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1. Jacques Maritain, un apunte biográfico 2. Humanismo integral, su obra maestra |
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1. Jacques Maritain, un apunte biográfico Jacques Maritain es, especialmente en España, un famoso desconocido. Es famoso porque se trata de una de las personalidades intelectuales relevantes y significativas del siglo XX; pero es desconocido porque si hoy en España preguntásemos quién es Jacques Maritain pocos nos sabrían dar una respuesta y, dentro de aquellos que supiesen identificarlo, menos aún nos podrían mencionar alguno de los libros más importantes que publicó. Por eso, en esta introducción a Humanismo integral, parece necesario comenzar por una breve presentación de Jacques Maritain.. Maritain nació en París en 1882 y murió cerca de Toulouse en 1973 tras una larga y fructuosa vida personal y filosófica. Fue educado en un protestantismo poco ferviente y ya desde muy pronto se despertó en él un ansia por el saber y, más en concreto, por la filosofía. Sin embargo, como ninguna de las filosofías que conoció inicialmente colmaba esas ansias de absoluto entró en una crisis existencial que le llevó al agnosticismo y a plantearse de modo dramático si la vida tenía sentido. De esta situación le sacaron los encuentros con varias personas. La primera fue León Bloy, una figura atípica y muy original de cristiano-asceta-literato que influyó mucho en Maritain y en su mujer Raïssa (una judía de origen ruso), especialmente en la conversión de ambos al catolicismo[1]. Con la conversión lograron la paz interior y la estabilidad vital y existencial, pero aún quedaba un paso que dar, Jacques (y también Raïssa) necesitaban lograr la paz intelectual. Bergson fue el primero que les ayudó en ese camino mostrándoles que el conocimiento de la verdad era posible. «Alguien que yo conozco bien, nos dice Raïssa refiriéndose a su marido, ha escrito mucho más tarde que "el hombre es un animal que se nutre de trascendentales". Con términos diferentes, Bergson nos aseguraba que tal alimento estaba a nuestro alcance; que éramos capaces de conocer verdaderamente lo real, que por medio de la intuición alcanzamos lo absoluto. Y nosotros traducíamos que podíamos conocer verdaderamente, absolutamente, conocer lo que es. Poco nos importaba entonces que eso sucediera a través de la intuición que trasciende los conceptos o por medio de la inteligencia que los forma; lo importante, lo esencial, era el resultado posible: alcanzar lo absoluto»[2]. Después de Bergson vino lo fundamental: el encuentro con Santo Tomás. Experimenté entonces dirá más tarde Maritain- como una iluminación de la razón. Mi vocación filosófica me era restituida en plenitud[3]. Maritain descubrió en Santo Tomás a un pensador que le explicaba no sólo su fe católica recién adquirida sino que daba respuesta, y de la manera más profunda, a todas las inquietudes y dudas filosóficas que había acumulado a lo largo de los años. Por eso, este encuentro marcará radicalmente su pensamiento filosófico: Maritain será y se considerará un pensador tomista a lo largo de toda su dilatada trayectoria filosófica. Así lo señala Juan Pablo II: «La "iluminación de la razón" suscitó en el joven Maritain una adhesión tan profunda al pensamiento de S. Tomás que, por un movimiento espontáneo de su espíritu, llegó a ser uno de los principales artífices de aquel "renacimiento tomista" que el Magisterio de la Iglesia, con León XIII, había deseado y promovido como respuesta a las principales necesidades de la cultura moderna, y como vía para superar el divorcio "contra natura" entre razón y fe (Aeterni Patris 1879). A esta vocación, que le llevó a sufrir dificultades, incomprensiones y enfrentamientos, permaneció fiel hasta la muerte»[4]. A partir de este encuentro sus capacidades comenzaron a desplegarse y a dar fruto. Su estabilidad vital y su enraizamiento intelectual le permitieron comenzar su labor constructiva y, rápidamente, sus publicaciones comenzarán a tener un gran éxito al poner de manifiesto la brillantez y lucidez de un intelectual prometedor. Sus primeros libros fueron fundamentalmente de apología y difusión del tomismo, aunque su vena creadora ya se puede intuir en obras tempranas como Arte y escolástica (1920). En esta primera época sobresale el voluminoso Distinguir para unir o los grados del saber (1932). De todos modos, y a pesar de cosechar grandes éxitos en esa labor, poco a poco sintió la necesidad siguiendo en esto el espíritu emprendedor del Aquinate- de no conformarse con difundir el tomismo, sino aplicarlo y ampliarlo a terrenos en los que éste apenas se había adentrado. Acometió esta tarea con gran empeño y fruto de este trabajo fueron sus reflexiones en numerosos terrenos. Se puede mencionar en este sentido, por ejemplo, su filosofía del arte, con La intuición creadora en el arte y en la poesía (1953) como obra principal; la filosofía de la historia; la filosofía política con dos obras centrales como Humanismo integral (1936) y El hombre y el estado (1951); sus incursiones en la filosofía existencialista, etc. Su producción global llegó a ser tan profunda y extensa que se ha podido hablar del pensamiento de Maritain como de una nueva Summa de los tiempos modernos. Esta enorme producción filosófica en cantidad y profundidad condujo a Maritain a la relevancia intelectual, social y política. Él nunca quiso adscribirse a un partido político determinado, pero también huyó del anonimato y de la falta de compromiso. Consideraba que el filósofo, como cualquier otro hombre, debía servir a la sociedad con su profesión y fruto de esta actitud fue su intervención en numerosas situaciones en las que consideraba que debía actuar o en las que era requerido por su prestigio. Esta actitud le llevó, por ejemplo, a ser embajador de Francia ante la Santa Sede; a participar activamente en las tareas que llevaron a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU; influyó notablemente en la ideología de diferentes partidos democrata-cristianos (especialmente en Italia); fue el primer laico invitado a participar en el Concilio Vaticano II y el encargado de leer el mensaje que el Concilio Vaticano II dirigió a los hombres del pensamiento y de la ciencia; influyó en la doctrina de la Dignitatis humanae, el documento del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, etc. Quizá nada mejor que unas palabras suyas para reflejar su rico y complejo espíritu, combativo y contemplativo, amante de la verdad, idealista y quizás algo ingenuo, y siempre radicalmente cristiano. «¿Quién soy yo? ¿Un profesor? No lo creo: enseño por necesidad. ¿Un escritor? Tal vez. ¿Un filósofo? Lo espero. Pero también una especie de romántico de la justicia pronto a imaginarse, después de cada combate, que ella y la verdad triunfarán entre los hombres. Y también, quizás, una especie de zahorí con la cabeza pegada a la tierra para escuchar el ruido de las fuentes ocultas y de las germinaciones invisibles. Y también, y como todo cristiano, a pesar y en medio de miserias y fallos, y de todas las gracias traicionadas de las que tomo conciencia en la tarde de mi vida, un mendigo del cielo disfrazado en guisa de hombre del mundo, una especie de agente secreto del Rey de Reyes en los territorios del príncipe de este mundo, que decide arriesgarse como el gato de Kipling, que caminaba solo»[5]. 2. Humanismo integral, su obra maestra Humanismo integral (1936)[6] es, probablemente, su obra maestra o, por lo menos, la más conocida. Esa fama le viene de las importantes polémicas a las que dio lugar y los encendidos debates que suscitó. Pero no hay que pensar que esas polémicas surgieron ante un libro de carácter demagógico o provocador. Al contrario, Humanismo integral es un libro serio y profundo, con unas tesis muy definidas y pensadas y es precisamente esa fuerza intelectual la que provocó importantes polémicas que se han extendido en el tiempo hasta fechas muy recientes[7]. ¿Cuál es el mensaje fundamental de esta obra? No es fácil resumir los datos esenciales de un obra tan densa pero podríamos decir que, con este libro, Maritain quiso construir un nuevo proyecto de acción política y social para los cristianos del siglo XX que rompiera de una vez por todas con el paradigma de la Cristiandad Medieval como modelo al que se debía aspirar de unión entre cristianismo y sociedad. Su análisis, en pocas palabras, es el siguiente. Maritain constató ante todo el ocaso irremisible de lo medieval. Ese ocaso no se produjo porque lo medieval fuera algo retrasado o nocivo tal afirmación sería algo incomprensible en un tomista- sino porque toda cultura, por muy elevada que sea, pasa inevitablemente. El mundo en el que vivía era moderno desde hacía siglos, tanto desde un punto de vista ideológico como social e institucional. Por eso consideraba que era inútil y perjudicial para la inculturación del cristianismo en la sociedad continuar pensando como ocurría en la época en la que fue escrito el libro- en la Cristiandad Medieval como el paradigma al que la acción cristiana debía aspirar. Lo único que se conseguía con esta actitud era que los intelectuales y políticos cristianos se separasen cada vez más del mundo en el que vivían y fueran perdiendo la capacidad de influir en los nuevos acontecimientos. Lo que había que hacer, al contrario, era, en primer lugar, analizar por qué la sociedad europea se había descristianizado parcialmente a pesar de haber sido completamente cristiana en la Edad Media; y después analizar qué elementos positivos había producido la sociedad europea a partir del Renacimiento y la Reforma e integrarlos en un nuevo proyecto para las décadas futuras. Ésta es, de modo muy sintético, la tarea que abordó Maritain en Humanismo integral. ¿Cuáles fueron los resultado de ese análisis? Ante todo, Maritain criticó de modo matizado a la sociedad medieval. Es cierto que había habido una gran unión entre sociedad y cristianismo, pero a veces lo sagrado había fagocitado a lo humano y, ésa fue la causa de que, por reacción, surgieran y se impusieran en la Europa moderna toda una nueva serie de valores: la rehabilitación de lo humano propia de la Reforma y del Renacimiento; la lícita petición de autonomía de lo profano respecto a lo sagrado con la consiguiente separación entre Iglesia y Estado; la emergencia de la pluralidad de la que se dedujeron consecuencias políticas; la toma de conciencia de que el nivel cristiano de una sociedad depende esencialmente de la actitud y de la calidad personal de los cristianos y no de una estructura institucional (aunque ésta sea importante), etc. Maritain consideró que todos estos valores eran positivos y que, por lo tanto, debían ser asumidos en cualquier proyecto político y cultural futuro. No eran males menores que debían ser tolerados sino valores positivos que había que asumir. Ahora bien, esta aceptación no debía hacerse de modo simple y acrítico porque, aunque eran valores positivos, Maritain era plenamente consciente de que habían surgido en ocasiones en un entorno ajeno u hostil al cristianismo y a la religión en general. Era cierto en buena medida que la sociedad post-medieval había redescubierto al hombre, pero lo había hecho olvidándose de Dios y lo que proponía era un humanismo antropocéntrico en el que la dimensión trascendente no tenía cabida. Es en este contexto donde aparece la propuesta maritainiana. Lo que hay que realizar, indica, es asumir esas conquistas y completarlas con la dimensión que han perdido, la trascendente. Lo que hace falta, en otros términos, es un humanismo completo, integral, que no olvide lo humano, pero que se dé cuenta de que el hombre sólo se realiza plenamente en Dios. «En este nuevo momento de la historia de la cultura cristiana, escribe, la criatura no sería desconocida ni aniquilada en relación a Dios; pero tampoco sería rehabilitada sin Dios o contra Dios; sería rehabilitada en Dios». El punto clave es que «la criatura sea verdaderamente respetada en su relación con Dios y porque lo tiene todo de él; humanismo, por tanto, pero humanismo teocéntrico, enraizado donde el hombre tiene sus raíces, humanismo integral, humanismo de la Encarnación»[8]. ¿Qué características debía tener ese humanismo? Ante todo la asunción y puesta en práctica de una serie de valores sociales y políticos: la aceptación del pluralismo; la importancia esencial de la acción de los laicos en la transformación cristiana de la sociedad; la distinción entre valores cristianos comunes y posturas personales que serán necesariamente distintas; la autonomía relativa de lo temporal; etc. Pero, además, Maritain era plenamente consciente de que los cambios sociales no son sólo cuestión de ideas sino también de comportamientos. Por eso, se atrevió a decir que ese nuevo proyecto de cristianización de la sociedad moderna debía ser una tarea de santos. Porque si la modernidad, como él pensaba, había sido en su raíz más honda una crisis del cristianismo, una enfermedad cristiana, la renovación no podía provenir más que de una nueva vitalidad del cristianismo, de una nueva cristiandad. Y este cambio sólo podía ser llevada a término por una nueva floración de santos. «Una renovación social vitalmente cristiana será obra de santidad o no será; pero de una santidad vuelta hacia lo temporal, hacia lo secular, hacia lo profano. ¿Es que no ha conocido el mundo jefes de pueblos santos? Pues si una nueva cristiandad surge en la historia será el resultado de esta santidad»[9]. 3. La repercusión inicial de Humanismo integral El proyecto de Humanismo integral tuvo una gran repercusión en los medios intelectuales de la época y, sintéticamente, podríamos decir que su análisis fue acogido fundamentalmente de tres maneras diferentes[10]. La corriente central la constituyeron grupos importantes de intelectuales católicos de diversos países que aceptaron, discutieron y asimilaron buena parte de las tesis de la obra. Estos intelectuales llevaron posteriormente las ideas de Maritain a muchos foros diversos en los que influyó en mayor o menor grado: grupos políticos de inspiración cristiana[11]; la declaración "Dignitatis humanae" del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa; las Constituciones de diversos países, etc. Frente a esta corriente se situó otra que podríamos denominar progresista. Estos pensadores dieron inicialmente la bienvenida a la obra maritainiana porque navegaba en su línea pero estimaron que se trataba de una obra tímida, carente de la suficiente fuerza y radicalidad para cortar de modo definitivo con el pasado. Con el paso del tiempo, su actitud hacia Maritain se fue haciendo cada vez más crítica al negarse éste a subirse en la rueda de la renovación sin control y sin fidelidad a la Iglesia que caracterizó los años 60 y el post-concilio. La ruptura total del frente progresista con Maritain tuvo lugar con la publicación de El campesino del Garona (1966), en el que reafirmaba su adhesión a todos los puntos centrales de la filosofía realista y del cristianismo. La tercera corriente, que, por oposición, podríamos denominar tradicionalista rechazó Humanismo integral por considerar que había ido demasiado lejos y constituía en realidad una rendición a la modernidad y a la secularización. Sin poner en duda la buena voluntad de este autor, este grupo criticó a Maritain por considerar que su proyecto de la nueva cristiandad en lugar de favorecer el cristianismo lo que producía en realidad era un aumento de la secularización[12]. Por eso, consideraron esta obra como una ruptura con el Maritain metafísico y gnoseológico al que habían apoyado con entusiasmo y desde entonces mantendrían una actitud distante y recelosa[13]. En el caso particular de España las reacciones ante Humanismo integral se complicaron por la postura de Maritain ante la guerra civil española y por su rechazo de la actitud política de Franco. Curiosamente, la primera edición de Humanismo integral aunque no en la versión definitiva- se realizó en España ya que este texto surgió de una serie de conferencias que Maritain pronunció en 1934 en la Universidad de verano de Santander[14] y que al año siguiente fueron publicadas por la propia Universidad Internacional de Verano con el título de Problemas espirituales y temporales de una nueva cristiandad. Pero esta temprana química entre España y Maritain se cerró con el estallido de la Guerra civil. Maritain, sin definirse explícitamente por ninguno de los contendientes, tuvo intervenciones que no gustaron en el bando nacional: rechazó, por ejemplo, que usasen el apelativo de cruzada para su participación en la Guerra y, junto con otros personalistas, firmó manifiestos en favor de los nacionalistas vascos[15]. Todo ello hizo que, en una situación de apasionamiento colectivo que no dejaba lugar a los matices, se convirtiera en el punto de mira de los sectores más radicales del bando nacional. Resultan bastante significativas, en este sentido, las siguientes afirmaciones de Serrano Súñer: Tenemos un enemigo más poderoso que el ejército rojo, más peligroso que el socialismo y el comunismo (...). Quiero denunciar aquí al judío y traidor Maritain y a una cierta prensa cuya lectura nos aterra en cuanto católicos. (...) Todos los esfuerzos de ese enemigo bilioso de la España nacional están dirigidos desde hace muchos años a imposibilitar a cualquier precio la victoria de Franco. Felizmente, el gobierno está muy por encima de las posibilidades de Maritain[16]. Estas afirmaciones son claramente desequilibradas pero indican la tendencia ideológica hacia la que caminaba el régimen franquista. Por eso, el final de la guerra no trajo consigo ningún cambio de orientación sino una confirmación de la enemistad que se había ido forjando entre el régimen y Maritan y otros autores personalistas. La cuestión era lógica. El franquismo, sobre todo en sus fases iniciales, era un régimen cercano al fascismo desde el punto de vista ideológico aunque sus posturas estuviesen suavizadas por sus fuertes raíces católicas. Ahora bien, ¿qué interés podría tener este régimen en un pensamiento abierto y renovador como el del personalismo y, más en concreto, de autores como Maritain que se convirtieron en unos teóricos del antitotalitarismo y la democracia? No puede sorprender, por tanto, que durante los años 40 y 50 España estuviera cerrada al pensamiento de Maritain (y al de otros personalistas). A pesar de ello, Humanismo integral logró traspasar esta barrera, probablemente porque la relevancia que esta obra adquirió en toda Europa hizo que los círculos intelectuales españoles no se pudieran sustraer al debate que suscitó. El resultado de este debate en España fue, como probablemente era de esperar, bastante negativo para Maritain. Parte importante de los filósofos españoles de esos años se situaron fundamentalmente en lo que hemos denominado bando tradicionalista y acusaron a la obra maritainiana, como ya hemos dicho, de ceder a lo moderno y a la secularización en su intento de renovar el cristianismo[17]. El debate concluyó, en definitiva, con la proscripción de Maritain (entre otros personalistas) del panorama intelectual español y con la no publicación de sus textos[18]. Años más tarde, con la preparación de la transición, parte de sus obras volverían a entrar de nuevo débilmente en España[19] pero entonces el fenómeno Maritain tenía ya mucha menos fuerza y, por otro parte, tampoco pudo prosperar mucho puesto que ni siquiera sus obras fueron publicadas. La bibliografía en español y, sobre todo, la editada en España, sobre Maritain resulta escandalosamente pobre. Baste decir que una obra tan importante como El hombre y el estado no fue publicada por Ediciones Encuentro hasta 1982 y Humanismo integral ve la luz ahora más de 60 años después. Esta es la historia. Una historia interesante, sin duda, pero ante la que cabe preguntarse: ¿tiene sentido hoy, 60 años después, reeditar Humanismo integral? O, más precisamente, ya que reeditar una obra importante del pensamiento humano siempre tiene justificación: ¿Qué es lo que puede decir al hombre del siglo XXI esta obra? En nuestra opinión Humanismo integral tiene el valor de los clásicos. Los clásicos son obras especialmente enraizadas en su época y en su tiempo y que por eso contienen muchos aspectos perecederos. Pero la profundidad y genialidad de sus autores hace que, en ese contexto cultural y social concreto en el que fueron redactadas, el lector descubra riquezas universales que iluminan al hombre de todos los tiempos. Ese es el valor y la riqueza que contiene Humanismo integral. Esta obra fue escrita, como ya hemos dicho, en 1936 y respondía a un contexto cultural diferente del nuestro: una sociedad europea en situación de preguerra, un cristianismo en declive que pugnaba por liberarse del paradigma medieval para encontrar su camino en el mundo moderno; unos movimientos sociales pujantes y en buena medida anticatólicos, como el marxismo y el liberalismo extremo[20], etc. Maritain escribió esta obra con el propósito de orientar al cristiano de esas fechas que deseaba realizar una acción social y política ofreciéndole un análisis de la historia, de las instituciones políticas y del mundo moderno. Pues bien, Humanismo integral posee hoy en día ante todo ese valor: el de un análisis, desde un punto de vista radicalmente cristiano, de toda la evolución social y política del mundo moderno desde el Renacimiento hasta nuestros días que incluye una descripción de cómo han surgido y cuál es el valor de muchos de los conceptos sociales y políticos propios de la modernidad: pluralismo, tolerancia, separación Iglesia-Estado, autonomía de lo temporal, etc. Ese análisis conserva hoy, en nuestra opinión, todo el valor y la lucidez de cuando fue escrito. Humanismo integral ofrece, además, un proyecto, que resultó en buena parte exitoso, de una acción social y política inspirada en el cristianismo. A 60 años vista se puede aprender mucho de ese proyecto: de cómo fue elaborado, de los puntos en los que se mostró certero y de aquellos en los que sus previsiones o propuestas no se cumplieron o se mostraron irrealizables, etc. Este es el valor que hoy en día tiene esta obra y que nos lleva a afirmar que es una lectura de la que no puede prescindir nadie que tenga un mínimo interés por estas cuestiones. Esa lectura, por otro parte, será sin duda agradable por la lúcida y hermosa prosa que caracterizaba a este escritor y que aquí hemos recogido de nuevo en la clásica versión castellana realizada por uno de los mejores conocedores de Maritain: Alfredo Mendizábal. No nos queda más que esperar que el lector disfrute y aprenda con toda la riqueza que contiene esta obra aunque no comparta plenamente las tesis de su autor. [1] Fueron bautizados en 1906. Jacques Maritain bajo condición porque había recibido este sacramento de un pastor protestante. [2]R. Maritain, Les grandes amitiés, Desclée de Brouwer, Paris 1949, pp. 94-95. [3]J. Maritain, Le philosophe dans la cité, Oeuvres complètes, vol. XI, Éditions Universitaires Fribourg (Suisse) y Éditions Saint Paul (Paris), pp. 27-28. [4]Juan Pablo II, Carta al "Convegno promosso nel centenario della nascita di Jacques Maritain", 5-VIII-1982, en Jacques Maritain oggi (a cura di V. Possenti), Vita e Pensiero, Milano 1983, p. 18. Más recientemente, lo menciona en la encíclica Fides et ratio, n. 74, como uno de los pensadores que constituyen un modelo de fecunda relación entre filosofía y palabra de Dios. [5]J. Maritain, Carnet de notes, Oeuvres complètes, vol. XII, "Préface", p. 130. [6] La primera edición de esta obra tiene el título de Humanisme intégral. Problèmes temporels et spirituels dune nouvelle chrétienté, Fernand Aubier, Éditions Montaigne, Paris 1936. Ha sido traducido a numerosos idiomas. En castellano se editó una versión previa con texto no definitivo en 1934 por la Universidad de verano de Santander. Una versión del texto definitivo es la traducción de Alfredo Mendizábal publicada en 1966 por Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires. [7]Se puede mencionar por ejemplo, en Italia, el debate originado a raíz de un artículo de Franco Cardini sobre Humanismo integral en Il Giornale (2.VIII.92), o los comentarios suscitados por una intervención de V. Possenti en Avvenire (24.XI.93). [8]Humanismo integral. Problemas espirituales y temporales de una nueva cristiandad, Palabra, Madrid 1999, pp. ***. [9]Ibidem, p. ***. [10]Una visión general de las reacciones a Humanismo integral, en nuestra opinión bastante equilibrada, se encuentra en J.R. Calo - D. Barcala, El pensamiento de Jacques Maritain, Pedagógicas, Madrid 1987, cap. VII "Reacciones ante la nueva cristiandad". [11]Tema aparte sería estudiar la fidelidad de esos grupos a las tesis maritainianas. Este, p. ej., contrariamente a lo que a veces se piensa, siempre fue contrario a la unidad política de los católicos en un partido. Sobre la particular acogida del proyecto maritainiano en Italia vid. P. Scoppola, La "nuova cristianità" perduta, Studium, Roma 1985, en particular las pp. 11-21. [12]Cfr., por ejemplo, G. Siri, Getsemani, Fraternità della S. Vergine Maria, Roma 19872, pp. 87-93. El Cardenal Siri estima que Maritain es partidario de una esencial autonomía y separación entre la vocación terrena del hombre y la vocación sobrenatural con la lógica consecuencia de vaciar la primera de contenido espiritual y religioso. [13]Las tensiones alcanzarían incluso a las relaciones con el P. Garrigou-Lagrange, íntimo amigo suyo. Lo recoge una nota del 24.IX.1937 de su Carnet de notes, cit., p. 338: «Al Padre Garrigou le gustaría prohibirme hablar de filosofía de la historia, juzgar los acontecimientos y actuar sobre los jóvenes en este orden de cosas. (No es el único en Roma que piensa así, lo sé muy bien, y se espanta del Maritain político). ¡Sólo metafísica! Pero él no duda en pronunciarse a favor de Franco y en aprobar la guerra civil en España». [14] Parece que Maritain leyó una primera versión de las conferencias en un Congreso de Filosofía Tomista en Poznan (Polonia). [15] Sobre este asunto se puede ver J. Tusell y G. Queipo de Llano, El catolicismo mundial y la guerra de España, BAC, Madrid 1993. [16] La Gaceta del Norte, 24-VI-1938 (recogido en J.R. Calo D. Barcala, El pensamiento de Jacques Maritain, cit., pp. 180-181). [17] Dos obras críticas importantes fueron las de J. P. López, El mito de Maritain, Publicaciones Españolas, Madrid 1951 y la de L. E. Palacios, El mito de la nueva cristiandad, Rialp, Madrid 1951. [18] Sobre la evolución general del personalismo en España puede verse: J. Tusell, El personalismo en España, Fundación Humanismo y Democracia, Madrid 1985 y C. Díaz, Corriente arriba (manifiesto personalismo y comunitario), Encuentro, Madrid 1989, pp. 21-66. [19] Fue significativa en esta época la tesis de Gregorio Peces-Barba, dirigida por Joaquín Ruiz-Giménez, El pensamiento social y política de Jacques Maritain, Universidad de Madrid, Madrid 1970. [20] Probablemente esta es la parte menos actual de la obra al haber variado mucho la entidad y fuerza del liberalismo y del marxismo. |
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