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Entrevista a Juan Manuel Burgos, Colegio de Bioética de Nuevo León, A.C.

Fecha de publicación: 16 de junio de 2004
Enlace: Colegio de Bioética de Nuevo León A.C.

El Colegio de Bioética entrevista a Juan Manuel Burgos, gran impulsor del movimiento personalista y Presidente de la Asociación Española de Personalismo Sus primeros estudios lo llevan a Doctorarse en Fí­sica para posteriormente obtener un Doctorado en Filosofí­a; ha escrito numerosos articulos acerca de estas dos disciplinas editados en revistas de gran prestigio, además de varios libros como: Antropologí­a (una guí­a para la existencia ) de reciente publicación y muchos otros de corte personalista como: La inteligencia ética. La propuesta de Jacques Maritain, El personalismo. Autores y temas de una filosofí­a nueva , etc… Muestra la importancia de la Antropologí­a personalista como sustento de la Bioética

¿Quien es Juan Manuel Burgos?

Julián Marí­as dice que la complejidad de las personas hace que sólo se puedan definir de manera narrativa y creo que una entrevista no es el momento para describir con detalle mi itinerario vital, pues es algo complejo. Por eso, me parece suficiente indicar que, aunque hice inicialmente estudios de Fí­sica, doctorándome en la Universidad de Barcelona, desde hace casi 20 años me dedico a la filosofí­a. En este terreno he dado clases en universidades de Roma y Madrid, dirijo dos colecciones de filosofí­a en Ediciones Palabra, he publicado varios libros y artí­culos y, entre otras actividades, actualmente estoy dirigiendo la constitución de la Asociación Española de Personalismo.

El mundo atraviesa por un vertiginoso avance cientí­fico en donde parece que no ha habido tiempo para la reflexión, podrí­amos decir que en los paí­ses del primer mundo y ahora extendiéndose al resto de los paí­ses, palabras como autonomí­a, son más importantes que la vida misma, Que podrí­a decir Juan Manuel Burgos al mundo cientí­fico en general que ha adaptado o prestigiado tanto el concepto de autonomí­a, sobre el resto de las variables principalistas como justicia, beneficiencia y no maleficiencia, olvidándose del concepto de Spaeman de benevolencia, esto es ir siempre a favor de la naturaleza, o de la persona misma?

Personalmente, el concepto de autonomí­a me parece esencial en nuestras culturas que se han forjado en buena medida a partir de su descubrimiento, valorización e incorporación a los esquemas sociales. Pero, al mismo tiempo, está claro que una autonomí­a fin en sí­ misma acaba por no tener sentido y por sumir al hombre en el desconcierto y en la desorientación. Autonomí­a, de acuerdo, ¿pero para qué?. Ahí­ es dónde resultan esenciales los conceptos de justicia, beneficiencia y benevolencia a los que usted se refiere porque dan el sentido de fondo y la orientación a la autonomí­a. Por otra parte, también hay que tener presente que la autonomí­a no es un valor absoluto. No todo se puede justificar porque proceda de una decisión libre. Una decisión puede ser al mismo tiempo perfectamente autónoma y errónea y, entonces, dependiendo del tipo de decisión que se trate y de la gravedad que alcance, se puede rechazar o incluso ir en contra de ella. Por ejemplo, si alguien autónomamente decide suicidarse, hay que hacer lo posible para impedí­rselo porque es un mal grave que se hace a sí­ mismo, y, por solidaridad humana, debemos intentar evitarlo y ayudarle.

Se podrí­a decir que se ha perdido de vista y existe un verdadero extraví­o de la visión correcta de lo que somos, personas. Existen muchas opiniones acerca del concepto de persona; desde luego, influenciadas por diferentes corrientes de pensamiento, cuál es la que nos acerca más a la realidad y a la verdad?

No sé si se puede decir de manera general que hoy existe una pérdida general del sentido correcto de lo que somos ya que en toda sociedad hay avances y retrocesos con respecto a las épocas anteriores. Por ejemplo, desde el punto de vista polí­tico pienso que hoy habitamos en sistemas sociales mucho más perfectos y respetuosos de la persona que todos los que han existido en el pasado. Sin embargo, en otros aspectos la situación ha empeorado. La aceptación social del aborto es uno de las manifestaciones más claras y también se podrí­a añadir, entre otros problemas que se pueden mencionar, la trivialización de las relaciones sexuales que permite, por ahora a nivel privado, cualquier tipo de relación o de comportamiento. Por eso, pienso que se debe intentar hacer juicios matizados, no generales, porque los primeros son los que realmente ayudan a comprender el entorno en el que nos movemos. Respecto a la variabilidad del concepto de persona yo dirí­a que probablemente lo que existe sobre todo es una variabilidad del concepto de hombre. Hay muchas y muy diversas concepciones del hombre pero no sé si tantas (al menos a nivel filosófico) de la persona. Esto se debe, a que el concepto de persona está muy ligado a la tradición cristiana lo cuál impone restricciones en su interpretación. Respecto a cuál es el tipo de concepción de la persona más correcto yo dirí­a sin dudarlo que el del personalismo porque tiene en cuenta todas las dimensiones del hombre que van desde la corporalidad a la espiritualidad y distingue además entre el varón y la mujer.

En la actualidad en el mundo cientí­fico, cuando se habla del concepto de verdad, muchos dicen que no es posible conocerla, y se dan ejemplos como el de algún premio otorgado por algún descubrimiento y que años después aparece que dicho descubrimiento era un error, ¿ podrí­as hablar algo al respecto?

En realidad, la verdad cientí­fica por razón de su objeto es más precisa que la verdad filosófica y el consenso de la comunidad cientí­fica es prácticamente unánime sobre lo que es verdad y sobre lo que no lo es. Para poder tratar esto con detalle habrí­a que entrar en profundidades gnoseológicas que no son del caso. En este contexto, me parece suficiente indicar – y aquí­ sí­ me sirve mi experiencia como fí­sico- que la ciencia progresa de hecho con un concepto fuerte de verdad. El mundo es de una manera y no de otra. Y los conocimientos actuales no suplantan a los anteriores sino que los perfeccionan, como la mecánica cuántica y las leyes de la relatividad no anulan las leyes de Newton sino que las extienden a otros ámbitos de validez. Eso no quiere decir, evidentemente, que no pueda haber errores en el conocimiento cientí­fico. Puede haberlos, y de hecho los hay, pero la existencia del error es la que confirma la existencia de la verdad. Sólo puede haber errores donde hay verdad.

¿Es importante el dominar el concepto de naturaleza para alguien que tiene interés en la bioética y en la medicina? ¿Cómo podrí­a aplicarse el concepto de naturaleza en un juicio bioético?

Me parece muy importante conocer bien el concepto de naturaleza en la bioética y en la medicina y eso pasa, en primer lugar, por ser plenamente consciente de que, aunque en principio pueda parecer lo contrario, es un concepto complejo. En un sentido es muy importante y en otro no lo es. Es muy importante desde un punto de vista general porque permite fundar la igualdad de los hombres, la existencia de reglas morales universales, de los absolutos morales, etc. Por ejemplo, en el caso del suicidio que antes he mencionado, la acción del suicido es destructora del hombre y, por lo tanto, contraria a la naturaleza humana. Es, por tanto, inmoral y no debe realizarse. Ahora bien, dicho esto, hay que tener en cuenta que la dificultad especí­fica de los juicios bioéticos consiste precisamente en mostrar racionalmente que determinada acción es contraria o favorable a la naturaleza o a la persona. Aquí­ está la dificultad del asunto. El problema moral en el caso del suicido consiste en mostrar con detalle por qué está mal suicidarse. Decir sin más que el suicido es malo porque es contrario a la naturaleza humana no es más que una tautologí­a. Es decir lo mismo de otro modo. Y lo mismo ocurre con la clonación o con los anticonceptivos. En definitiva, considero que la noción de naturaleza es muy importante como punto de referencia central de la ética y de la bioética porque implica que el hombre tiene un determinado modo de ser que hay que respetar. Pero lo que no hay que olvidar es que cada juicio ético es distinto de los otros y el esfuerzo de comprensión tiene que centrarse especí­ficamente en mostrar por qué una acción determinada (suicidio, clonación, etc.) es contraria o favorable a la naturaleza o, yo dirí­a más bien, a la persona.

¿Podrí­as hablarnos de los diferentes conceptos de naturaleza? y ¿por qué es importante conocerlos?

Hablar de los diferentes conceptos de naturaleza nos llevarí­a quizá demasiado tiempo puesto que hoy en dí­a existen una enorme variedad de visiones del ser humano. Pero sí­ que me permito apuntar, remitiendo para un tratamiento más detallado de estas ideas a mi libro Antropologí­a, que, por un lado, es bueno no tener una visión de la naturaleza humana demasiado rí­gida porque se crean problemas de conexión con la cultura y la libertad. Y también me parece importante indicar que una concepción correcta de la naturaleza humana debe incluir necesariamente la dimensión espiritual y, por tanto, la libertad y la inteligencia. La naturaleza humana no es determinista como la de los animales. Tiene fines, ciertamente, pero siempre mediados por la inteligencia y la libertad. Si no se tiene en cuenta esto se cae en una concepción kantiana de la naturaleza de tipo mecanicista que se contrapone automáticamente a la libertad.

¿Por qué es importante el personalismo?

El personalismo es una filosofí­a que surge en Europa entre las dos guerras mundiales y que tuvo inicialmente la virtud de ofrecer una alternativa tanto al individualismo como al colectivismo. Frente al individualismo que exaltaba a un individuo meramente autónomo el personalismo remarcó el deber de la solidaridad del hombre con sus semejantes y con la sociedad; y frente a los colectivismos que supeditaban a la persona a valores abstractos como la raza o la revolución, remarcó el valor absoluto de cada persona concreta e individual. El personalismo supuso así­ un instrumento filosófico esencial para superar la dicotomí­a filosófica y social entre individuo y colectividad y lo hizo fundando y desarrollando la noción de persona que recoge, además, los elementos positivos del individualismo y del colectivismo. Esa idea básica, que fue desarrollada inicialmente por Mounier, pero en la que se identifican autores tan importantes como Maritain, Marcel, Guardini, Wojtyla, Lévinas o Marí­as, constituye hoy un instrumento filosófico muy poderoso para comprender a la persona de un modo integral. Puedo añadir, además, que desde un punto de vista técnico, el personalismo ha aportado muchas ideas nuevas en el terreno filosófico: la centralidad estructural de la persona en la arquitectura de la antropologí­a, la importancia de las relaciones interpersonales en la construcción de la identidad personal, la autonomí­a de la afectividad y la postulación del corazón como un centro espiritual de la persona, la comprensión de la libertad como autodominio, etc.

¿Cuál es la importancia de la antropologí­a filosófica y de la bioética?

Su importancia me parece fundamental en los tiempo que vivimos y en los que se avecinan. La antropologí­a filosófica es básica para dar una visión unitaria de la persona en una época en la que parece que su imagen se ha fragmentado en tantos pedazos que no somos capaces de recomponerla. Y, por lo que respecta a la bioética, es, probablemente la ciencia ética que debe afrontar los retos más difí­ciles y decisivos en este siglo que comienza. Ambas, además, están muy interrelacionadas. Creo que la bioética necesita de la antropologí­a para definir su imagen de hombre y así­ poder precisar y avanzar en sus juicios éticos. La bioética, por el contrario, proporciona a la antropologí­a un campo de aplicación y de comprobación de sus tesis y de las nociones que elabora en un contexto quizá menos problemático.

¿Podrí­as hablarnos de tolerancia e intolerancia?

Podrí­a hacer un canto a la tolerancia pero con casi total seguridad no añadirí­a nada nuevo a lo ya dicho, y mejor, por muchos otros. Quizá, y puesto que estamos hablando de filosofí­a, sí­ harí­a una llamada – en la que yo me incluyo- a la tolerancia intelectual, a estar abiertos a las opiniones de los demás. Como instancia de partida por lo que supone de respeto al que es intelectualmente diferente pero, además, porque siempre podemos enriquecernos en un debate intelectual honesto.

¿Por qué escribiste el libro Antropologí­a una guí­a para la existencia?

Lo escribí­ por dos motivos. Uno práctico y otro más profundo. El motivo práctico es que debí­a dar clases de antropologí­a y, como nos sucede a los profesores, nunca nos acaban de gustar del todo los libros de los demás por lo que al final acabé escribiendo el mí­o. A un nivel más profundo querí­a demostrar y demostrarme a mí­ mismo que era posible escribir una antropologí­a sistemática de corte personalista. También es el resultado de la decantación de muchas ideas que habí­a ido pensando a lo largo de los años y que habí­an ido tomando forma en mi interior. Pero hací­a falta el esfuerzo de explicitarlas y darles forma.

¿Cuántos libros llevas escritos y cuáles son?

Por ahora he escrito tres libros. El primero se titula: La inteligencia ética. La propuesta de Jacques Maritain, y tiene origen en mi tesis de filosofí­a. Parte de la diversidad de actividades de la inteligencia que Maritain captó con gran brillantez y perspicacia, y se centra en el conocimiento moral. El segundo, del que ahora se va a realizar la segunda edición, se titula: El personalismo. Autores y temas de una filosofí­a nueva. Esta obra recorre las piedras miliares del personalismo con un objetivo doble. Mostrar la gran riqueza de esta corriente de pensamiento tanto en autores como en temas y dejar clara su unidad. Hacer patente que esa riqueza tiene una unidad interna no forzada sino natural. Mi tercer libro, al que ya he hecho referencia, es Antropologí­a: una guí­a para la existencia.

¿Piensas escribir algún libro más? y ¿Qué es lo que te mueve a escribir?

Actualmente estoy trabajando en un libro sobre sociologí­a cultural de la familia que ya tengo casi acabado. También voy a publicar con otros dos autores, Luis Ferreiro y Luis Aranguren, un texto sobre el personalismo social. Después, Dios mediante, vendrán otros con total seguridad. En particular, me gustarí­a investigar el mundo de la cultura. ¿Qué me mueve a escribir? No es fácil decirlo. Supongo que un impulso interior, la necesidad de comprender el mundo y, una vez comprendido o, al menos, creyendo haberlo comprendido, el deseo de transmitir ese conocimiento a otros para facilitarles el camino con la ilusión de que pueda servirles de ayuda en sus proyectos culturales.

¿Algunas palabras finales para el Colegio de Bioética?

Ante todo agradecer el interés por mi trabajo, pues es algo que siempre resulta agradable y motivador. Y, fundamentalmente y sobre todo, felicitar a los componentes del Colegio de Bioética, por esta iniciativa tan necesaria y tan actual junto con el deseo de que crezca rápidamente en extensión y en profundidad.

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