• viernes , 18 junio 2021

Faúndez, J. P.: «¿Cuándo comienza el ser humano?: una valoración actual de la suficiencia constitucional humana desde la filosofía de Zubiri»

(Comunicación presentada en las VIII Jornadas de la AEP:
Bioética personalista:
fundamentación, práctica, perspectivas

Universidad Católica de Valencia
Valencia, 3-5 de mayo de 2012)

 

Por Juan Pablo Faúndez [1]

  En los años cincuenta y sesenta Zubiri sostuvo permanentemente que la nota psíquica humana se trataba de una expresión de tipo espiritual, por lo que la psyché humana no podía fundarse en notas materiales, siendo, por tanto, de carácter constitutiva [2]. Durante gran parte de su vida el filósofo señaló que el alma humana no poseía sustantividad, teniendo sólo carácter sustancial, tratándola como nota constitutiva y no en su variedad constitucional. Ello le llevó a sostener que la inteligencia surgía desde el primer momento en el ser humano, teniendo rasgos constitutivos y no constitucionales, los que aparecían como consecuencia del proceso constituyente que hacía surgir las notas constitucionales desde las constitutivas. De este modo, la sustantividad se manifestaría después que se concretara la expresión de las principales señales del fenotipo y se diera la suficiencia constitucional, estando presente ya la esencia del ser humano bajo la forma de notas constitutivas ?genoma y psyché?. Pero esta postura fue siendo dejada de lado por Zubiri con el correr del tiempo, ya que la comprensión de la psyché como sustancia afectaba seriamente la teoría de la sustantividad. Por ello, comenzó a usar la expresión sustantividad para referirse a la realidad humana [3]. Como la configuración de la suficiencia constitucional necesitaría el transcurrir del tiempo, no se daría desde el comienzo la constitución de la sustantividad humana, lo que llevaría a Zubiri a sostener que la psyché del ser humano surgiría a partir de la estructuración material del ser [4]. Desde lo que se podría llamar el primer momento de la existencia, sería posible constatar sólo el ‹‹sistema infundado de notas constitutivas››, aunque no todavía el ‹‹sistema fundado de notas constitucionales››, que son las que se requieren para que se dé la suficiencia constitucional y la sustantividad [5].

Con estas consideraciones es posible apreciar que fluía en el derrotero argumentativo zubiriano una inclinación que fue madurando con su filosofía [6], y que lo hacía pronunciarse por una tendencia emergentista de la inteligencia humana, mediante la cual entendía que eran las estructuras que conforman el fenotipo las que permitían el surgimiento de la inteligencia con el devenir de la sustantitividad, al mismo tiempo que compartía una visión creacionista por la que contemplaba la intervención de Dios, una vez que las estructuras constitutivas fueran capaces de recibirla. Es así como en la segunda parte de Sobre el hombre, en el capítulo sobre la ‹‹Constitución genética de la realidad humana y decurso vital››, Zubiri se hace cargo de cómo se constituye esa realidad y la manera de desplegarse el ser del hombre. En ese lugar, el filósofo lleva adelante una labor de revisión y actualización de su antropología, motivada por la solicitud que hicieran Diego Gracia, Ignacio Ellacuría y Pedro Laín Entralgo, quienes insistentemente formulaban reparos de orden científico a sus primeros perfilamientos acerca de la teoría genética del ser humano. Según señala Gracia, las elaboraciones que el filósofo iría desarrollando en esta parte mostrarían el decurso que habría tomado desde el preformacionismo al emergentismo en un contexto creacionista, donde lo más importante sería la consideración de la intelección como una nota de relevancia crucial para distinguir la realidad humana, al punto que sin ella ésta no llegaría al estado de suficiencia constitucional.

De este modo, desde una primera argumentación basada en una línea creacionista de corte más simple, Zubiri evolucionaría hacia una comprensión compleja por la que entendería que la estructuralidad material da ‹‹desde sí misma›› la psyché [7]. En otras palabras, diría que esto ocurriría mediante una brotación, término mediante el que quiere expresar la constitución originaria del ser humano desde la célula germinal y su estructura psicosomática, en una relación de correspondencia entre la totalidad de los elementos psíquico y somático. Sistema unitario y estructural que no se transmitiría por los progenitores, los que sólo aportarían los gametos o ‹‹elementos germinales›› que ‹‹producirán por sí mismos la célula germinal››, mediante la fecundación. Siendo los mismos elementos germinales los que sistematizarían el cuerpo ya presente en la célula de origen. Lo que también ocurriría con la psyché, la que sólo surgiría con el aparecimiento de un cuerpo al que ésta pueda animar, o sea, cuando el cuerpo efectúa la realización de la corporización de la nota psíquica. Por eso dice Zubiri, un poco más adelante, que la psyché no se da sin la acción de los progenitores, ya que ésta última es la que posibilita la existencia del cuerpo, siendo la psyché el ‹‹resultado de la sistematización de los elementos germinales en la célula germinal›› [8]. Aun cuando la psyché no se transmita, sino que surja a partir de la sistematización constitutiva que corresponde a la célula germinal. Por ello Zubiri daría una definición unitaria del ser humano, desde una perspectiva genética, por la que lo señalaría como una sustantividad unitaria de carácter estructural [9]. Dado que lo que se transmite es la elevación, ésta arrastraría a las estructuras celulares a un nuevo nivel psíquico, haciendo que las mismas especifiquen las notas radicales que conforman el estado psíquico inicial. Esto acontecería mediante la transmisión y determinación que proviene de los progenitores, aun cuando no transmitan la psyché. De este modo, menciona Zubiri, ‹‹no se transmite la psique, pero se transmite el primer estado psíquico››. Por ello, tanto la psyché como sus notas constitutivas serían ‹‹constitutivamente de carácter genético›› [10].

Pero junto con lo anterior, ya que la elevación constituye una fuerza, es preciso decir que el rasgo que la caracteriza es el dinamismo genético que deviene específicamente en la psyché, de modo que se despliega hacia lo real en cuanto tal. Por ello la psyché actuaría como principio genético de las mismas notas psíquicas que devendrán posteriormente. Este proceder de notas desencadenaría a su debido tiempo la inteligencia sentiente, el sentimiento afectante y la volición tendente, entre otras notas, razón por la cual el filósofo diría que no es posible hablar de una génesis material y otra psíquica, sino más bien de: ‹‹una sola génesis psico-somática desde la concepción misma de un viviente ya psico-somático››.

El desarrollo ?que seguirá en su proyección aun después del nacimiento del ser humano, razón por la cual la organización cerebral continúa en camino? estaría guiado, aunque requiera de la participación del medio materno, como luego veremos, por la propia psyché, con lo que se evidenciaría de modo mucho más explícito que la concreción constitutiva del ser humano superaría el nivel meramente material, mediante una evolución continuada del proceso genético que logra en su momento el ‹‹nivel de la sustantividad humana›› [11].

Por medio de la potencialidad de elevación llamada hominización se haría posible que la materia hiciera desde sí misma aquello que por sí misma estaría incapacitada de realizar. Por tanto, la materia haría posible la intelección dándola desde sí, aunque ‹‹no por sí misma sino por elevación››. La materia poseería, por tanto, la posibilidad del psiquismo humano, elevándose en el ser humano al estado de materia psíquica, siendo éste el momento en el que se agotaría su productividad y su dinamismo. En el texto de Sobre el hombre, por tanto, el proceso de hominización se desarrollaría junto a la formación pasiva de la psyché, que se efectuaría por la elevación de las estructuras celulares, señalando que mientras se realiza el proceso de hominización el ser humano estaría, aunque formándose. En El hombre y Dios dirá explícitamente que el tiempo anterior al surgimiento de la inteligencia es un período de hominización en el que aún no se puede hablar de realidad específicamente humana. Aunque el uso de los términos pudiera dar a entender que es el embrión humano el que adquiere inteligencia (personeidad) en un momento difícil de definir, en estricto rigor no se podría hablar efectivamente de humanidad en la etapa embrional, por lo que no cabría considerar una interpretación como esa, sino sólo sostener que se trataría de un embrión perteneciente a la especie humana pero que aún no lograría el carácter de tal. Es decir, se trataría de un embrión que se hallaría en un proceso de hominización [12]:

Desde el momento de la concepción, por tanto, se iniciaría un proceso de hominización que estaría encaminado a la constitución de un ser humano. Y sería con la conformación de la inteligencia que se constituiría la realidad humana, poseedora de la nota de personeidad, la que aún no estaría capacitada para la ejecución de actos personales, aunque sí para recibir de modo pasivo la personalidad [13]. Esto ocurriría sólo cuando ‹‹el embrión llega a tener inteligencia››. Desde ahí es cuando ‹‹va cobrando personalidad pasivamente››. Por ello Zubiri plantearía la necesidad del transcurso del tiempo para la constitución de la sustantividad humana, la que no podría conformarse, en estricto rigor, desde el primer instante, sino en un momento ‹‹casi imposible de definir››. De ahí que Gracia hablaría después de un ‹‹período constituyente›› en el que se lograría la suficiencia constitucional como fruto de una etapa de desarrollo del embrión. Desde ese momento, aunque no antes, el embrión sería persona al modo de la personeidad, y poseedor también de personalidad pasiva. Por tanto, al surgir la sustantividad humana es cuando se podría hablar de personeidad y personalidad, y eso no ocurriría desde el momento de la concepción [14]. Para Gracia, sólo habría realidad al constatarse la sustantividad, la que se daría al haber suficiencia constitucional. Y en la constitución de esta suficiencia, en el caso de los seres humanos,los elementos que la conforman no serían sólo los genes, sino también los factores extragenéticos. Por tanto, en la constitución sustantiva del nuevo ser deben concurrir elementos externos dando cuenta de la insuficiencia del mero material genético. Cabría pensar que son los genes los que mandan el desarrollo en el que participan factores extracigóticos que activan o impiden la información, puesto que los genes constituyen, mientras que los inductores o elementos extracigóticos dan constitucionalidad al sistema [15]. Pero lo que sostiene Gracia es que es el medio el que lleva adelante el gobierno del ser en gestación, siendo el código genético un resultado de la interacción con el ambiente. En esta misma línea, Carlos Alonso Bedate establecería la necesidad de distinguir entre ‹‹información genética›› e ‹‹información operativa››, con lo que volvería a poner como tema el rechazo a la tesis que pretende demostrar que la dotación operacional del ser en gestación podría darse de forma acabada en el momento de la mera conformación genética [16]. Este científico critica reiteradamente el hecho de que se considere que la totalidad de la información operativa se halle contenida a nivel de los cromosomas, puesto que el genoma no contendría la totalidad de la información que requiere el zigoto para poder desarrollarse, sino que requeriría además una información externa que guíe las funciones que demandan un mayor grado de complejidad. A lo que se sumaría la gran cantidad de sustancias que traspasan la barrera de la placenta, provenientes del torrente sanguíneo materno, y que no formarían parte del contenido genético del ser en gestación, actuando como información de incidencia operativa en relación al embrión. Por eso, desde la perspectiva de aproximación zubiriana que ya he expuesto, Gracia explicita que sería posible interpretar desde la argumentación de Alonso Bedate que la información proveniente desde fuera del zigoto actuaría al modo de información constitutiva, previa al establecimiento de la suficiencia constitucional [17].

Por tanto, considerando el análisis que Alonso Bedate afinaba al final de los años ochenta, y que indicaba la situación de potencialidad actual en relación a la finalización del proceso de crecimiento prenatal, sería posible pensar que el embrión alcanzaría efectivamente su constitución humana entre las seis a ocho semanas de gestación, que es justamente el momento del paso de la etapa embrionaria a la etapa fetal. Desde ese momento, sería posible hablar de una realidad sistémica única que seguiría adelante un proceso de crecimiento por el que se actualizaría lo que ya está constituido al modo de una ‹‹potencia actual›› [18]. En este sentido, Alonso Bedate considera que el ser humano se hallaría constituido como tal una vez acontecida la fase de actualización de las potencialidades que se relacionan con su propia constitución. De ahí que, desde esta perspectiva, no resulte acertado referir las consideraciones en torno al estatuto ontológico del ser humano a la realidad embrional, puesto que en ese momento no se estaría hablando de un ser humano con potencias actualizadas, al carecer éste de suficiencia constitucional y sustantividad, lo que se reservaría, según su posición, para el tratamiento del feto. Esta conclusión, al parecer de Gracia, tendría una relación con las últimas reflexiones que plasmaba Zubiri antes de morir, en las que éste mostraría la aceptación incipiente que habría concedido a los planteamientos que su discípulo le hubiera formulado.

No obstante, que determinados aspectos del desarrollo ya estén establecidos de distinta forma desde el primer comienzo, puede hacer y de hecho hace que otros estudios concedan una valoración distinta a una realidad que evidentemente es humana, aunque no cuente con el grado de suficiencia que Gracia y Alonso Bedate requieran. De hecho, no sólo la vida en las primeras etapas de gestación, sino la que termina ese período y la que va desde el nacimiento hasta una buena fase de crecimiento dependen radicalmente no sólo de la madre, sino de otras instancias fundamentales. En este sentido, desde el inicio del siglo XXI han aparecido resultados de investigaciones científicas que aportan nuevos elementos de juicio. Los estudios de R. Gardner (2001), M. Zernicka-Goetz (2002), S. Krawetz y equipo (2004), J. R. Weaver y equipo (2009), C. Wong y equipo (2010) y M. Roberts y equipo (2011) [19], están ayudando a constatar que el grado de valor que poseen los seres de la especie humana en su etapa embrional hace más complejo el discernimiento en relación a la definición de la misma. Desde estos estudios se ha podido sostener que las células embrionarias se estructuran a partir de la primera división celular, con lo que se ha concluido que en ese momento queda establecido el plan general de desarrollo del ser recientemente fecundado. Una vez acontecida la primera división celular, prosigue el curso vital del nuevo ser sin detenerse, encargándose la primera célula de organizar el desarrollo de las estructuras embrionarias, y la segunda, del resguardo de las mismas. Además se ha podido observar que desde la primera división celular ya se inicia una memoria de la vida individual del ser, independientemente que acontezca un proceso de gemelación por el que se genere otro a partir del primero. La individualidad viene dada tanto por la relación única de genes heredados, como por las variaciones propias de su trayectoria, lo que permite la diferenciación de gemelos con igual patrimonio genético. Hoy se sabe que ya en el zigoto está contenida la carta que organiza al embrión, lo que confronta la apreciación señalada por Gracia en relación a la carencia de individualidad del embrión en el período preimplantatorio. Un organismo que no se entiende como una mera masa de células no puede fraccionarse. Por ello, los gemelos provienen de dos zigotos que se obtienen en un mismo acto de fecundación, y no de la mera división de un embrión para generar dos. Y en el caso en que pudiera existir una fusión de embriones, o quimera, esa transferencia celular no sería equivalente a la desaparición de la unidad corporal, sino que se entendería como un trasplante de embrión muerto a vivo. A su vez, con el hallazgo de las moléculas de expresión de los genes de origen paterno, se ha señalado que la actividad genética que sigue a la fecundación es de carácter inmediato, participando en ese proceso genes de ambos gametos y no sólo los del ovocito, como se sostenía hasta entonces. Pero además se ha visto que en el tiempo en el que acontece la fecundación, el ADN de los progenitores se modifica dando origen a una nueva estructura que da cuenta del surgimiento de un individuo nuevo y único que expresa genes propios en el marco de un genoma original. Desde ese momento, cada célula del organismo estará ordenada hasta el final de sus días por esa información constitutiva. A ello se puede agregar que en el estudio de fecundación humana in vitro de C. Wong y equipo, se ha comprobado que once horas más tarde de la división del zigoto el embrión pasa de dos a tres células, y una hora después se distingue la presencia de cuatro células que se ubican como vértices de un tetraedro. Desde ese momento los RNA mensajeros provenientes de la madre, que tienen a su cargo la síntesis de proteínas de las membranas que unen las primeras células embrionarias para mantener la unidad del cuerpo, se sustituyen por los mRNA que se generan desde los propios genes del embrión. Y es más, se ha podido examinar que los blastómeros individuales de embriones humanos sanos de entre dos a diez células muestran una expresión genética que evidencia distintas etapas de evolución, en relación con los que pertenecen a seres defectuosos. De ahí ha podido concluirse que algunos blastómeros sufren períodos de detención en su desarrollo, mientras que otros mantienen la velocidad prevista para cada fase, siguiendo un ritmo de crecimiento autónomo en la etapa embrionaria. Y, recientemente, se ha logrado obtener información relevante desde el primer día de vida del embrión, estableciéndose que el par de células que conforman el embrión en esa etapa posee un contenido distinto del RNA mensajero. Así se ha comprobado que existe una asimetría de componentes del zigoto por la que se orienta al nuevo ser en esa etapa a partir de los ejes corporales. Desde la primera división las células siguen caminos distintos aunque interconectados, gracias a sus respectivas membranas.

Con los datos científicos que están aportando éstas y otras investigaciones lo que se puede evidenciar es que desde las primeras etapas nos encontramos con un cuerpo humano que es el que constituye un nuevo ser de la especie humana que sigue un desarrollo ordenado y autónomo. Debido a la relación entre los genes y los elementos que conforman el medio intracelular, el zigoto supera la simple unión de gametos, mostrándose desde el primer momento una organización que fijará los ejes del cuerpo en cuanto a la relación entre cabeza y pies y frente y espalda, gracias a la acción de iones de calcio que dan cuenta de la información epigenética. Un proceso que logra la diferenciación de los ejes en el día octavo desde la fecundación, es decir, antes de la anidación. Por ello, hablamos de una realidad totipotencial que puede desarrollarse hasta su fase última, siguiendo un orden tanto de multiplicación como de diferenciación celular que se extenderá respetando la disposición de los ejes. Se expresa con ello un genoma que define no sólo la especie sino también la identidad individual. Desde el comienzo de este cuerpo se puede identificar una proyección biográfica que tiene sus primeros eslabones en la fase embrional, a partir de la cual sigue adelante un itinerario humano único que acabará con la muerte. En todas esas etapas lo que se evidencia es una continuidad que da cuenta de la individualidad del ser humano. El genotipo no cambia por la influencia del medio; lo que sí se va modificando es el fenotipo, como fruto del intercambio con el mismo. Acontece, por tanto, la información epigenética, que surge con el individuo y se va manifestando a lo largo de su desarrollo, contribuyendo a la diferenciación y especialización celular. Actualmente se sabe que al día décimo sexto después de la fecundación se inicia la formación de las células neuronales, los vasos y la sangre, y al día veintiuno se produce el primer latido que denota el diseño cardiaco. Posteriormente se estructurará el cerebro y los circuitos neuronales siguiendo un itinerario prefijado por el que se actualiza el fenotipo paso a paso, sin que acontezcan cambios significativos en el curso del proceso. Y al llegar a la etapa fetal, con el surgimiento de la línea primitiva, a las ocho semanas desde la primera división mitótica, no es mayormente relevante el cambio que experimenta el ser en desarrollo. Una vez nacido, el ser humano sigue adelante con la maduración cerebral, la que se despliega fundamentalmente mediante relaciones interpersonales.

Por todo lo anterior, y ya para concluir, resulta desacertado, a mi juicio, separar dicotómicamente el ser personal de la realidad biológicamente humana, ya que esta disociación es la que poco a poco nos va encaminando a disvalorar la realidad en cuestión. ¿Se puede demostrar realmente que el ser humano brota en un momento casi imposible de definir posterior a la fecundación? Ni siquiera con el surgimiento de la propia suficiencia constitucional se logran los rasgos de autoconciencia, racionalidad, voluntariedad, etc., en acto, sino que éstos se irán concretando a medida que avanza la actualización de la personalidad, la que logrará una condición de “autonomía plena” para el ser humano en una fase de maduración bastante posterior al propio nacimiento. Y a partir de este evento, el ser humano no sólo necesitará la relación parental para poder seguir viviendo, sino que toda su vida se llevará a cabo en relación con el medio natural externo, el que proveerá desde el oxígeno que se respira hasta los alimentos necesarios para la supervivencia. Es decir, la interdependencia y la interrelación humano-medial son tipos de relaciones que acompañarán al ser de nuestra especie durante toda su vida, por lo que no constituyen, a mi juicio, factores que debieran marcar una diferenciación tan abismal en relación a lo que podría ser o no humano. En efecto, se ha podido demostrar que desde el principio de la existencia humana hay una bella disposición dialógica en el plano molecular que es dirigida por el embrión, respondiendo la madre con la generación de hormonas y sustancias que contribuyen con datos relativos a la anidación y al crecimiento. De hecho, la madre convierte su intolerancia inmunológica reconociendo al hijo como un ser diverso, por lo que no lo rechaza defensivamente mediante los linfocitos B o T. Y ya antes de la implantación, el embrión emplea elementos del medio, como el oxígeno y las azúcares, con lo que evidencia que posee un metabolismo propio. Con ello se confirma que a pesar de la dependencia del nicho materno el embrión posee autonomía. Pero lo impresionante del proceso no queda allí, sino que se ha podido demostrar que no sólo se traspasan células de la madre al embrión, puesto que células del mismo pasan a la médula ósea materna participando en algunos casos en fenómenos de regeneración del cuerpo materno.

Hace una década se pensaba que en las primeras etapas del embrión existían sólo conjuntos indiferenciados de células, cuya división daba como resultado una mayor cantidad de las mismas. Se creía que sólo en la anidación el ser quedaba ordenado en cuanto a su misión, por lo que desde allí podía comenzar a hablarse de un único ser: era imposible, se sostenía, atribuir potencialidad intrínseca y autónoma al embrión para producir la transformación de la realidad inicial en un individuo personal humano ?telos interno?. Pero dados los recientes descubrimientos que provienen de la ciencia, creo que la interpretación filosófica del inicio del ser humano debe ser replanteada en estos días para avanzar hacia un mayor desocultamiento del fenómeno. Con ello se podrá conseguir una mayor claridad a la hora de interpretar en qué consiste la realidad humana en sus primeras etapas, constatando que su ordenación intrínseca se inicia ya con un decurso autónomo y ordenado desde el momento en que ha sido concebida. El problema, en este sentido, me parece, no es del embrión, sino de una sociedad que no ha sido educada y sensibilizada para valorar en todos sus aspectos un tipo de existencia tan compleja y llena de matices como es la realidad humana. He ahí nuestro desafío.

Bibliografía

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– Zubiri, X., Inteligencia sentiente, Alianza Editorial, Madrid, 1980.

– Zubiri, X., Sobre el hombre, Alianza Editorial, Madrid, 1986.

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[1] Comunicación preparada por Juan Pablo Faúndez Allier. Abogado y licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Profesor de Ética en la Pontificia Universidad Católica de Chile y de Filosofía Moral y Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.

[2] Gracia, D., “La Antropología de Zubiri”, en Nicolás, J. y Barroso, O. [eds.], Balance y perspectivas de la filosofía de Zubiri, Comares, Granada, 2004, p. 103.

[3] Gracia, D., Ética de los confines de la vida, El Búho, Santa Fe de Bogotá, 1998, pp. 164 s.

[4] Ibid., p. 165.

[5] Zubiri, X., Inteligencia sentiente, Alianza Editorial, Madrid, 1980, pp. 201 s.

[6] Cfr. Zubiri, X., Sobre el hombre, Alianza Editorial, Madrid, 1986, p. 463.

[7] Ibid., p. 465.

[8] Ibid., p. 462.

[9] Ibid., p. 461.

[10] Ibid., p. 472.

[11] Gracia, D., “La madurez de Zubiri (1960-1983)”, en Garrido, M. y otros [coords.],  El legado filosófico español e hispanoamericano del siglo XX, Ediciones Cátedra, Madrid, 2009, p. 734.

[12] Cfr. Fernández, P., Embriones y muerte cerebral. Desde una fenomenología de la persona, Ediciones Cristiandad, Madrid, 2007, p. 159.

[13] Cfr. Gracia, D., Voluntad de verdad. Para leer a Zubiri, Triacastela, Madrid, 2007, p. 176.

[14] Cfr. Gracia, D., “El cuerpo humano en la obra de Laín Entralgo”, en Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, CXLIII Nº 562-563, octubre-noviembre 1992, pp. 89-107.

p. 105.

[15] Cfr. Fernández, P., Embriones y muerte cerebral. Desde una fenomenología de la persona, cit., pp. 165 ss.

[16] Ibid., pp. 67 ss.

[17] Ibidem, p. 72.

[18] Ibidem, p. 73 s.

[19] Desde estos estudios se ha podido sostener que las células embrionarias se estructuran a partir de la primera división celular. Con ello cabe concluir que desde ese momento queda establecido el plano general del desarrollo del ser recientemente fecundado: cfr. Gardner, R., “Specification of Embryonic Axes Begins Before Cleavage in Normal Mouse Development”, en Development, vol. 128, (2001) Issue 6, pp. 839-847; Zernicka-Goetz, M., “Patterning of the Embryo: the First Spatial Decisions in the Life of a Mouse”, en Development, vol. 129, (2002), pp. 815-829; Ostermeier, G., Krawetz, S., and others, “Delivering Spermatozoan RNA to the Oocyte”, in Nature, (2004) 429, p. 154; Weaver, J. R., Susiarjo, M. y Bartolomei M.S., “Imprinting And Epigenetic Changes in the Early Embryo”, en Mamm Genome 20, (2009), pp. 532-543; Wong, C, Loewke, K, Bossert, N, Behr, B.,De Jonge, J., Baer, T. y Reijo Pera, R., “Noninvasive Imaging of Human Embryos Before Embryonic Genome Activation Predicts Development to the Blastocyst Stage”, en Nature Biotechnology 28, (2010), pp. 1115-112; Roberts, M., Katayama, M., Magnuson, S., Falduto, M. y Torres, K., “Transcript Profiling of Individual Twin Blastomeres Derived by Splitting Two-Cell Stage Murine Embryos”, en Biology of Reproduction 84, (2011), pp. 487-494.

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