• miércoles , 22 mayo 2019

Queraltó Segarra, Pere: «El acontecer de Dios en mi vida»

 (Comunicación presentada en el Congreso Internacional: «¿Quién es Dios? La percepción contemporánea de la religión».  Asociación de Personalismo de España, año 2010)

 1.-  Introducción

Dios”.  Desde  decenas de siglos, el hombre busca una respuesta que dé contenido y significado a esta palabra.;  los filósofos, clérigos, religiosos, pensadores de todo tipo, continúan abriendo su mente a la elaboración de respuestas que ayuden a superar el escollo del vivir, ese segmento que constituye el nacer y el morir.  Seguramente ningún otro de los vocablos de la multitud de lenguas que se hablan en nuestro planeta puede llegar a ser tan envilecido, mutilado, y a la vez ensalzado y enaltado. El tema de “Dios” abre siempre un amplio debate  que desde la filosofía se debe de abordar, porque es imposible preguntarse por lo que hay en la vida humana, en la naturaleza, en el espacio excluyendo de la reflexión el tema de la creación, de la vida, de la muerte de la cuestión del actuar, del bien y del mal, y que las religiones abordan y relacionan siempre con los mandatos divinos.

¿Cómo reflejó la visión de Dios un filósofo contemporáneo como Julián Marías?  ¿Cómo relaciona el pensador vallisoletano la muerte, la corporeidad humana, la ilusión y la felicidad con el hecho religioso intrínseco en cualquier sociedad?[1]

Su obra es una constante reflexión sobre el hecho religioso, que mantuvo vivo desde una postura de cristiano y católico practicante y que tuvo su manifestación intelectual más directa con tres libros publicados en el último período de su vida activa:

La perspectiva cristiana .(1999)

Sobre el cristianismo.(1997)

Problemas del cristianismo,( 1979)

 2.- Acontecer de Dios en Julián Marías

En la filosofía de Julián Marías la realidad primaria y más inmediata, la “realidad radical”, es mi vida –se entiende la de cada cual-.  Por lo tanto para él en cualquier investigación filosófica el único punto de partida que me es accesible es “mi vida” y “mi circunstancia”; a partir de otras realidades significaría olvidar que éstas están solamente “radicadas” en la “realidad radical”, mi vida. Solamente soy yo quien puede decir mi vida y “yo” me descubro como “alguien”, como “persona” y en ningún modo como una cosa,

Para Marías todo tipo de amor, sea amistad o incluso el amor a Dios viene de la condición sexuada del hombre, es decir, de la posibilidad de amor entre hombre y mujer, no un amor puramente sexual, sino mas bien que la condición amorosa del hombre se deriva de la estructura empírica de la vida humana, y todo lo que le ocurre está enmarcado en este carácter enamoradizo. Un carácter enamoradizo en el que el hombre se encuentra estando en este mundo, no como algo abstracto, sino históricamente concreto. No se puede vivir “fuera” de este mundo circundante. Así el hombre está condicionado por la historia y por el tiempo en el que vive y vivir significa “ir viviendo”. Por consiguiente el tiempo es el “AMBITO” de la instalación. Es lo que Marías llama acontecer”. Este término utilizado por el autor encierra en sí las ideas de “ hacer – acaecer- suceder -pasar- ocurrir-.

En la persona se incluye la irrealidad por su condición futuriza y también  por su pasado. La persona es, pues, una extraña condensación de temporalidad, que se actualiza en cada momento.[2] En mi presente está “presente” el pasado como parte de mi circunstancia, como memoria, y el futuro como anticipación, como campo de mis proyectos vitales lanzado hacia varias direcciones. El tiempo humano es biográfico.  Todo lo que hace el hombre, lo hace para algo que será; sin proyectos sin pensar en el futuro es imposible seguir viviendo. El futuro incierto, las ilusiones, las esperanzas, los proyectos del hombre, forman parte de su ser, de lo que verdaderamente es; si su vocación y su circunstancia llegan a un punto de concordancia, el sentido vital adquiere su punto más álgido.

Marías mira hacia el horizonte de la vida preguntándose no en el genérico ¿De dónde viene? ¿Quién es? ¿A dónde va? Julián Marías propone desde su Antropología Metafísica otras preguntas: ¿quién soy yo qué va a ser de mi¡?  Hay que observar que Marías no pregunta ¿Qué es el hombre? Sino ¿Quién soy yo?. El hombre no es algo, no es ninguna cosa, es alguien ; el hombre tiene que saber quien es para poder actuar correctamente y relacionarse con los demás, en suma, para poder vivir. Por eso busca el sentido de la vida, la certidumbre, algo a que pueda atenerse, por eso mira también hacia el horizonte de la vida.

Este horizonte conlleva una finitud real, práctica, física, evidente, palpable. El ser humano tendrá  que enfrentarse con la muerte cara a cara  y si con la muerte todo termina, entonces eso despoja de verdadero interés cualquier cosa.  ¿para qué esforzarme tanto si un día todo se acabará y dejará de tener algún interés ?

Todo el mundo está seguro de que morirá, pero nadie puede estar seguro de que con la muerte terminará absolutamente su realidad.  De la misma forma se puede creer o no en una Divinidad. Por supuesto que se puede opinar una cosa u otra, pero tanto  la certidumbre como la incertidumbre total son inaccesibles al ser humano capaz de hacer un análisis introspectivo de la propia realidad personal.[3]

Es innegable que la muerte introduce un peculiar dramatismo en la vida, pero justamente porque hay muerte, cada día que pasa adquiere un valor único e irrepetible. Gracias a la presencia del horizonte de la muerte, cada trozo de felicidad que sea posible conseguir aquí obtiene un valor muy alto e insustituible. Además gracias a la presencia de la muerte, se impone una selección cualitativa de los componentes de la vida con todos los momentos que la integran. La perspectiva de la muerte hace elegir constantemente lo que importa de verdad y rechazar lo que no nos sirve para nuestra vida. Y aquí, para Marías  aparece plenamente la ventaja de la esperanza de la inmortalidad. Esta esperanza obliga a elegir lo que de verdad se quiere y desea para siempre. Hay cosas que me gustan, pero sólo momentáneamente y hay otra que se querría que duraran eternamente.

Hay que recordar otra vez la curiosa propiedad del verdadero amor que consiste en amar “para siempre”, es decir, en la imposibilidad de imaginarse la situación en la cual se dejaría de amar. Dice Marías : “Para que exista una relación que merezca llamarse personal con el Dios ausente, no es suficiente tener fe y confianza; hace falta imaginación, aunque esté inmediatamente desmentida por la evidencia de que Dios no puede ser como lo imaginamos; sin ella la personalización es ilusoria”.[4]

Para el filósofo vallisoletano, preguntarse por Dios es preguntarse por la necesidad humana, por la necesidad de saber su propia realidad y entender mejor algunas determinaciones personales existentes en el ser humano. Por eso quiere llegar a la verificación o concordancia entre las proposiciones ateas y creyentes.

Para Marías, la cuestión, la idea de la Divinidad no es primariamente filosófica, sino religiosa, llevada por el camino de la fe. El origen de ese acontecer es religioso, pero , en la búsqueda de la verdad ,que es el campo filosófico por excelencia,  el pensador tiene que indagar. Cierto que existen muchas disciplinas que se mueven por la búsqueda de la verdad: desde la literatura, la ciencia, la tecnología, y la propia religión, también existe ese anhelo,  pero para él, los problemas que le acercan a pensar en Dios son los que se refieren al sentido de la vida, la posibilidad de perduración después de la muerte y , irremediablemente, la existencia de Dios.

Vivir humanamente significa vivir con el peso de una vida entera con el fundamento de las  ultimidades, latencias e intimidades con las que nos veamos arropados. Por eso subraya Marías que la raíz de  que se plantee el problema de Dios es porque ese problematismo ya se vive desde dentro, y la razón por la que el problema de la divinidad no es inventada , formulada o construida sino descubierta.[5]

Pensador llevado por su fe cristiana y católica en concreto mira al mundo desde ella, desde donde está instalado, -utilizando una expresión propia de él- , porque no se puede hacer de otra forma, porque siempre se parte de unas creencias básicas, y en el mundo europeo de su generación estas creencias forman parte de lo que él llama perspectiva cristiana, una perspectiva que empieza a formarse con el cristianismo, en contraste con la realidad anterior greco-romana. Los europeos han sido influidos por ella, por esa perspectiva iniciada hace un poco más de dos mil años; los siglos del cristianismo han dejado una huella en la sociedad, en la ciencia, en el acontecer diario y minúsculo.

Para Marías, aunque el argumento a favor de la existencia de Dios que parte de las realidades cósmicas y espaciales, tiene una gran fuerza demostrativa, es mucho más importante el razonamiento que toma como punto de partida la contingencia de la existencia humana y no de las cosas, por eso, la persona humana es única en el sentido en que se nos da, fenomenológicamente en la evidencia inmediata y que se “parece” más al Dios cristiano, por su “imperfección” y menesterosidad. El hombre no es autosuficiente, El hombre hace su vida-con las cosas. La elige, no es no creador sino  autor de ella. La vida terrenal en este mundo aparece como elección de lo que parece perdurable. Consiste en decidir ahora quien se va a ser siempre[6]. Mi vida, como la de todos los hombres y mujeres, está marcada por la inseguridad y por la finitud, pero mi ser tiende hacia la infinitud. Necesito conocer las respuestas a estas cuestiones evidentes en mi, tengo que buscar el sentido en mi mismo, y desde esta visión Marías se pregunta: ¿Es posible encontrar otro fundamento que no sea Dios? ¿Es verosímil no admitir la existencia de Dios tal como lo percibe el cristianismo en una vida humana contingente, paradójica y dramática?.

 3.- Acontecer social de Dios

La aceptación social del acontecer de Dios, su glorificación o su absentismo, que lo engrandecen o lo ignoran es el efecto consciente de un sistema de pensamiento invisible, cada vez más individual y menos personal. La cultura occidental ha evolucionado hacia una afirmación rotunda del individuo en detrimento de la persona . Los derechos humanos son individuales e instauran la conciencia individual como último tribunal de nuestro comportamiento. La autonomía personal es el gran valor a defender en aras a garantizar una libertad más plena, olvidando, quizás, que el bagaje de una vida humana nunca puede tratarse con la frialdad de un número de identificación fiscal, un código de acceso a internet, un DNI o cualquier otra sigla que se asocian a un individuo, despersonalizando cualquier relación con su vida humana.

El presente, sus modas y vigencias, las movilizaciones sociales, las preferencias, los aconteceres, están influidos por un entramado cuya génesis y estructura es compleja porque existe un inconsciente personal y un inconsciente social que aglutinan relaciones, patrones, metáforas, deseos, expectativas,  que en fondo apresan a la persona casi sin saberlo.  El filósofo José Antonio Marina[7] describe nuestra sociedad occidental inmersa en una moda de los deseo efímeros, intensos y desechables, que ha contagiado nuestro mundo afectivo, que lo fragilizado porque incita a un hedonismo inquieto y  escéptico; nada proporciona gran placer y la única solución es encadenar múltiples y veloces placeres.  ¿Dónde situamos una religión que se vea provista de la inmediatez que demanda la modernidad? La personalidad deseante busca compromisos sin vínculos y el fruto es una personalidad incontinente en cuanto se basta con sus propios deseos y sus creencias propias, versátil en la renovación de su identidad, hábil en la elección de las afiliaciones, libre de coacciones impuestas, libre de lazos, pero frágil en su composición, sin tener en cuenta el sentido histórico del ser humano y la consistencia que dan los vínculos sociales.  El placer, en su origen más primitivo no es más que un mecanismo natural para obtener del ser vivo la perpetuación de la especie y en consecuencia de la propia vida biológica.

Los pensadores acostumbramos a especular sobre el significado de la vida, sobre el destino del hombre, sobre su misión en la Tierra, sobre su acontecer propio y personal, y éste tiene que centrarse en el ámbito propio de la persona, estructura infinita de conocimiento, saber e inteligencia. Y el hombre está lanzado hacia el futuro, llevado hacia él, con él, impulsado por el dinamismo de la propia realidad circundante; la gran tarea de la humanidad, desde el grado de la inteligencia humana es la capacidad de resolver  las cuestiones que se le presenten, de organizar los comportamientos, descubrir valores, inventar proyectos, mantener los que ya existen vigentes y prolongar el dinamismo de la acción sin caer en las tentaciones propias del ser humano, el abuso de poder,  la soberbia, la omnipotencia. Dice J.Maritain:

La política concierne a las cosas y los intereses del mundo y brota de las pasiones naturales del hombre y de su razón. Pero lo que decimos aquí, es que sin la bondad, el amor y la caridad, lo que hay mejor de nosotros –y la fe divina, pero las pasiones y la razón ante todo- se convierten en nuestras manos en instrumento de infortunio; porque una recta experiencia política no puede desenvolverse en los pueblos si las pasiones y la razón no son orientadas por un sólido fondo de virtudes colectivas, por la fe, el honor y la sed de justicia; porque sin el instinto evangélico y el potencial espiritual de un cristianismo vivo, el juicio político y la experiencia se defienden mal contra las ilusiones del egoísmo y del miedo; porque sin el valor, la compasión por el hombre y el espíritu de sacrificio, la marcha a cada instante obstucalizada hacia un ideal histórica de generosidad y de fraternidad es inconcebible. [8]

Y continua Maritain en la misma obra:

Cuando a finales del siglo XVIII fueron proclamados los Derechos del Hombre en América y en Francia y los pueblos fueron invitados al ideal de Libertad, de Igualdad y de Fraternidad, se produjo la gran provocación del pueblo, de los hombres comunes, del espíritu infantil y de fe, y todo junto con un ideal de generosidad universal, que pasaba del orden político mismo llamando a los poderosos de este mundo a su escepticismo experimentado….

El cristianismo anunció a los pueblos el reino de Dios y la vida del siglo por venir; les enseñó la unidad del género humano, la igualdad natural de todos los hombres, hijos del mismo Dios y redimidos por el mismo Cristo; la dignidad inalienable de cada alma creada a imagen de Dios; la dignidad del trabajo y la dignidad de los pobres;  la primacía de los valores interiores y de la buena voluntad sobre los valores externos; la inviolabilidad de las conciencias; la exacta vigilancia de la justicia y de la provincia de Dios sobre los grandes y sobre los pequeños; la obligación para los que mandan y para los que poseen; de mandar en justicia, como ministros de Dios; de administrar los bienes que les han sido confiados para el bienestar común, como intendentes de Dios; la sumisión de todos a la ley del trabajo y la vocación de todos a entrar a compartir la libertada de los hijos de Dios; la santidad de la Verdad y el poder del Espíritu…[9]

¿ Dónde encontramos  en la modernidad el nexo de unión entre la religión, la política y la sociedad?

La culminación de la inteligencia, su éxito, está en dirigir bien la conducta. La principal función de la inteligencia es salir bien parados de la situación en que estemos. Si la situación es científica consistirá en hacer buena ciencia; si es literaria, en escribir brillantemente, si es económica, en conseguir beneficios, si es afectiva, en ser feliz, si es religiosa en encontrar nuestra relación intrínseca con Dios.

Pero en la vida real , no en la leída, ¿quién no prefiere la alegría a la tristeza, la serenidad a la angustia, el ánimo a la depresión, la exaltación a la melancolía, el amor a la envidia, la generosidad al odio, la intrepidez a la mendrosidad?…

Los estudiosos de los movimientos sociales saben que hace falta un proyecto o una meta común para unificar la energía de los individuos. ¿y cuando éste no está bien definido?

Los seres humanos son intrínsicamente sociales. La sociedad, con sus ventajas y exigencias, con sus complejidades y riesgos ha ido modelando, ampliando, cultivando el cerebro y el corazón humanos. Somos híbridos de neurología y cultura. El lenguaje y la libertad son creaciones sociales. Pero, además de esta inevitable índole social, los seres humanos conscientemente desean vivir en sociedad porque en ella descubren más posibilidades vitales. El hombre solitario no puede sobrevivir. Buscando pues, su felicidad privada el ser humano se integra en el espacio público, y eso tiene trascendentales consecuencias…

El factor más importante en el progreso moral de la humanidad es el desarrollo experimental del conocimiento, que se registra al margen de los sistemas filosóficos. La práctica es la definitiva corroboración de la teoría.

La convivencia humana ha planteado siempre problemas enconados que cada cultura ha intentado resolver a su manera. El valor de la vida, la propiedad de los bienes y su distribución, la sexualidad, la familia y la educación de los hijos, la organización del poder político, el trato a los débiles, ancianos o enfermos, el comportamiento con los extranjero y la relación con los dioses  han sido y son probablemente  serán los fundamentales.

El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia y la paz. La búsqueda de la justicia es la eterna búsqueda de la felicidad humana . Es una felicidad que el hombre no puede encontrarse pos si mismo, y por ello la busca en la sociedad. La justicia es la felicidad social garantizada por el orden social. La felicidad política es una condición imprescindible para la felicidad personal. Hemos de realizar nuestros proyectos más íntimos como el de ser feliz, integrándolos en proyectos compartidos.

La defensa acérrima de una  autonomía moral,  en un grado absoluto,  puede llegar a anular los grados que unen a las personas con la práctica, o si más no , pueden llegar a diluirla, lo que podríamos denominar, en un término contemporáneo como una moral líquida  (acuñando la expresión personal del sociólogo Z.Bauman[10]).

¿Cómo dibujar un escenario social, religioso, político y justo? Seguramente que la tarea es difícil porqué nuestra época, quizás como otras de antaño, vive sumergida más en el quehacer que en el hacer, en la preocupación de resolver lo inmediato, dejando cualquier labor futura en manos de un azar desprovisto de realidad.


[1] Julián Marías en su obra Perspectiva Cristiana, (1999) relata su preocupación religiosa desde los inicios de su vida:Este libro corresponde a reflexiones hechas durante más de sesenta años, a lo largo de toda mi vida y que arrancan desde mi primera juventud. Puedo asegurar que se habían iniciado antes de cumplir los diecinueve años, en 1933, cuando visité por primera vez Jerusalén y los lugares en que apareció el cristianismo. Ya desde ese tiempo mi vocación era la filosofía, y la conexión de esta con las cuestiones que, desde otro punto de vista, son asunto de la teología, es notoria. Mi primer ensayo filosófico “San Anselmo y el insensato” de 1935 me hizo enfrentarme con la interpretación intelectual de la fe cristiana.” (página 9)

[2] J.MARÍAS. Mapa del  mundo personal . Alianza Editorial,. Madrid 2005. Pág.- 177

[3] J.MARÍAS. Mapa del  mundo personal . Alianza Editorial,. Madrid 2005. Pág.- 98

[4] J.MARÍAS. Mapa del  mundo personal . Alianza Editorial,. Madrid 2005. Pág.- 99

[5] J.MARÍAS. Introducción a la filosofía. Obras, Pág 356.

[6] J.MARÍAS, La Perspectiva Cristiana. Alianza Editorial. Madrid. 1999. Pág. 86.

[7] J.A.MARINA. Las arquitecturas del deseo. Anagrama. Barcelona.2009. Pág 24.

[8] Maritain.J, Cristianismo y democracia. Editorial Leviatán. Buenos Aires.1942. Pág 72

[9] Maritain.J, Cristianismo y democracia. Editorial Leviatán. Buenos Aires.1942. Pág 51-52

 [10] Acuñador de una feliz metáfora sobre la contemporaneidad, la “modernidad líquida”, Zygmunt Bauman (1925) sociólogo de origen polaco,  aparece hoy como uno de los pensadores de  la contemporaneidad, de un presente convulso, y lo hace con una interpretación personal de la sociedad y de la persona.

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