Breve homenaje intelectual a Karol Wojtyla

Juan Manuel Burgos

 

Publicado en A. Loiodice, M. Vari (eds.), Giovanni Paolo II. Le vie della giustizia. Itinerari per il terzo millenio, Bardi Editore, Roma 2003.

 

 

Mi contacto intelectual con Karol Wojtyla se produjo durante mi estancia en Italia a comienzos de los años 90. Yo partía de una formación básicamente tomista y estaba realizando mi tesis doctoral en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz sobre el conocimiento moral en Jacques Maritain. Los escritos de Karol Wojtyla aparecieron en ese momento como una luz que indicaba el camino a seguir y la orientación que debía darse a importantes y complicadas cuestiones tanto éticas como antropológicas. La lectura de I fondamenti dell’ordine etico, una selección de sus ensayos éticos, me abrió los caminos de la experiencia ética, de la perfectibilidad, de la subjetividad, de la confrontación creativa con Scheler, Hume y Kant, de la consideración de la ética como el camino de la plenitud humana. Amor y responsabilidad fue un modelo de cómo afrontar con valor, inteligencia y creatividad el análisis de temas olvidados o ignorados por la tradición de la que procedía: el amor humano, la sexualidad, la pureza, el pudor. También supuso, asimismo, un primer encuentro con una formulación personalista del amor humano. Más tarde, Persona y acto me enseñó un modo específico de conjugar la antropología de la metafísica del ser con las categorías propias de la modernidad. En un prodigioso ejercicio de profundidad intelectual y originalidad, Wojtyla engarza de manera compleja pero consistente las nociones contundentes pero en ocasiones opacas de la antropología tomista con los conceptos dinámicos pero sin anclaje ontológico de la modernidad. Wojtyla incorpora así a un personalismo de raigambre ontológico nociones tan esenciales como la libertad como autodeterminación, la subjetividad, la corporalidad, la conciencia como lugar del yo, la acción como manifestación de la persona, etc.

Este conjunto de reflexiones (a las que se podrían añadir otras procedentes de su reflexión teológica, sobre la familia, etc.) ha sido fundamental en mi formación intelectual tanto por el momento en el que aparecieron como por su contenido. Me encontré con ellas en el momento decisivo en el que se fraguan los esquemas que forman el entramado intelectual de la madurez y están por ello integradas en mi preconsciente y consciente intelectual. Y, por lo que respecta al contenido, han sido decisivos en mi opción por el personalismo filosófico, lugar en el que me encuentro cómodo y desde el que considero que puedo servir intelectualmente a la sociedad y al cristianismo.

Como es de bien nacidos ser agradecidos he realizado mi pequeño homenaje intelectual a Karol Wojtyla publicando en la colección Biblioteca Palabra, de la que soy director, y con la colaboración de Alejandro Burgos, una trilogía que comprende sus escritos más importantes que no se habían traducido al español. Mi visión del hombre integra sus ensayos éticos (algunos de los cuales se encuentran en aquel libro que fue importante en mi formación I fondamenti dell’ordine etico); El hombre y su destino comprende los ensayos inéditos de antropología y, por último, El don del amor. Escritos sobre la familia su reflexión sobre el decisivo campo de la familia. La acogida que han tenido en el mundo de habla española me han compensado de sobras el esfuerzo realizado.