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Queraltó, Pere: ¿Quién llama a la puerta? (El qué y el quién de Julián Marí­as)

(Comunicación enviada para el V Congreso de la Asociación Española de Personalismo,

Universidad San Pablo-CEU, Madrid, 13-14 marzo 2009)

PERE QUERALTO SEGARRA,   Universidad de Barcelona

1.- INTRODUCCIÓN

Hace aproximadamente un año participé en el IV Congreso de la Asociación Española de Personalismo con la comunicación :”La felicidad, ese necesario imposible”, invirtiendo dos palabras a la frase original de Marías en el capítulo dedicado a ese tema en  su obra Antropología Metafísica de 1970. Tuve la inmensa suerte de poder entablar conversaciones con algunas de las muchas personas que investigan la obra  filosófica de Julián Marías, y otras que siguen el corriente personalista.

En esta comunicación, mi interés se centra en adentrarme en esa expresión que se encuentra reiteradamente en Marías : ¿Quién llama a la puerta”, haciendo énfasis en ese quién , que a veces, con ligereza se acostumbra a sustituir por el qué. Sin lugar a dudas, el qué está ahí presente ya de antemano, y eso ya produce motivo de controversia al definir al ser humano corporal, pero, la dimensión  del hombre y de la mujer se mueven en un campo más amplio cuando nos acercamos al concepto fundamental de persona que Marías indagó en toda su obra, que materializó en su Antropología Metafísica y, con posterioridad, en su libro “Persona” ,en el año 1996.

La obra de Marías, como han escrito y descrito sus estudiosos, no es una continuidad de la de Ortega; arroja unos tintes personales, diferentes, fruto de las enseñanzas de sus maestros directos: Zubiri, García Morente, Gaos,  de sus lecturas constantes, sus contactos personales, sus relaciones intelectuales con otros pensadores de la época y también de su pensamiento cristiano, (ahí está la presencia de Miguel de Unamuno) pero como intentaremos ver a lo largo de esta comunicación, Ortega está  ahí cuando nos habla de ese quién y deja entrever, esa noción de nudillos que después utilizará Marías de una forma continuada.

Para Marías la pregunta filosófica por excelencia es: ¿QUIEN es el hombre? Que se deriva de dos preguntas anteriores: ¿Quién soy yo? ¿Qué va ser de mí?

Marías nos revela que estas dos preguntas son inseparables, y al cuestionárnoslas llegamos al tema de la persona. Pasamos del qué, de un cuerpo observado desde la superficialidad física al quién, al alguien que se construye,  también desde la corporeidad, pero definido desde una proyección personal.

Como nos dice el propio Marías: “La vida es transitiva, o esto hace que el conocimiento de la propia no sea inmediato. Su transparencia, hace difícil su percepción. El yo se descubre primariamente cuando es reflejado en otros, y ello depende mucho más de lo que se suele pensar de la intensidad de la relación con ellos. No sólo la posesión, sino la misma realidad de cada uno está condicionada por la capacidad de percibir e imaginar a los demás, y por el nivel efectivo y por supuesto afectivo de su ejercicio.

La otra posibilidad de descubrimiento es la reflexión, lo que se ha llamado tradicionalmente la entrada en sí mismo -en español, el ensimismamiento-, pero hay que advertir que la condición transitiva de la vida no se pierde nunca, y por tanto ese yo hallado por sí mismo es inseparable del esencial fuera en que la vida acontece”.[1]

El que va a ser de mí, inseparable de ¿quién soy yo? no se refiere exclusivamente al desenlace de la vida, al problema de la muerte y su carácter futurizo o lo que podemos esperar tras ella. “La pregunta ¿Qué va a ser de mí?” es permanente y acompaña al hombre sin interrupción ni cese. La incertidumbre es inseparable de los proyectos, y la más honda y grave es su relación con la otra cuestión.

En la medida en que los proyectos brotan de mí mismo y son auténticos, no meramente sociales, habituales o inerciales, ponen en cuestión su circulación con quien soy. Al hacer algo, me estoy haciendo o deshaciendo, estoy siendo fiel a mi vocación o la estoy eludiendo o traicionando. Si se quiere, en el curso normal de la vida la pregunta se formularía así: ¿qué está siendo de mí? Esto es lo que el hombre, silenciosamente y casi sin saberlo, desde luego sin formularlo, se pregunta en todos los momentos”.[2]

2.- ¡QUIÉN LLAMA A LA PUERTA?

En una conferencia dada por Ortega y Gasset  en el Instituto Internacional de Señoritas de Madrid, en 1931, con motivo del centenario de la muerte de Hegel, (cuando Julián Marías cuenta sólo diecisiete años),  el filósofo del raciovitalismo utiliza esa expresión de los nudillos dando a la puerta que posteriormente encontraremos en los textos de Marías:

“Golpeamos con los nudillos en la puerta, “¿Quién anda ahí?”, preguntamos. Hemos oído ruidos en la habitación vecina. La puerta está cerrada. No podemos entrar. Del interior nos llegan sólo rumores… Inevitablemente llegan a nosotros convertidos en signos o síntomas de un  acontecimiento o serie de ellos, en suma, de algo que pasa bajo ellos, de que ellos son manifestación parcial, anuncio incompleto. Y ese algo que pasa del otro lado de la Puerto sólo se nos aclara cuando averiguamos a quién le pasa: el algo sospechoso empuja nuestra mente hacia un alguien. Por eso preguntamos: “¿Quién anda ahí’” Tal vez es la criada que golpea los muebles o un hombre en frenesí que se martiriza…[3]”

*****

“El palafrenero no podía entender lo que a éstos les pasaba porque en realidad la Revolución francesa no era un hecho de la vida privada o individual de ninguno de ellos, ni siquiera de su vida colectiva o social. Era un hecho de la historia, y sólo resultará comprensible cuando se golpee con los nudillos sobre el telón gigantesco de los hechos y se pregunte: ¿Quién anda ahí? ¿Quién produce y padece todos esos ruidos? En suma: ¿a quién le pasa la historia universal como a mi me pasa mi vida? ¿Quién es el alguien, el Mismo de la historia que pula y late bajo sus sucesos?[4]

¿ Cómo expresa Marías esa versión del quién? ¿Cómo le imprime él su carácter personal? A lo largo de sus trabajos filosóficos estará presente esta noción del quién que se esconde detrás de una puerta, dejando atrás el que, impersonal, material, sin vida, sin sustrato, y que se aleja de la visión imaginada de lo que en realidad encontraremos. En  “Nuevos ensayos de filosofía” [5]del 1968 y Antropología Metafísica del 1970, Marías redacta su idea del quién:

“Ni siquiera podemos decir “el hombre” porque esto es mucho decir. Cuando unos nudillos llaman a la puerta, preguntamos: ‘¿Quién es?’ (Aunque la filosofía y la ciencia lleven dos mil quinientos años preguntando erróneamente ‘¿Qué es el hombre? ‘, y recibiendo, como era de esperar, respuestas inválidas). A la pregunta ‘¿quién es? ‘ la respuesta normal y adecuada es: ‘Yo’. Naturalmente, ‘Yo’ acompañado de una voz -de una voz conocida-,es decir, de una circunstancia. Si la voz es desconocida, la respuesta no me sirve de nada, lo cual quiere decir que la significación de esa palabra ‘yo’ se ha alterado; ahora quiere decir otra cosa, un ‘yo’ no circunstancial, es decir, cualquiera; como si alguien dijera: ‘un yo’. Pero eso ya lo sabía al preguntar ‘¿quién?’, y la contestación no me saca de mis dudas; lo que yo pido al preguntar es precisamente la posición pronominal de ese ‘alguien’ que llama, su concreta circunstancialización en ‘yo’, insustituible, inequívoco, irreemplazable. Esa función pronominal del ‘yo’ o el ‘tu’ circunstanciales equivale a un nombre propio -a un nombre personal-, siempre que tengamos en cuenta que éste tiene, no sólo una significación, sino una función denominativa y otra vocativa, cuyo sentido pleno resultará luego más claro”.[6]

Julián Marías realizó numerosas traducciones y prólogos a lo largo de su dilatada carrera filosófica. Uno de ellos fue Dilthey [7];  en el libro de Ortega y Gasset de la colección de el Arquero[8] aparece una frase del mismo:“La vida es una misteriosa trama de azar, destino, y carácter”[9]  Una frase que Marías repetirá con su peculiar y característico estilo: Vida azarosa, (diferenciación de la suerte y el azahar)  circunstancia (destino personal que se tiene que salvar), y la proyección vectorial en una conjunción de voluntad y deseo (génesis del carácter):

“La vida humana en su condición efectiva, antropológica, está constituida por el repertorio de sus instalaciones ,  desde las cuales se proyecta vectorialmente, con diversas direcciones e intensidades, en una pluralidad de trayectorias, realizadas o no, cuyo conjunto es su conducta, sujeto primario de la moralidad. A esto tiene que referirse toda doctrina moral que pretenda evitar la abstracción.

En esta perspectiva la primera instalación es la corpórea, aunque en la analítica corresponda  la primacía a la mundana, o con más rigor circunstancial….

Por la estructura proyectiva, esa percepción, a diferencia de la mera percepción fisiológica va acompañada de anticipación, es decir, envuelve ya la imaginación y el futuro, ingredientes esenciales de la percepción humana. La corporeidad lleva consigo igualmente un repertorio de impulsos… Un paso más es la existencia del deseo algo capital que suele olvidarse, lo cual desemboca en niveles de plenitud  o deficiencia, satisfacción o insatisfacción. Y aunque va más allá de lo corpóreo, eso condiciona esencialmente la edad factor decisivo de la estructura empírica…[10]

3.- EL QUE Y EL QUIÉN

Marías se pregunta ¿quién es el que vive?[11] En una pregunta que no pretende concluir con la respuesta de lo que llamamos hombre sino que hemos de llegar a la persona: La persona es alguien corporal, “El hombre” es una serie de estructuras con las que yo hago proyectivamente mi vida; esta fórmula es la que le permite a Marías formular con nitidez a lo largo de sus libros la distinción entre la persona, el quien, que no está completamente hecho, y el qué que soy:  mi humanidad determinada, la facticidad, lo que me es dado para mi pretensión. Un alguien es justamente una realidad definida por acontecer y realizarse en forma de vida humana.: cuando digo yo, tu o un nombre propio pienso en un cuerpo, pensamos en un cuerpo en tanto que es de alguien, ese alguien corporal es lo que por de pronto entendemos como persona. Una persona que tiene un lugar de inicio en los padres; un lugar de partida al cual Marías le da un valor importantísimo por la situación amorosa de la persona, y que él lo explica en primera persona en sus memorias:

“Creo que la atmósfera envolvente de mi casa, desde que nací, fue el primer estímulo para eso tan importante, tan desatendido, tan olvidado que es la educación sentimental. Hay dos formas de cariño que pueden y deben combinarse, pero que a veces andan disociadas: el cariño de apego y el de complacencia. El primero era frecuente en muchas familias españolas; el segundo bastante menos. Mi madre, sobre todo, prodigaba los dos; no se limitaba a “cuidar” a los suyos, sino que –hasta donde puede percibir un hijo- estaba enamorada de mi padre y él de ella; para los hijo, desde niños, esa vivencia es decisiva. No se trata de “explicar “ nada sino del supuesto de la vida misma: imagínese lo que es encontraramor desde el nacimiento. Significa nada menos la evidencia que existe.”[12]

Ese alguien corporal o persona -explica Marías- no solamente acontece, sino que está unido a la futurición, a esa tensión hacía adelante que es la vida; esta es otra dimensión o sentido de la definición de  persona como prósopon : “frente o fachada”.

La persona, como gusta de definir Marías, es “futuriza”, volcada hacia el futuro, siempre en una circunstancia que originariamente no ha elegido sino que le viene dada y que está en gran medida concebida por un grupo social que nos transmite esa amalgama de sentidos en forma de creencias que asumimos operativamente viviendo, pero sobre las que no reflexionamos ni convertimos en objeto de nuestro pensar.

Es importante tener en cuenta este sentido frontal, pues la vida es una operación hacía adelante: “Ese ‘alguien’ es futurizo; es decir, presente y real, pero vuelto al futuro, orientado hacia él, proyectado hacia él; hacia el futuro ‘da’ la cara en que la persona se denuncia y manifiesta, y por eso la cara es, entre las partes del cuerpo, la estrictamente personal, aquella en que la persona se contrae y manifiesta, se expresa. Pero esa condición futuriza de la persona envuelve un momento capital: es parcialmente irreal, ya que lo futuro no es, sino que será. En el rostro o persona se  refleja una realidad presente- el que és que se va transformando a medida que se avanza.

Entendemos por persona una realidad que no es sólo real. Una persona ‘dada’ dejaría de serlo. El carácter programático, proyectivo, no es algo que meramente acontezca a la persona, sino que la constituye. La persona  “está ahí”, pero no estáticamente, sino que está viniendo”.[13]

Marías dice que yo soy una persona pero el yo no es la persona. Para el hombre ser es prepararse a ser, disponerse a ser. Soy el mismo pero nunca lo mismo, en la persona hay mismidad pero no identidad, el yo pasado no es yo, sino circunstancia con la que me encuentro con la que yo proyectivo y futurizo: “Pero lo decisivo es la interconexión de ambas preguntas. El saber la primera significa no saber la segunda; y en la medida en que la segunda es contestada se desvanece el carácter personal de ser , se va aproximando a un qué, a una cosa. Cuanto más sé quién soy, cuanto más poseo mi realidad programática y proyectiva, futuriza, irreal cuanto más auténticamente soy ‘yo’ en el modo de la vida personal, menos sé qué va a ser de mí, más incierta es mi realidad futura, más abierta a la posibilidad, la invención, el azar y la innovación”.[14]

Esta es la radical menesterosidad del hombre para Marías como persona, proyectado hacia adelante, de cara al futuro, yendo hacia el otro la persona necesita a otra persona en la medida en que se le presenta como irrenunciable e insustituible: “Y como toda persona humana está afectada por esa misma insuficiencia y menesterosidad, aquí encontramos la razón de que el ser personal, pensado hasta sus últimas consecuencias, remita a la necesidad de eso que se posición de realidad, la irreductibilidad de esa realidad que es un absoluto -aunque sea ‘recibido’, y, por tanto, relativo-; yo soy proyectivo, constituido por una instalación vectorial”.[15]

Marías recuerda que opacidad y transparencia son rasgos de la realidad que es la persona. Lo primario es el descubrimiento del otro, es decir, de “tú” en el que se manifiesta la persona y que hace caer en la cuenta de tú “alter tú” forma primaria de verte como ‘yo’: “La percepción de la persona es absolutamente distinta de toda otra. Significa un encuentro, una resistencia, el engarce de estructuras en una relación personal. El descubrimiento del tras la cara ajena es distinto de la percepción de esta. Y cabe preguntarse si ese descubrimiento es siempre mutuo”.[16]

Y lo que es una constante en Marías es el concepto amoroso de persona: A través del cuerpo amado se llega a la persona, por que es su cuerpo, no un cuerpo impersonal, entonces para Marías se llega a la verdadera presencia, siempre siendo consciente que no amo al cuerpo, sino a la persona que tiene ese cuerpo. Por eso amo ese cuerpo, por que es signo de quien amo. La verdadera presencia, la forma radical de “estar con”.

“Toda persona, incluida la que soy yo mismo, está asociada a un cuerpo, inseparable de él, presente en él. A lo lago de la vida, muestra su dimensión corporal. Su desaparición final -me refiero aquí a la de la persona ajena- es ante todo una peripecia de su corporeidad, en forma extrema la destrucción de esta. Frente a esto se desvanece esa otra evidencia -creo que todavía desvanece esa otra evidencia -creo que todavía más fuerte- de que cuando vivo a una persona no me refiero a su cuerpo, sino, a través de él, a un quién, a un inconfundible con la corporeidad en la que se manifiesta”.[17]

Julián Marías, nos deja la impronta de su vida en sus memorias, que el llamó “una vida presente”, publicadas en tres tomos entre 1988 y 1989 y que tuve la oportunidad de adquirir en una nueva edición de  Páginas de Espuma en el anterior Congreso.

Nos decía Marías cuando hacia resumen y recordatorio de sus vivencias personales e intelectuales:

“El hombre elige durante toda su vida –no ha enseñado otra cosa Ortega-, pero hay que preguntarse qué. No lo que soy, ciertamente,  sino quién voy a ser. El hombre no elige ni su circunstancia, con la cual se encuentra, ni tampoco su vocación, que lo llama; elige seguirla o no, pero la vocación misma no: no le es impuesta, pero le es propuesta.[18]

La vocación de Marías fue la de escritor, una vocación que pudo realizar desde sus inicios intelectuales y compaginarlos con sus clases, sus conferencias, sus conversaciones con pensadores, sus viajes por todo el planeta. Hablar y pensar  “El qué y el quién” pero sobre todo la persona que aparece constantemente en el pensamiento del filósofo vallisoletano, el cual, casi como una premonición vaticina:

Creo que algún día se verá con claridad que uno de los grandes títulos de honor del pensamiento de nuestro siglo es el descubrimiento y la plena posesión intelectual de lo que es persona. No se me oculta que en los últimos años estamos entrando en una época de regresión, de olvido público de lo que había sido averiguado, interpretado y entendido….”[19]

 

“Se van pasando, sin darse cuenta, de ver al hombre como persona, a entenderlo como “cosa” un organismo dentro del mismo ámbito de realidad que los demás, con una distinción únicamente de grado, tal vez cuantitativa; el paso siguiente será el descenso de lo orgánico a lo inorgánico, al menos en cuento al origen…”[20]

 

“Hay un proyecto que constituye el argumento último y radical de la vida: el de ser alguien determinado, un quién insustituible que nos sentimos llamados a ser.”[21]

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[1] J. MARÍAS Razón de la Filosofía. Alianza Editorial. Madrid, 1993, Págs. 261-262.

[2] J. MARIAS Razón de la Filosofía cit.,pág, 265.

[3] J.ORTEGA Y GASSET. Kant, Hegel Dilthey. 3ª Edición Revista de Occidente. Madrid. 1968. pp 95

[4] ORTEGA Y GASSET. Kant, Hegel Dilthey Ibid. pp 99

[5] J.MARIAS. Nuevos ensayos de filosofía..Revista de Occidente, ;Madrid. 1968. pp 170

[6] J.MARÍAS. Antropología metafísica. Alianza Editorial. Madrid, 1995, pág. 42.

[7] (Teoría de las concepciones del mundo. Revista de Occidente. Madrid. 1944. (comentario). Introducción a las ciencias del espíritu. Revista de Occidente. Madrid. 1956. (traducción).

[8] J.ORTEGA Y GASSET.Kant, Hege, Dillthey. Revista de Occidente. Madrid 1958.

[9] .ORTEGA Y GASSET. Ibid.pp 132.

[10]J.MARIAS.Tratado de lo mejor. Alianza Editorial. Madrid.1996.pp 44

[11] J. MARÍAS. Antropología metafísica , cit,pp. 42.

[12] J. MARIAS. Una vida presente. Ed.Páginas de espuma. Madrid, 2008. pp 54

[13] .J.  MARÍAS Antropología metafísica. Alianza Editorial. Madrid, 1995, pág.43.

[14] J. MARÍAS. Antropología metafísica. ibid, pág. 45.

[15] J. MARIAS. Persona.. Alianza Editorial. Madrid, 1996, pág. 21.

[16] J. MARIAS Persona., ibid. pág. 24.

[17] J; MARIAS Persona.,ibid,  pág. 136.

[18] J; MARIAS. Una vida presente. Ed.Páginas de espuma. Madrid, 2008. pp 494

[19]  J.MARIAS. Una vida presente. Ibid, pp 848

[20] J.MARIAS.Tratado de lo mejor. Cit. .pp 44

[21] J.MARIAS.Tratado de lo mejor. Ibid.pp 165

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