestro autor siguieron desarrollándose durante más de 25 años de papado con abundantes frutos, y aunque los escritos teológicos se descarten por sí mismos, no ocurre lo mismo con otros tantos textos (cfr. pp.6-8). El libro se ha ceñido al criterio arriba indicado, aunque con algunas excepciones. Por ultimo, el lector ha de saber que este texto no agota el Congreso del que es testigo, pues, como siempre ocurre en este tipo de publicaciones, las exigencias editoriales obligan a eliminar materiales interesantes. En este caso, esa dolorosa decisión queda subsanada, en parte, por su disponibilidad en la página web de la AEP, www.personalismo.org. El texto esta organizado en seis partes que pretenden recorrer el itinerario intelectual de wojtyla y cubrir distintos modos de acercamiento a su filosofía. A continuación detallaré la estructura del texto comentando someramente algunos aspectos. La I parte, Contextos, aborda las fuentes de la filosofía de K. W. (Meredick) de forma brillante. Puede ser esquematizada así: fuerte experiencia personal, cultura polaca, tomismo, san Juan de la Cruz y fenomenología a través de Scheler. El segundo texto, acercamiento a la realidad en la obra poética y dramática de K. W. (Pilar Ferrer), es, también, una muy buena introducción, en este caso, a la obra literaria, pues nos ofrece un recorrido completo por su obra y nos proporciona algunas claves hermenéuticas fundamentales. El tercer texto, cineastas, novelistas y poetas polacos: la cultura humanista de J.P.II, profundiza en la relación de nuestro autor con la cultura polaca. En particular, Rubio Plo nos lo muestra en relación a J. Kawalerowicz, H. Sienkiewcz, y el querido Norwid, al que nuestro autor lo clasifica entre el reducido número de personas que han sabido definir elocuentemente la scientia crucis (p.53). Por lo demás, en estos textos encontramos una abundante bibliografía que nos permite zambullirnos en el estudio crítico de los temas tratados. La II parte, Amor y responsabilidad, agrupa las conferencias en torno a su primera gran obra. Aquí se nos ofrecen una serie de textos muy competentes. La conversión del imperativo categórico kantiano en norma personalista (Ferrer) es un texto altamente técnico, para especialistas, en el que encontramos los puntos de convergencia y distanciamiento en los planteamientos éticos de ambos autores. El misterio del amor (Peréz-Soba) sobrepasa la primera obra de Wojtyla; recorre el desarrollo del concepto por toda su obra trazando, además, las líneas de continuidad con su teología del cuerpo posterior y los debates posconciliares. Por lo demás, el apartado se completa con tres textos que pertinentemente elegidos se ocupan detemas centrales en esta obra de ética sexual. La tendencia sexual humana (Fayos), el amor conyugal como espacio transcendente (Segade), y la experiencia personalista del pudor sexual (Larrú). La III parte esta dedicada a su “obra cumbre”, Persona y acción (PA). Destaca, sin lugar a dudas, la antropología personalista PA, de Juan Manuel Burgos, editor y presidente de la AEP. Se trata de una amplia presentación de la obra en la que Burgos aborda los problemas de la recepción definitiva del texto, las innovaciones del pensamiento wojtyliano tanto en la tematización de la persona como en el modo de proceder, y finalmente, la delimitación respecto a la filosofía tomista, motivo, además, que sirve al autor como línea expositiva. El tema es demasiado rico para hacerle honor con unas pocas palabras, así que me limitaré a indicar, sin ánimo de ser exhaustivo, algunas ideas. PA es una obra de antropología, sui generis, que al mismo tiempo que pretende mostrar cómo se revela la persona a partir del acto hace gala de un nuevo método calificado de “fenomenología ontológica” (p.122). En efecto, el acto como punto de partida“no solo nos revela el modo de ser fenoménico del hombre, sino que nos revela la estructura ontológica y antropológica que hace de ese ser una persona, a saber: la dimensión reflexiva de la conciencia, su capacidad de autoposesión y autodeterminación, la existencia y la constitución de la subjetividad, la transcendencia de la persona sobre sí en el acto y su estructura autoteleológica” (p.128). La filosofía personalista de K.W. en el ámbito del trabajo (Polaina), y Amor, bien y valor: una aproximación a la persona (Casanova) le siguen en este apartado. Respecto al primero diremos que su exposición no se limita a exponer las aportaciones del autor, ni por una parte, en cuanto wojtyla; es imprescindible el desarrollo posterior en las encíclicas (cfr. p.162); ni por otro, al tema mismo, pues encuadra las aportaciones del autor en el debate antropológico-social de los problemas de persona-trabajo. El segundo estudio, pretende mostrar “cómo la naturaleza íntima de la persona tiene una estructura de don, lo que hace de ella el origen y lugar propio del amor” (p.168). Completan, por su parte, este apartado, ética y perfección de la persona en los primeros escritos de K.W. (Agüero) y exigencia de justicia: el compromiso por el otro como persona (Zorroza). La IV parte, Sujeto y comunidad: la estructura de la relación interpersonal, está dedicada la “relación interpersonal”, tema al que en PA apenas dedica las páginas finales; posteriormente será tratado en “Persona: sujeto y comunidad” (cfr. Wojtyla, K., El hombre y su destino, Palabra, Madrid, 1998). Este apartado, además, deja constancia del debate en torno a la relación de la filosofía wojtyliana con el pensamiento dialógico, no solo por la influencia recibida o por los temas tratados, sino sobre todo porque éste constituye uno de los esquemas filosóficos desde los que se piensa su obra. El primer texto, el personalismo de comunión en K.W. (Guzowski, Cátedra personalismo cristiano, Lublin), expone el argumento de Wojtyla en torno a la dimensión relacional: “solo una comprensión rigurosa del actuar humano es lo que puede conducir a una interpretación correcta de la cooperación” (p. 198); “Personalismo de comunión quiere decir más que personalismo de relación: nadie puede sustituir a otro hombre en el acto (decisión) de su libertad” (p.200). Ésta preeminencia del yo nada resta a la consustancialidad de la relación en la realización de la persona: “ningún hombre puede llegar a la realización personal sin esta vívida e implícita correlación existencial con los demás” (p.202). El texto es muy rico, recoge por ejemplo los tipos de comunidad, las diferencias respecto Husserl y Sastre, etc. El segundo texto, por su parte, K. W. entre las filosofías de la persona y el personalismo dialógico (Coll), excluye a nuestro autor del personalismo – pues, éste sería el dialógico (p.213) – y lo situaría en la primera categorización. Esencialmente, la tesis de Coll es que Wojtyla no habría comprendido el verdadero ser de la personapor sus restricciones metodológicas (cfr. p.220). Por lo demás, el apartado se completa con dos comparaciones con otros autores, por un lado,la persona relacional en K.W. La emergencia de una categoría fenomenológica fundamental, a través de López Quintás, Donati, Apel, y Wojtyla (Landazuri), y por otro, E. Levitas y K. Wojtyla: el ser humano como ser intersubjetivo (Urabayen). La V parte, Communio personarum, se ocupa de temas que abarcan más que la figura de Wojtyla como filosofo, y también, de temas más conocidos para el gran público, la familia, hombre y mujer, y otras comunidades más grandes como la empresa. Di Nicola, sobre la mujer en el pensamiento de J.P.II, hace presentación bastante amplia de la cuestión, pues ha sido uno de los temas principales de su pontificado. Blanca Castilla se ocupa de presentarnos la teología del cuerpo a través de cuatro “intuiciones” (p.279): el sexo no es mero atributo de la persona sino que es constitutivo, el significado esponsal del cuerpo, la complementariedad varón-mujer es además ontológica, y varón y mujer son una “unidualidad” relacional. Rodrigo Guerra con la familia en el pensamiento de K.W. trata el tema dentro su filosofía en sentido estricto. La familia expande la “comummnio” matrimonial (cfr. p.298), enraizada en la estructura comunional de persona (cfr. p.294). La familia también es tratada enlas instituciones personalistas de Karol Wojtyla en “familiaris consortio” (Rubuguzo Mpongo); aquí el autor muestra la convergencia entre su filosofía y su tarea teológico-pastoral. Finalmente, Melé, en la empresa como comunidad de personas frente otras visiones de la empresa, entra en el debate de los modelos de empresa con las implicaciones que se derivan de la antropología wojtyliana. El tema, por lo demás, no ha sido dejado de lado por Juan Pablo II sino que ha sido objeto de numerosas referencias (cfr. p.321). Por ultimo, Wojtyla en Diálogo, agrupa dos conferencias que relacionan a nuestro autor con Newman (Arthí) y Marcel (Blesa). El primero se vale de la relación del autor inglés con el personalismo y marcadas similitudes con Wojtyla; en el segundo, Blesa, intenta mostrar como tanto Wojtyla como Marcel han defendido el carácter irreductible de la persona; ambos autores han defendido la participación del hombre en el misterio (cfr. 352). Espero que este rápido vistazo, que he intentado sintetizar, sirva para despertar enel lector el interés por este filósofo que también fue Papa. “¿Quién es el filosofo? De memoria cito –Tadeusz Styczen-palabras de Karol Wojtyla: Filosofo es el que experimenta lo que es como es, y el que trata de entender hasta el final lo que experimenta” (Mi visión del hombre, Palabra, Madrid, 2003, p.129; cfr. asimismo, Guerra, R., Volver a la persona, Caparrós, Madrid, 2002, pp.12-13). Que Wojtyla os sirva para pensar vuestra experiencia con radicalidad y autenticidad.
Jose Miguel López Molina-Niñirola Universidad de Murcia |
|||