• viernes , 18 junio 2021

Millán Atenciano, M. A. y Tomás Garrido, G. Mª.: «¿Es posible anunciar vida en situaciones de muerte?»

(Comunicación presentada en las VIII Jornadas de la AEP:
Bioética personalista:
fundamentación, práctica, perspectivas

Universidad Católica de Valencia
Valencia, 3-5 de mayo de 2012)

 

Autores: Miguel Ángel Millán Atenciano

                      Gloria Mª Tomás Garrido

 

Centro: Universidad Católica de Murcia

            ¿Es posible anunciar vida en situaciones de muerte? Este interrogante no es un título formal, ni siquiera un pretexto para incitar a un coloquio, es algo más sencillo y simple. Presentar claves esperanzadoras de nuestra realidad de ahí que  el verbo sea anunciar en  infinitivo ya que se pretende compartir o dar noticia de nuestro contexto, la del hombre ordinario que consume su tiempo entretejiendo su existencia con toda clase de ruidos, asperezas y aspiraciones que le hacen vivir un mundo dual. Un entorno que por momentos parece enmascararse bajo el calificativo de híbrido como si fuese gestado por elementos de distinta especie.

            Por ello, este trabajo quiere aproximarse a lo real, para extraer de ella el saber que la ciencia mediante el ejercicio de la investigación a través del conocimiento de las ciencias sociales, o lo que es lo mismo, el estudio general del hombre en sus variadas vertientes; filosófica, histórica, antropológica, sociológica… pueden aportarnos sobre el hombre actual, su pensamiento y su acción moral.  Precisamente, la preocupación por la acción moral  es que la repercute en la finalidad del trabajo de  clara raigambre pedagógica, puesto que la intención de presentar algunas reflexiones críticas sobre proyecciones relacionadas con la temática abortiva nos permiten interactuar en el desconcertante pero al mismo tiempo apasionante mundo juvenil, ya que el lenguaje de la imagen parece captar la atención sostenida de todo aquel que lo contempla.

            Pero esta realidad humana como el mundo dual que se inmiscuye entrechocan con el  binomio vida – muerte generando entre ellos una relación cómplice y al mismo tiempo de intensa rivalidad que finalmente puede ser ponderada y modelada bajo el manto inexplicable de lo inquietante (aplicando la terminología fenomenológica de Rudolph Otto), la trascendencia.

            El presente trabajo desea explorar estos campos bajo la premisa de este triple pilar; la realidad humana, el binomio vida – muerte y la lectura trascendente de la realidad. Nuestra intención es dar respuesta a una serie de cuestiones que formulamos como objetivos centrales que nos interrogan; como son: ¿Es posible anunciar vida en situaciones de muerte? ¿Hasta qué punto somos fieles a nuestros principios?¿El valor de la vida puede plantearse como un interrogante con sentido?

            En primer lugar nos apoyamos en la filosofía, con la intención de formular preguntas, para ello deseamos escrutar los entresijos de la conciencia con la aquiescencia o asenso del director Polaco Krystof Kieslowski. Este autor influido por la corriente existencialista analiza la realidad humana en cada fotograma, como si la imagen contuviese un significado completo en sí misma. En su mirada  cinematográfica el conflicto del aborto se revela con la presentación de dos proyecciones; el primer amor y decálogo II. El binomio vida – muerte fluye con naturalidad especialmente en decálogo II donde la conciencia individual parece ser la indicada para determinar o dictaminar el camino a elegir. Por eso la opción por la vida que el propio director justifica nos lanza interrogantes a nuestra propia conciencia. ¿Es osado preguntarse si Es el nacimiento una experiencia extraordinaria? y si lo es por su propio fluir ¿puede causar temeridad este silencioso crecer de la vida? La filosofía y en este caso como el propio director polaco manifiesta lanza preguntas, pero ¿y nosotros? ¿hemos hecho de estas preguntas un ejercicio completo de sentido?  ¿Hacía dónde nos conducen?

            La perspectiva histórica se entrelaza mutuamente con la filosófica  ¿Quién es capaz de interrumpir lo que se está realizando? Somos conscientes de que cada vida humana es un ser en proyección y que esa realidad es una realidad y unidad en proyección a lo largo de su desarrollo histórico.  Nuestra realidad humana necesita hacerse para constituir la historia ¿Por qué presentar una imagen enemiga de nosotros mismos? Por lo tanto, el ser humano no puede ser entendido ignorando la historicidad inherente a toda persona.

            La historia humana se encuentra modelada por planteamientos antropológicos que configuran la compleja y en ocasiones poliédrica personalidad humana, lo que significa que no hay historia sin vida ni humanidad sin historia. La antropología se preocupa por responder ¿Qué o quién es el hombre? En nuestro caso vamos a analizarlo bajo el prisma del filósofo hebreo Martin Buber. Para Buber el hombre puede comprender su realidad en la medida que es un ser relacional y considera al otro como su realidad misma [1]. Esta estrecha ligazón se establece desde la misma vida prenatal en la interacción yo- tú, entre madre y embrión. Puesto que la vida misma no puede ser concebida sin un tu. Esto nos posibilita alcanzar otra categoría, la relación dialógica yo – tú desemboca en el encuentro [2]. Dónde el obrar de la gracia posibilita el encuentro presentándonos al mismo tiempo la apertura hacía la trascendencia como desembocadura de todo encuentro. La trascendencia está situada en un último nivel por el cual Dios se convierte en el tu del hombre. Pero para alcanzar este absoluto antes hay que experimentar el paso en la realidad humana y en el mundo relacional.

            En este punto tenemos una visión del hombre que nos abre a una concepción diferente del ser humano, pero ¿Qué se percibe en nuestra realidad? ¿Nuestro mundo es realmente ético? ¿La vida es considerada un valor universal o es víctima de la fragmentación postmoderna? Analicemos nuestra sociedad para conocer qué es lo que la realidad nos transmite. El hombre actual divaga en la bipolaridad permanente no acaba de reconocer su verdadero tránsito entre la modernidad universalista afianzada en el modelo liberal y la fugacidad fragmentaria de la condición postmoderna que ahuyenta su historia humana. La vida y la muerte se arrojan en estructuras sociológicas contradictorias, por una parte sociedades centrípetas [3] afianzadas en un valor nuclear, estas pueden estar centradas en una cultura de la vida donde se justifiquen unos valores formales. En otro orden encontramos sociedades centrífugas que se presentan atenazadas por sentimientos de horror donde hay una nebulosa entorno al concepto bien, que nadie sabe donde esta, pero donde se distingue con claridad en qué consiste el mal. Sin embargo lejos de  maniatarnos encontramos razones para la esperanza cuando los jóvenes manifiestan el ardiente deseo de llevar una vida moral y digna y la enorme importancia que tiene para ellos el valor de la familia. ¿No tenemos aquí una posibilidad para la trascendencia?  El gran peligro de nuestra sociedad es no saber o no querer conocer hacia donde se dirige.

            Tomando como referencia el análisis de los mencionados tres pilares ¿Qué complementos nos aporta el cine a las ciencias sociales?

            Vamos a adentrarnos en la proyección cinematográfica de Juno donde la realidad humana es presentada en una sola proyección con cuatro conflictos interrelacionados: la afectividad juvenil, la familia, la pareja y la adopción. Sintéticamente, Juno nos aproxima al mundo adolescente y a los lazos que sostienen la fragilidad de ese mundo, por eso la realidad juvenil se encuentra permanentemente sostenida en el binomio de valor – contravalor. El binomio vida – muerte se conjuga en estas cuatro realidades donde el proceder individual fluctúa ambivalentemente aún lado y a otro del péndulo. La lectura trascendente es la apertura de la joven adolescente  a compartir la alegría de la vida junto a otros. Cuando no cercena el misterioso crecer de la vida sino que lo  posibilita en una felicidad compartida.

            En Las normas de la casa de la sidra, la realidad humana se presenta en la persona del protagonista  Homer en su viaje iniciático. No es un viaje cualquiera la toponimia del lugar es una excusa para viajar al corazón de sí mismo. Como si el Homer adolescente necesita de un rito iniciático para empezar su vida adulta. El binomio vida – muerte es una constante durante toda la proyección, valga la toponimia del lugar como referencia. El orfanato de Saint Cloud y el cabo Kenneth son realidades duales.  El mundo normativo en su bipolaridad inductivo – deductiva. La ambigüedad del film deambula de lo particular a lo general si un orden definido, con más confusión que claridad. La trascendencia es presentada a través de un viaje interior = transformación personal. El viaje puede tener claras connotaciones de  viaje espiritual.

            La princesa de Nebraska es un relato íntimo sobre la soledad. La presencia de la realidad está proyectada en las relaciones multiculturales. En el origen de los protagonistas  y en el mundo sociocultural de raigambre Norteamericana que los acoge. El binomio vida – muerte son las diversas vías que la protagonista tiene para solventar su embarazo. Por último, la trascendencia se refleja en la intimidad y en el inamovible punto central de su yo, en la libertad que le permite ser dueña de su decisión.

            Por último se encuentra Solas o la experiencia de amar silenciosamente donde  la realidad es presentada en la figura femenina mostrándonos el perfil propio por edad y condición de la mujer gestante. La película presenta múltiples binomios ya sea el conflicto mundo rural – urbano pero particularmente  la ambivalencia relacional entre madre – hija, esposo – esposa, hombre –mujer. La trascendencia está reflejada en la entraña maternal que presenta la proyección.  La capacidad de desvivirse a favor del o por el hijo/a.

            Finalmente, una vez analizadas las proyecciones  me gustaría señalar a qué se ha querido responder a lo largo de este trabajo. En primer lugar:

¿Es posible anunciar vida en situaciones de muerte?

  • Este primer objetivo respondería al binomio vida – muerte afirmando la experiencia amorosa como una acción salvífica para la humanidad.
  • El aborto nos permite revivir la pasión por la vida situado en lo que libremente podemos extinguir  y lo que libremente está a punto de ver la luz.
  • El aborto no puede reducirse a una respuesta individual puesto que la propia naturaleza humana participa de un ser social.

¿Hasta qué punto somos fieles a nuestros principios?

  • Este segundo objetivo respondería a la realidad humana.
  • En primer lugar porque la experiencia de amar y la libertad se interaccionan conjuntamente para obrar en la misma realidad. Sólo quien ama en verdadera libertad puede soñar con una realidad humana más auténtica.
  • La necesidad humana de conectar con el “otro” como espacio de realización plena.
  • El amor nos ayuda a construir junto al “otro” como si un ejercicio de mayéutica se tratara  nuestra propia historia. El hombre forja su realidad.

¿El valor de la vida puede plantearse como un interrogante con sentido?

  • Este tercer objetivo respondería  a la realidad trascendente de todo hombre puesto que está situado más allá de sí mismo. El hombre no  es autosuficiente. Puede proyectar su realidad hacía una finalidad superior.
  • El propio sufrimiento humano, las tensiones vida y muerte, la agitada realidad necesitan de  un sólido amor a la vida que se encuentra en otra dimensión distinta de lo meramente técnico.
  • La condición moral  ya que el hombre no puede ser amoral, pues todas sus acciones están determinadas por fines. Esto nos conduce  a la capacidad humana de abrirse al misterio, a lo inexplicable y trascendente desde el mismo instante de su gestación.

            Por último, quisiéramos incidir en la importancia de  la acción moral. En la necesidad de construir la moral en nuestro tiempo. Expresábamos anteriormente que el fin de este trabajo no era otro que hablar de la vida en situaciones de muerte, con un especial interés pedagógico. La escuela es una trasmisora de saberes, no solo contenidos, irremplazable. Sus fines llegan más lejos de lo que nuestro conocimiento puede imaginar. Es en este espacio donde la conciencia tiene que ser educada con el noble de fin de amar la vida, expresándoles que todas nuestras acciones tienen unos fines. Y que la libertad para elegir nuestro propio destino no nos exime de una responsabilidad frente a los otros. Si ese otro con su rostro desconocido realmente nos importa que mejor que instruirse y prepararse para desentrañar del tú todo lo que misterioso tiene. Misterio que nos conduce al tú de Dios.

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[1] Martin Buber, Yo y Tú,  Nueva Misión, Buenos Aires, 1984, p. 16.

[2] Ibid, p. 32.

[3] AA.VV. Jóvenes españoles 2010, SM, Madrid, 2010, p. 47.

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