• lunes , 14 junio 2021

Rodrí­guez Marugán: «Persona, vocación y compromiso en Emmanuel Mounier»

Isidro Rodríguez Marugán, Profesor de Historia de la Filosofía del Departamento de Humanidades de la Universidad Cardenal Herrera-CEU

(Comunicación presentada en las II Jornadas de la Asociación Española de Personalismo:

La filosofí­a personalista de Karol Wojtyla, Universidad Complutense de Madrid, 16-18 de febrero de 2006)

Introducción

“Mi vocación trasciende a mi existencia, como lo eterno a lo temporal, sin embargo ligada por el misterio de la libertad ha sido formada por mí en colaboración con la intención divina; sufre retrocesos, desviaciones, avances rápidos según mi respuesta a los acontecimientos y a las manifestaciones de Dios. El último rasgo se lo daré con mi muerte”

Estas palabras de Mounier nos pone en contacto con el hombre, su pensamiento y su acción. En él no existen disociación ni dualismos teóricos-prácticos. Pensamiento y acción fueron una constante recíproca de su existir. La unión vital de estos dos principios emanan de la persona que está en continuo movimiento; movimiento interior donde la persona se repliega y otro exterior donde la persona se dona, se da.”La existencia personal se ve siempre disputada, entonces, por un movimiento de exteriorización y un movimiento de interiorización, ambos esenciales… No hay que despreciar la vida exterior: sin ella la vida interior enloquece, así como también sin mi vida interior, la primera por su parte desvaría”[1] Y el filósofo de Grenoble es un maestro que nos guía desde ese mundo interior para darnos luz en lo exterior.

Mounier es un hombre coherente y fiel al acontecimiento interior, que le reclama compromiso, lúcido y fiel, a los hechos y situaciones, donde su existencia vive encarnada. Su pensamiento es un pensamiento de situación: los acontecimientos sociales, políticos, económicos e históricos alimentan su propia biografía. Es una  existencia testimonial vivida en un contexto concreto pero no significa que no lo supere, es más, lo transciende y supera su propia biografía. “…La Encarnación no es un relato exterior a la historia. Misterio que transciende la historia, se desarrolla, sin embargo, en plena historia. La Encarnación no es una fecha, un punto, sino un centro de la historia del mundo, sin el límite del espacio y del tiempo…Que la condición del ser humano sea la condición de un ser encarnado, en ningún sitio este resultado del análisis reflexivo recibe un soporte tan sólido, con tantas posibilidades de extrapolación, como en la religión del Verbo Encarnado”[2]

 Él asumió y respondió a esta llamada que el acontecimiento hacia a su vida con una vivencia comprometida. Renuncia a un porvenir seguro y acomodado como profesor de instituto, a una carrera universitaria que sin duda alguna hubiera sido brillante y consciente que el ser cristiano sólo puede entenderse desde el testimonio acepta la austeridad y pobreza como donación plena y como despojo integral.

Paul Ricouer nos dice que Mounier nos ofrece una matriz filosófica, donde propone a todas las personas que se acerquen a su pensamiento (sean filósofos, intelectuales o no), cargada de tonalidades, de formas teóricas y prácticas capaces de una o varias filosofías, facilitando una o varias sistematizaciones. Y la riqueza de esta matriz filosófica es la que guía esta reflexión acerca de la noción de persona y sus dimensiones en su pensamiento.

 

II- DESARROLLO

 

2.1 La persona

“Una persona es un ser espiritual constituido como tal por una forma de subsistencia y de independencia en su ser; mantiene esta subsistencia con su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos en un compromiso responsable y en una constante conversión; unifica así toda sus actividad en la libertad y desarrolla por añadidura, a impulsos de actos creadores, la singularidad de su vocación.”[3]

            Lo primero que aclaramos es que nuestro autor no presenta las características propias de  una definición clásica ¿por qué? porque la persona no puede ser tratada como objeto, no es una cosa material; la persona es una realidad indefinible “La persona, efectivamente, siendo la presencia misma del hombre, su característica última, no es susceptible de definición rigurosa… En los límites que nos fija aquí nuestro campo no podemos más que describir la vida personal, sus modos, sus caminos, y hacer una llamada a ella”[4]por eso la propia definición es una descripción y enumeración de notas.

Estas pinceladas que Mounier esboza sobre este cuadro dejan claro que la persona tiene un valor absoluto. Esta realidad personal y acto de fe, como dice Mounier es una afirmación en el sentido más zubiriano de la palabra. Éste  habla de la persona como un absoluto relativo porque existe respecto a otras cosas. Pero para realizarse como tal no es autosuficiente  “porque este modo de implantación absoluto es un carácter cobrado”[5] leamos ahora al fundador de Esprit y las coincidencias en este sentido de la noción de persona como un absoluto relativo son muy parecidas sino casi iguales. “Queremos decir que tal como la designamos la persona es un absoluto respecto de cualquier otra realidad material o social y de cualquier otra persona humana. Jamás puede considerarse como parte de un todo” [6]

 Mounier tiene muy claro que la persona con todo su valor y plenitud es “un absoluto” no “el absoluto”. “Digamos inmediatamente que a esta exigencia de una experiencia fundamental el personalismo añade una afirmación de valor, un acto de fe: La afirmación del valor absoluto de la persona humana. Nosotros no decimos que la persona del hombre sea el Absoluto (aunque para un creyente el Absoluto sí sea Persona,  y en el rigor del término sólo sea espiritual siendo personal)”[7]

Este análisis lo resumiremos en estas palabras tan perspicaces: La persona es un “centro de reorientación del universo objetivo” lo que significa que es una actividad de autocreación, de comunicación y de anexión, que se capta y se conoce en su acto como movimiento de personalización. Es su continua superación. Los sentimientos mismos testimonian que soy más que yo. El pudor y la vergüenza dicen que soy más que mi cuerpo; la timidez: que yo soy más que mis actos y mis palabras; la ironía y el humor: que soy más que mis ideas; la generosidad: que estoy por encima de mis posesiones. La trascendencia está encarnada; se manifiesta en y por la inmanencia. La persona es esa trascendencia inmanente.”[8]

            La persona es un ser espiritual, pero encarnado “Yo soy persona desde mi existencia más elemental, y, lejos de despersonalizarme, mi existencia encarnada es un factor esencial de mi asentamiento personal. Mi cuerpo no es un objeto entre los objetos, el más cercano de ellos: ¿Cómo podría unirse en ese caso a mi experiencia de sujeto? De hecho, las dos experiencias no están separadas: Yo existo subjetivamente, yo existo corporalmente, son una sola y misma experiencia. No puedo pensar sin ser, ni ser sin mi cuerpo: Yo estoy expuesto por él, a mí mismo, al mundo,  a los otros; por él escapo de la soledad del pensamiento. Al impedirme ser totalmente transparente a mí mismo, me arroja sin cesar fuera de mí, a la problemática del mundo y a las luchas del hombre”[9]

La persona no es objeto no es “cosa” no es un ente puramente material; ni es la conciencia que tengo de mi yo, no es un “ente ideal”, no es una subjetividad pensante. Es una estructura psicosomática que da unidad a toda la actividad que realiza desde una adhesión a uno valores que acepta libremente.

Ante esta realidad personal que nos describe Mounier, nos asomamos al mundo y vemos que gobierna una tiranía, una supremacía  la del individuo sobre la persona. No es aislamiento, no, “El individualismo es una decadencia del individuo antes de ser un aislamiento del individuo; ha aislado a los hombres enun hombre abstracto, sin ataduras ni comunidades naturales, dios soberano en el corazón la medida en que los ha envilecido.”[10]. Adjetiva muy bien las cualidades del individuo burgués. El modelo de hombre que ha dominado durante este período de historia es de una libertad sin dirección ni medida, que desde el primer momento vuelve hacia los otros la desconfianza, el cálculo y la reivindicación; instituciones reducidas a asegurar la no usurpación de estos egoísmos, o su mejor rendimiento por la asociación reducida al provecho.”[11]

La primera tarea del individualismo es centrar al hombre, al individuo sobre sí mismo. El personalismo descentra al hombre para establecerlo en las coordenadas y en los horizontes abiertos de la persona.

Existe una realidad latente y global de este individualismo que por sí mismo constituye no sólo una elección de vida, una moral, sino que conforma todo un pensamiento, una cosmovisión  de la realidad, del mundo, del hombre “Es la metafísica de la soledad integral, la única que nos queda cuando hemos perdido la verdad, el mundo y la comunidad de los hombres”[12] .

Esa soledad frente a la verdad se caracteriza porque no pienso con los otros no dejo que la luz común pueda iluminarme y por tanto mi pensamiento y mi conocimiento son únicos, además lo encierro, lo acoto para que sea incomunicable.

La soledad frente al mundo se manifiesta en la volubilidad de mis sensaciones, de mis opiniones, de mi razón encarcelada entre las rejas de la inmanencia, entonces, la psicología pintoresca, llamada de varios nombres reemplaza ese deseo natural de saber propio de todo hombre, la metafísica queda relegada a un segundo plano o simplemente desaparece esta preocupación. Lo común no es interesante sólo estimo lo que me diferencia, no importa la fuente de donde proceda esta singularidad.

La soledad frente a los hombres, el mundo moderno ha endiosado a este hombre abstracto, libre de toda ligazón y como norma de vida el desarrollo de su espontaneidad. Ha unificado su egoísmo esencial en una hábil delicadeza moral donde la relación con el otro, con los demás es una odiosa limitación[13]

La persona ha desaparecido, se ha disuelto en el individuo que vive en y por la materia. “Llamamos individuo a la dispersión de la persona en la superficie de su vida y a la complacencia en perderse en ella. Mi individuo e esta imagen imprecisa y cambiante que ofrecen por sobreimpresión los diferentes personajes en los que floto en lo que me distraigo y me evado. Mi individuo es el gozo avaro de la dispersión, el amor narcisista de mis singularidades, de toda esa abundancia preciosa que no interesa a nadie sino a mí. Es incluso el pánico que se apodera de mí con solo la idea de desprenderme de él, la fortaleza de seguridad y de egoísmo que erijo alrededor para garantizar la seguridad y defenderlo contra las sorpresas del amor.”[14]

Ante este desfallecimiento de perspectivas ¿qué hacer? Busquemos ese resquicio de esperanza asentada en un vago sentimiento de que hay algo que buscar, que ese hombre artificial que es el burgués y ese hombre artificial creado por esta mentalidad individualista requiere algo más que la materia y la pura exterioridad.

“Retornemos al centro: el hombre concreto es el hombre que se entrega Y como sólo hay generosidad en el espíritu por la vía del mundo y de los hombres, el hombre concreto es el hombre contemplativo y trabajador.”[15] Redescribamos  a la persona en los tres ámbitos que la definen vocación, encarnación y comunicación.

 

2.1  dimensiones de la  persona.

En este sentido Mounier continúa con su descripción metafórica. La persona es unidad, equilibrio y tensión entre las tres dimensiones de la persona: vocación, encarnación y comunión. “La persona es el volumen total del hombre. Es un equilibrio en longitud, anchura y profundidad, una tensión en cada hombre entre estas tres dimensiones espirituales: La que sube desde abajo y la concreta en una carne, la que se dirige hacia lo alto y la eleva a un universal, la que se extiende en lo ancho y la dirige a una comunión. Vocación, encarnación, comunicación, tres dimensiones de la persona.”[16]

La vocación es la llamada, es el principio unificador de la persona, de sus actos, de sus personajes, de sus situaciones concretas e históricas; este principio espiritual de la propia existencia no es algo abstracto, sistemático sino que se descubre en una búsqueda ininterrumpida;  no reduce sino que integra desde el interior, este principio creador es constitutivo de su mismo ser y el centro de todas sus responsabilidades “No es una unificación  sistemática y abstracta, es el descubrimiento progresivo de un principio espiritual de vida que no reduce lo que integra, sino que lo salva, lo realiza al recrearlo desde el interior. Este principio creador es lo que nosotros llamamos en cada persona su vocación.”[17]

Esta llamada se realiza en una dialéctica específica de interiorización-exteriorización desde la meditación, la persona vuelve sobre sí misma para recibir nuevos impulsos en su acción y compromiso. “La existencia personal se ve siempre disputada, entonces, por un movimiento de exteriorización y un movimiento de interiorización, ambos esenciales, y que pueden ya enquistarla, ya dispersarla… No hay que despreciar la vida exterior: Sin ella la vida interior enloquece, así como también, sin vida interior, la primera, por su parte, desvaría”[18]

            La encarnación es la dimensión de lo temporal e histórico, la presencia de la persona en la historia. Es el compromiso, que Mounier nos recuerda, con el acontecimiento.

No puede desentenderse de esta realidad material de este hecho evidente. “Mi persona está encarnada. Ella no puede, por consiguiente, desentenderse enteramente, en las condiciones en las que esté situada, de las servidumbres de la materia. Pretender cambiar esta ley es condenarse de antemano al fracaso. Quien quiere hacer el ángel, hace la bestia. El problema no está en evadirse de la vida sensible y particular, entre las cosas, en el interior de las sociedades limitadas, a través de los acontecimientos, sino en transfigurarla.”[19]

Y esta realidad de ser un espíritu encarnado me enriquece en mi vida personal “Yo soy persona desde mi existencia más elemental, y lejos, de despersonalizarme, mi existencia encarnada es un factor esencial de mi asentamiento personal.” [20]

 Mounier acude a una fuente viva. Esta idea está latente en el cristianismo no sólo es latencia sino el misterio de la Encarnación es el que da plenitud a la condición del ser humano.”La Encarnación no es un relato exterior a la historia. Misterio que trasciende la historia,  se desarrolla, sin embargo, en plena historia. La Encarnación no es una fecha, un punto, sino un centro de la historiadle mundo, sin el límite del espacio y del tiempo…Que la condición del ser humano sea la condición de un ser encarnado, en ningún sitio este resultado del análisis reflexivo recibe un soporte tan sólido, con tantas posibilidades de extrapolación, como en la religión del Verbo Encarnado” [21]

            Otra de las estructuras de la vida personal es la comunión porque la persona sólo puede encontrarse en la donación a la comunidad. La persona es la que corre el riesgo del amor.”Digamos que es la vía de quien valora anta todo a un hombre por su sentido de las presencias reales, por su capacidad de acogida, de donación. Estamos aquí en el corazón de la paradoja de la persona. Es el lugar donde la tensión y la pasividad, el tener y el don, se entrecruzan, luchan, y se corresponden.”[22]

El personalismo descentra al individuo para establecerlo en las perspectivas abiertas de la persona. Las otras personas no la limitan, la hacen ser y desarrollarse. “La experiencia primitiva de la persona es la experiencia de la segunda persona. El tú, y en él el nosotros, preceden al yo, o al menos le acompañan.”[23] Y así es como suscita  con otros una sociedad de personas. La persona se funda según Mounier en unos actos originales que no encuentran ninguna equivalencia en otras partes del universo, estos actos son Salir de sí, Comprender. Tomar sobre sí, Dar y Ser fiel[24]  cinco elementos donde la verdadera y más radical comunicación humana encuentra su sentido

El acto de amor es la certeza más sublime de la persona es una fecundidad recíproca del ser humano “Al liberar a aquél al que ella ama, la comunión libera y confirma  a quien llama. El acto de amor es la certidumbre  más fuerte del hombre, el cogito existencial irrefutable: Amo luego el ser es y la vida vale (la pena de ser vivida)”[25]

 

III- Conclusión

El ámbito natural social y político de la persona es la comunidad pero no una comunidad cualquiera “Reservaremos, pues, el nombre de la comunidad a la única comunidad válida para nosotros, que es la comunidad personalista, que muy bien podríamos definir como persona de personas” [26]aquella donde cada uno de sus componentes descubre a los demás como personas y les  trata como tal, es decir como un fin en sí mismas. Este aprendizaje comunitario es reconocer al otro como tú y me conduce al encuentro del otro como verdadera unión “Si no hay encuentro, no hay unión. El encuentro no se lleva a cabo y la comunión no se establece mas que entre personas que creen de verdad y se comprometen en ella con todo el alma”[27]

La comunidad está al servicio de las personas y la realización de su vocación “Una civilización personalista es una civilización cuyas estructuras y cuyo espíritu se orientan a la realización como persona de cada uno de los individuos que la componen…Sin embargo tienen como fin último el poner a cada persona en estado de poder vivir como persona, es decir, de poder acceder al máximo de iniciativa, de responsabilidad, de vida espiritual”[28]

La comunidad así entendida buscará el bien de la comunidad y no la suma de los intereses individuales. “Por todas estas vías hemos de llegar a crear un hábito nuevo de la persona, el hábito de ver todos los problemas humanos desde el punto de vista del bien de la comunidad humana y no del de los caprichos del individuo”[29] Pero esta visión no se entiende sino es desde una metafísica de la persona “Sólo se posee, decimos nosotros, aquello que se da. De esta verdad de nuestra naturaleza nosotros hemos podido hacer una metafísica de la persona; es ella al mismo tiempo la metafísica no contradictoria del colectivismo al cual aspira nuestro tiempo… Ella significa entonces que el amor diversifica lo que une, y por él solo el mundo adquiere algún color”[30]

La comunidad está orientada hacia la persona y su desarrollo, es decir, hacia todos y cada uno de sus miembros. Se afirma así el carácter absoluto de la persona “Queremos decir que tal como la designamos la persona es un absoluto respecto de cualquier otra realidad material o social y de cualquier otra persona humana, Jamás podrá ser considerada como parte de un todo: Familia, clase, Estado, nación, humanidad. Ninguna otra persona y con mayor razón ninguna colectividad, ningún organismo puede utilizarla legítimamente como un medio.”[31] Así es como se respeta la libertad de cada uno de sus miembros y trata a los otros no según el papel, función o personaje que representa sino como un fin.

El sentido último que se da esta comunidad personalista es una relación amorosa “La relación del yo con el tú es el amor, por el cual mi persona se descentra de alguna manera y vive en la otra persona completamente poseyéndose y poseyendo su amor. El amor es la unidad de la comunidad como la vocación es la unidad de la persona. No se añade posteriormente como un lujo, sin el la comunidad no existe”[32] sino se sustenta en esta verdad. La persona y la comunidad vuelven a ser una individualidad anónima y atomizada o una colectividad masificada.

[1] III, el personalismo, pp. 491-492

[2] I, Personalismo y cristianismo, p. 897

[3] I, Manifiesto a favor del personalismo, p. 625

[4] I, Manifiesto a favor del personalismo, pp. 625-626

[5] Zubiri, X., El hombre y Dios, Alianza, Madrid 1988 p. 52

[6] I, Manifiesto a favor del personalismo, p. 626

[7] I, Manifiesto a favor del personalismo, p. 626

[8] Lacroix, J., El personalismo como anti-ideología,  p. 196

[9] III, El personalismo, p. 469

[10] I, Manifiesto al servicio del personalismo, p. 592

[11] III, El personalismo, p. 474

[12] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 191

[13] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 191

[14] I, Revolución personalista y comunitaria, pp. 210-211

[15] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 195

[16] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 212

[17] I, Manifiesto a favor del personalismo, p. 630

[18] III, El personalismo, pp. 491-92

[19] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 213

[20] III, El personalismo, pp. 469

[21] I, Personalismo y Cristianismo, p. 897

[22] I, Manifiesto a favor del personalismo, p.636

[23] III, El personalismo, p. 477

[24] III, El personalismo, p. 476

[25] III, El personalismo, pp. 477-78

[26] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 237

[27] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 253

[28] I, Manifiesto a favor del personalismo, p.625

[29]  I, Revolución personalista y comunitaria, p. 199

[30] I, Revolución personalista y comunitaria, p.197

[31] I, Manifiesto a favor del personalismo, p. 626

[32] I, Revolución personalista y comunitaria, p. 228

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