• viernes , 18 junio 2021

Roger Garzón, F.: «El concepto de persona en Pedro Laín Entralgo»

(Comunicación presentada en las VIII Jornadas de la AEP:
Bioética personalista:
fundamentación, práctica, perspectivas

Universidad Católica de Valencia
Valencia, 3-5 de mayo de 2012)

por  Francisco Roger Garzón, Doctor en Filosofía

franciscorogergarzon@hotmail.es

 

El concepto de persona en Pedro Laín Entralgo es un trabajo de investigación o más claramente es el título de la tesis doctoral que defendí en la Facultat de Filosofía de la Universitat de València el 3 de diciembre de 2008, año en que se celebra el Centenario de Pedro Laín (1908 – 2001).

El título está formado por tres partes o elementos, son estos: concepto, personaPedro Laín Entralgo. Tres partes que pueden convertirse en tres preguntas: ¿Qué es un concepto?, ¿qué es una persona?, ¿quién era Pedro Laín Entralgo?. Son además tres dimensiones que se entrelazan y tres preguntas que es necesario analizar y filosóficamente responder.

¿Qué es un concepto?

         Concepto significa según el diccionario: 1º Idea que concibe o forma el entendimiento; 2º  Pensamiento expresado con palabras; 3º  Opinión, juicio, sentencia.

Los filósofos de todas las épocas han estudiado y concretado el significado de los conceptos desde la lógica aristotélica a la lógica simbólica. Han diferenciado sus clases: conceptos objetivos, conceptos funcionales, conceptos subjetivos, conceptos metafísicos.  Los conceptos son importantes porque son los elementos últimos de todos los pensamientos y porque son el órgano del conocimiento de la realidad. Aristóteles obtenía los conceptos por medio de la abstracción, Kant vinculaba el concepto a una intuición para no dejarlo a mera absorción metafísica o a una disolución psicológica y Hegel consideraba en su dialéctica que la superación de las contradicciones del concepto equivale a la superación de las contradicciones del ser.

Todo concepto tiene dos ámbitos: la comprensión o contenido y la extensión. Hay que tener presente que la comprensión de un concepto es diferente a la mera suma de las notas del objeto. La extensión son los objetos que abarca el concepto.

El médico que más ha influido en el pensamiento de Pedro Laín, es el neurólogo e internista alemán Viktor von Weizsäcker (1886-1957) que consideraba imprescindible “la fundamental necesidad del “concepto”  en el saber humano” porque: “No sólo debemos explicar, ni sólo comprender ; debemos concebir, y esto se hace mediante conceptos[1]. Pedro Laín dirá que su patología es un “rico cañamazo de conceptos” como son los siguientes:“transición funcional”,”círculo figural”, “antilógica”, “decisión”,”crisis”, “neurosis”, “biosis”, “esclerosis” , “holismo cuántico”, “holismo estructural” y otros muchos más. En el orden del pensamiento decía Francisco Suarez “siempre es difícil conocer la verdad” y formar un concepto, una noción universal, es siempre según von Weizsäcker un “dilatado esfuerzo intelectual”.

Conviene además no olvidar en ningún momento lo que también afirmaba Richard Rorty: “Nos es útil preguntarnos si los conceptos que tenemos deben su existencia a la realidad o si la realidad está puramente construida por los conceptos creados por el hombre” 2.

¿Qué es una persona?

Lo que entienden todos y lo dice también el diccionario es que una persona es “un individuo de la especie humana”. Es una respuesta tan genérica que nos aclara muy pocas cosas. Tenemos pues que hacernos una segunda pregunta ¿qué entiende por persona Pedro Laín Entralgo? Para poder responder adecuadamente hemos de hacer una gran síntesis.

En su libro La empresa de ser hombre del año1958 nos responde nuestro autor que una persona es un: “Individuo orgánico vivo dotado de intimidad, inteligencia racional y libertad, que hace su vida con deliberación mayor o menor proyectándola según una idea de sí mismo y del mundo, y cumpliendo o intentando cumplir sus propios proyectos[2]”. Como ha indicado también la persona no es un “simple ser viviente”. Está la persona dotada según esta definición de cuatro notas esenciales: cuerpo, intimidad, inteligencia abstracta o racional y libertad. La segunda parte de la definición afirma que la persona “hace su vida cumpliendo o intentando cumplir sus propios proyectos”. Estos proyectos nacen de la libertad, la inteligencia, la intimidad  de la persona, del “cada uno”. Laín está imbuido en cuanto a la noción de proyecto por la filosofía del siglo XX — Dilthey, Ortega, Scheler, Heidegger, Zubiri, Marías — que ha estudiado el tema del proyecto personal o de la vida proyectiva en profundidad. También ha escrito Laín sobre el proyecto, su estructura, su neurofisiología, la realidad del proyectante.

Las notas características que definen a la persona son para Pedro Laín junto a Julián Marías las siguientes: La intimidad; La versión proyectiva hacia el futuro; La libertad para decidir y para imaginar; La pretensión de trascendencia; La corporeidad, necesaria pero no suficiente para dar razón de la vida personal; La transparencia unida a la opacidad; Una temporalidad cualitativamente distinta de todas las restantes en el cosmos; La capacidad para el ensimismamiento, para el logro de una soledad por retracción voluntaria; El riesgo de la despersonalización; Una diversificación analógica, en virtud del esencial carácter sexuado de la persona humana; Una capacidad para la ilusión; Una interpenetración con otras personas por obra del amor.

Estas características de la persona señaladas por Julián Marías que acepta Pedro Laín sin reservas pertenecen sólo a una parte del posible estudio de la persona que es la ontogénesis. Laín estudia a la persona según su ontogénesis y también según su filogénesis, dirá que: “De los dos modos cardinales en que es posible estudiar la génesis de la persona la ontogénesis y la filogénesis, la formación y el nacimiento del individuo humano y la aparición del hombre sobre la tierra, sólo del primero trata Marías[3].

En cuanto al concepto de persona en su libro Qué es el hombre. Evolución y sentido de la vida (1999) declara explícitamente Laín: “Que en lo tocante a la descripción, la explicación y la comprensión del individuo humano como persona, acepté y acepto sin reserva lo que, con mayor o menor coincidencia entre sí, acerca de la persona humana sucesivamente han escrito no pocos pensadores españoles del siglo XX, entre ellos Unamuno, Ortega, Zubiri y Marías”.

La antropología lainiana en su parte filosófica está influenciada por estos autores españoles pero por encima de todos ellos está la gran influencia de Xavier Zubiri con su idea de persona.

La idea de persona  de X. Zubiri la asume Pedro Laín porque es “más profunda, rigurosa y actual que todas las anteriores”, de la de todos los filósofos anteriores y porque permite también mejor que ninguna “dar razón metafísica de la amistad entre hombre y hombre”.

La persona es para Zubiriy por consiguiente también para Pedro Laín una “sustantividad en propiedad, realidad sustantiva cuya nota fundamental es vivir “en propio”, esencia abierta, inteligencia sentiente y animal de realidades”. La sustantividad es distinta a la substancia aristotélica. Laín adopta el concepto de “inteligencia sentiente” de Zubiri.

La reflexión antropológica lainiana se halla siempre en contacto con la clínica como lo indica claramente el título de su libro Antropología médica para clínicos (1986).

La antropología de Laín Entralgo se caracteriza por dos épocas que podemos denominar “el primer Laín” y el “último Laín”; separadas  ambas precisamente por la forma de concebir al hombre. El “primer Laín” lo entiende al modo como lo hace la filosofía tradicional, es decir, de una forma dualista, así el hombre es un compuesto de alma y de cuerpo; el “último Laín” piensa, que el hombre es sólo su cuerpo. Tal cambio de concepción del hombre afecta de lleno al concepto de persona, es un cambio profundo, que ha originado debate y polémica con algunos teólogos.

La evolución del pensamiento lainiano tiene las siguientes etapas: pística (basado su pensamiento en la fe católica abarca este periodo hasta  el año 1948), elpídica (centrado en el tema de la esperanza, entre los años 1948 a 1958 ), fílica (apoyado en el amor, del año 1958 hasta su muerte en 2001) y corporalista ( sin abandonar su etapa fílica, a partir de 1989 hasta 2001). En la etapa corporalista concibe a la persona como una estructura suprema dentro de la evolución del dinamismo cósmico.

Las contribuciones que hace nuestro autor al concepto de persona provienen de diversos campos que él cultiva, como son la filosofía, la medicina, la historia y la literatura, lo cual constituye un enfoque multidisciplinar.

Su antropología y su concepto de persona creemos que puede ser un eje explicativo válido para analizar toda su obra y su significación intelectual.

El paradigma antropológico lainiano lo podemos calificar de: universal, personalista, dinámico y conductista.

Nuestra tesis sobre El concepto de persona en Pedro Laín Entralgo la hemos estructurado en las siguientes secciones: El pensamiento antropológico de Pedro Laín; Hacia el concepto de persona; Teoría de la realidad de la persona; Cuerpo y persona; Persona y esperanza; Las relaciones interpersonales; Persona y amistad; Una amistad entre dos personas: Pedro Laín y Antonio Rodilla; Persona y literatura; Persona y transcendencia; Cronología de Pedro Laín Entralgo; Obras; Artículos; Prólogos; Discursos; Estudios sobre Pedro Laín Entralgo; Legado depositado en la Real Academia de la Historia;  Correspondencia con otros autores y personalidades.

Lasinfluencias más importantes en el pensamiento de Pedro Laín son las de Zubiri y Ortega en filosofía y las de Von Weizsäcker y Von Krehl en medicina, también  las de Max Scheler, Miguel de Unamuno, W. Dilthey, M. Heidegger, Husselr, G. Marcel, Merleau-Ponty, Levinas, destacando la preocupación permanente de Laín por conocer la realidad y la actividad del ser humano.

En relación al concepto de persona las definiciones de persona que más complacen a Pedro Laín dentro de la tradición filosófica son: la de la escolástica (la persona, supuesto racional y constitutivo de la individual naturaleza de cada hombre), la kantiana (la persona humana, cosa en sí de carácter moral, noúmenon cuyo modo radical de ser tiene su fórmula más propia en el imperativo categórico),  la scheleriana (la persona, centro de emergencia de los actos libres del hombre), y la zubiriana (la persona, sustantividad en propiedad, realidad sustantiva cuya nota fundamental es “vivir en propio”).

La teoría de la realidad de la persona a partir del año 1989, supone en primer lugar para Laín Entralgo, un cambio importante rechaza el dualismo cuerpo y alma, entendido como dos principios separados; tesis que da inicio a su segunda época antropológica, que se caracteriza por concebir al hombre unitariamente, como un monismo dinamicista.

Concreta Laín las notas de la realidad propia de la persona en: la intimidad, la libertad, la responsabilidad, la vocación, la idea de sí mismo, la actividad psíquica, la posesión personal del mundo, la inquietud.

         También analiza las notas específicas  de la conducta del hombre como son: el libre albedrío, la simbolización, la inconclusión, el ensimismamiento, la vida en lo real.

          El papel del cuerpo lo concibe Laín asignándole las funciones de analizador de vivencias y expresiones, de catalizador de vivencias que llegan a la conciencia, de limitador a un espacio y tiempo. La conducta es la idea central del paradigma antropológico lainiano. Las notas que caracterizan la conducta específica del hombre son: la libertad, la simbolización, la visión de las cosas como realidades, la inconclusión y el ensimismamiento. Todas las acciones específicas del hombre, las entiende Laín hechas de “materia personal”. Para él, la persona se hace patente y es, ante todo, intimidad, libertad y apropiación. La más decisiva e importante de todas las notas características de la persona es la libertad.

Para conocer la génesis de la estructura humana el itinerario seguido por Pedro Laín es el siguiente: La causa primera del Universo es Dios; el Universo actúa desde su origen según tres principios: el principio de unicidad del cosmos, el principio de la causalidad segunda, el principio de la estructuración dinámica del Universo con la evolución de la biosfera adoptando los niveles biomolecular, neuronal difuso, encefálico.

En la etapa elpídica (elpis = esperanza) el estudio de la esperanza se hace preferente, la persona es vista tendiendo al futuro y decidiendo su proyecto de vida personal. La persona esperanzada auténticamente confía en realizar las posibilidades de ser que le brinda su espera vital. El libro más importante de esta etapa es La espera y la esperanza (1956).

En las relaciones interpersonales, la auténtica comunicación entre dos personas o más personas, señala Laín se da en la “coejecución” de actos personales. El concepto de amor tiene relación con el concepto de persona, el amor hace a uno más persona, es una experiencia radical  para la persona y pertenece a la constitución metafísica de la existencia humana. El amor es un tema que ha sido muy atentamente estudiado por Pedro Laín, ha diferenciado tres modos de amor interpersonal: el “amor distante”, el “amor instante”, el “amor constante”. Ha distinguido también el amor de projimidad  y el amor de amistad.

La idea de amor de Pedro Laín se basa sobre todo en Xavier Zubiri y después en Max Scheler y en Nygren, Laín lo ha señalado muy claramente: “Scheler y Nygren contrapusieron el amor como eros (amor de aspiración: el que mueve a dos personas cuando se unen para en algún sentido ser conjuntamente más de lo que eran ) y el amor como ágape (amor de efusión; aquel en que el amante se efunde en el amado, se da a él en una u otra forma). Tal distinción es luminosa y fecunda; pero, como mostró Zubiri, en el amor perfecto, cristiano o no, se funden complementariamente el eros y el ágape”.

Las dimensiones de la persona tomadas de Xavier Zubiri han sido analizadas con minuciosidad por Laín, concretándolas en la dimensión pronominal (que va hacia dentro de la persona o apropiante, la simboliza los pronombres personales, “yo”, (el ”yo” es el ser sustantivo de mi persona), “tú”, …)y la dimensión preposicional (que va hacia fuera de la persona o en relación con los otros seres, la simboliza las preposiciones “de”, “con”, “hacia”, “para”, “en”, “desde” ). La dimensión preposicional corresponde a los caracteres genitivo (indica parte de una realidad, mi pensamiento siempre es “pensamiento de”, coexistencial (existimos “con” las cosa y “con” los hombres), intentivo (tendemos “hacia” algo “que no soy yo”), dativo ( existimos “para”, es la meta o fin ) insitito         (existimos “en” aquello que sustenta mi ser, tiene dos modos: la instalación y la implantación ) misivo (existimos “desde” aquello que no era antes y puedo vivirlo como una “misión”) de la existencia humana.

La amistad es otro gran tema en Pedro Laín Entralgo, el concepto de persona se relaciona con el concepto de amistad. La amistad descrita por nuestro autor tiene las notas de benevolencia (querer bien a la otra persona), benedicencia (decir bien), beneficencia (hacer bien), benefidencia (tener fe) y confidencia (expresar secretos) a la persona amiga. La donación , el “dar de sí” zubiriano, lo entiende como una propiedad general y metafísica de la persona.

La auténtica amistad entre Pedro Laín y don Antonio Rodilla, su director en Colegio Mayor en Burjasot, ha influido grandemente en la formación de Pedro Laín como persona y como intelectual. Esta amistad la demuestran muchos detalles, entre ellos la relación de libros dedicados a don Antonio Rodilla, que se conservan en el Archivo de la Catedral de Valencia. Aunque no se encuentra en el Archivo de la Catedral de Valencia el libro La espera y la esperanza, dedicado a don Antonio Rodilla, hemos podido averiguar el contenido de la dedicatoria, demostrando una profunda amistad entre los dos. Literalmente es esta: “A D. Antonio Rodilla en quien está mi memoria y a quien debo, en gran parte, mi esperanza”.

Pedro Laín ha utilizado intensamente la literatura, como campo de adquisición y transmisión de conocimientos sobre la persona y su mundo. El teatro de Laín tiene como eje vertebrador el problema de la convivencia. Ha insistido grandemente en la importancia de la convivencia personal y social, recuerda el aforismo de von Weizsächer natura convivendo vincitur (a la naturaleza se la vence conviviendo). La gran importancia que da al tema de la convivencia en su pensamiento se debe al drama que supuso la guerra civil que él mismo y tantos españoles vivieron. Trata la convivencia en sus diferentes ámbitos: psicológico, moral, social, amoroso y político. Ha preconizado la lectura como aprendizaje y conquista de la libertad. Ha distinguido en la lectura seis importantísimos regalos: mundo, compañía, libertad, ser uno mismo, ser de otro modo, ser más. La persona destaca, está necesitada de soledad y de compañía.

Defensor de la cultura de los libros ha buscado analizar los autores y las obras que le llevan al estudio de la persona. Algunas tesis antropológicas importantes para Laín las entresacamos de sus obras literarias : “Vivir es entre otras cosas realizar proyectos personales y realizarse en ellos”;El hombre es por esencia libre, y sólo ejercitando su libertad puede ser hombre verdadero”; “Una importante tesis antropológica y ética, tocante al ser y al deber ser de nuestra especie: que el hombre es ante todo momento hombre decidiendo serlo ante la posibilidad de deshombrecerse, y que el cumplimiento del deber de ser hombre, el imperativo de aceptar a todo riesgo la condición humana, es para el hombre la raíz de su drama y el nervio de su grandeza”.

En relación al tema de la persona y su trascendencia las últimas tesis cosmológicas y antropológicas de Pedro Laín son: el rechazo del dualismo alma-cuerpo y el hilemorfismo aristotélico-medieval, la no aceptación de la tesis del “alma separada”, la tesis de la “muerte total” (omnis moriar) de la persona. Laín no niega la resurrección.

La pregunta que se han hecho Miguel de Unamuno, Xavier Zubiri, Julián Marías –¿Qué será de mí?– ante el hecho ineludible de la muerte, también se la formula Pedro Laín aunque de modo diferente y así dice: “Es la ocasión de recordar la vida, de pensar en el sentido de la vida y de preguntarse, ¿para qué he vivido yo?, ¿qué respuesta debo dar a esta pregunta en este momento en que para mí la vida, como suceso proyectable termina?. Esto es lo que el hombre del siglo XX, y el del XXI, y el de todos los tiempos debe hacer  […]  todos deberán preguntarse: ¿qué he hecho yo?, ¿qué sentido tiene lo que he hecho?, ¿para qué he hecho lo que he hecho? Y en último término, en este momento de mi vida, recogida por mí en este acto personal, ¿a qué, a quién la ofrezco? ¿O acaso me quedo con la angustia de pensar que no tengo a quién ni a qué ofrecerla? Yo creo que vivir la muerte así, en una u otra forma, es el gran deber y lo que cuantos nos preocupamos seriamente por la vida, debemos predicar, encarados ya al siglo XXI”.

Continua con la perduración de su existencia, de su vida personal con sus creencias y sus hábitos señalando que: “Desde el centro de mi vida me sitúo mentalmente ante el hecho inexorable de mi muerte. Cuentan que San Alberto Magno, un santo de la cristianísima Edad Media, no del secularizado y desgarrado tiempo actual, solía preguntarse en su vejez: Numquid durabo?, “¿Es que voy a perdurar?” Pienso que ese hombre se preguntaba tanto por la perduración de sus creencias y hábitos hasta su muerte, como por la perduración de su existencia más allá de esta vida. Así, al menos, entiendo yo su pregunta, así me la hago a mí mismo[4].

¿Quién era Pedro Laín Entralgo?

La respuesta inmediata y a grandes rasgos nos lleva a decir que era una persona que ha sido en su vida muchas cosas: Catedrático de Historia de la Medicina y Rector de la Universidad Complutense de Madrid, prolífico escritor, ilustre ensayista, filósofo, académico de tres Reales Academias: la de Medicina, la de la Historia y la de La Lengua que llegó a presidir de 1982 a 1987. Con concisión le ha llamado Antonio Tovar “médico, historiador, filósofo”.

Nace Pedro Laín Entralgo en 1908 , en Urrea de Gaén, un pueblo sencillo y entrañable de la provincia de Teruel, cumpliéndose ahora en este año 2008 su primer centenario. Su padre era el médico del pueblo. Asiste nuestro pensador a la escuela local y hace el bachillerato después en los institutos de bachillerato de Soria, Teruel y Pamplona. A los dieciséis años consigue una beca por oposición en una institución singularísima, el entonces Colegio Mayor Beato Juan de Ribera en Burjasot, donde reside durante seis “decisivos” e “imborrables” años, los que van de 1924 a 1930. Estudia las carreras de Ciencias Químicas y Medicina en la Universidad de Valencia.

Se doctora en Medicina en Madrid en el año 1941 con la tesis “El problema de las relaciones entre la medicina y la historia” y se publica en el mismo año con el título Medicina e Historia.

Gana por oposición la Cátedra de Historia de la Medicina en la Universidad Complutense de Madrid en 1942  y  en 1943 crea y dirige el Instituto “Arnaldo de Vilanova”  de Historia de la Medicina  y de las Ciencias Naturales en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC.).

Es Rector de la Universidad Complutense en el periodo 1951 a 1956. Los objetivos que se proponía alcanzar se encuentran en un discurso programático que se publicó con el título La universidad en la vida española en 1951. Expone estos objetivos él mismo: “Robustecimiento de la vida universitaria, cuidado eficaz de la formación profesional y exigencia constante respecto a la validez social de la enseñanza en nuestras aulas, ofrecimiento de una educación cultural básica el “humanismo” que pedían nuestros tiempos a todos los estudiantes, o cuando menos a la mejor parte de ellos, atenta revisión de cuanto se había venido haciendo en lo tocante a la formación política y religiosa, constante esfuerzo por mejorar el rendimiento de la investigación científica de la Universidad y, como consecuencia, establecimiento de un bien pensado convenio entre ésta y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y, por fin, apelación constante e instante a la sociedad y al Estado a favor de la enseñanza universitaria[5].

Permanece en su cátedra hasta su jubilación en el año 1978, pero no por ello deja de investigar y publicar y no menos de veinticinco libros suyos aparecen después de este año.

Muere a los noventa y tres años en Madrid dejando una obra importante que engrandece  las materias por él cultivadas: La Historia de la Medicina, la Literatura, la Antropología. Consta su obra de más de cien libros y miles de artículos. Algunos de sus libros son clásicos ya en la cultura española como La generación del noventa y ocho (1947); La historia clínica. Historia y teoría del relato patográfico (1950); La espera y la esperanza. Historia y teoría del esperar humano (1956); La empresa de ser hombre (1958); Teoría y realidad del otro (1961); La relación médico-enfermo (1964); La medicina hipocrática (1970); Sobre la amistad (1972); Historia de la Medicina (1977); El diagnóstico médico. Historia y teoría (1982); Antropología médica para clínicos (1986); El cuerpo humano. Teoría actual (1989); Cuerpo y alma (1991); Alma, cuerpo, persona (1994); Idea del hombre (1996); Qué es el hombre. Evolución y sentido de la vida (1999).

El día 5 de junio de 2001 muere, en efecto, Pedro Laín Entralgo, pero previamente en el mes de febrero de ese mismo año aparecía su último libro La empresa de envejecer e incluso hemos podido averiguar que deja en preparación otra nueva obra que llevaría por título El morir de la persona.

Es una obra fundamentalmente antropológica la de nuestro autor; se da en ella una constante preocupación por el estudio y la comprensión del ser humano como fácilmente puede comprobarse con la simple vista de los títulos de sus libros.

Pedro Laín ha definido él mismo su “primera vocación” como la de investigador y docente, en concreto, como historiador de la medicina. Otras vocaciones se dan también en él: la “vocación de español”, la “vocación de amigo”, y una previa y más decisiva a todas ellas, la “vocación de hombre”. Ha señalado su particular empresa de ser hombre afirmando que: “Una bien poco importante empresa de ser hombre, la mía, una empresa cuya diaria faena ontopoética y ontopatética suele cobrar figura a través de tres pacíficos verbos: leer, pensar, escribir[6].

Analizando su vida de trabajo en los últimos años, a la pregunta ¿Cómo es un día de su vida, don Pedro? de uno de sus colaboradores, él respondió: “Mejor le hablaré de una semana de mi vida: por las mañanas, aparte de cumplimientos sociales ineludibles, trabajo en mi despacho de la Facultad de Medicina unas cuantas horas. Por la tarde, diversidad de actividades: los lunes, curso de doctorado en la Ciudad Universitaria; los martes, asistencia a la Academia de Medicina; los miércoles, mientras dura, lección en mi curso de Profesores Eméritos; los jueves, Real Academia Española; los viernes, Academia de Historia”. La subsisguiente pregunta fue:¿Y descansar? La respuesta directa del maestro fue: “Nunca: usted lo sabe; los sábados y los domingos trabajo mañana y tarde en mi despacho-biblioteca. Y de cuando en cuando, si la ocasión es propicia, comida en casa de algún amigo. Y conferencias, dentro y fuera de Madrid, intercaladas y propiciadas por la velocidad del AVE y de los aviones[7].

Nosotros definimos su persona y su obra con tres palabras: católico, español, universitario,pero todo ello de un modo eminente y egregio. Así fue la formación recibida en su Colegio Mayor católica, española, universitaria, que él mismo tanto ha alabado.

Ha sido la suya una empresa intelectual ingente y ejemplar que comienza en 1927 aquí en Valencia, en el Colegio Beato San Juan de Ribera de Burjasot, en esta tierra llena de clara luz  con un artículo  inédito El vitalismo. Desarrolla seguidamente, año tras año, una intensa actividad con la publicación ininterrumpida de cientos de libros y miles de artículos y finaliza su vida y su obra en 2001 en Madrid con un último libro: La empresa de envejecer.

Sus maestros han sido: Santiago Ramón y Cajal, Marcelino Menéndez Pelayo, Miguel de Unamuno, Ramón Menéndez Pidal, Eugenio D´Ors, José Ortega y Gasset, Américo Castro, Gregorio Marañón y arquetípicamente Xavier Zubiri.

En referencia a su amistad con el gran filósofo Xavier Zubiri, al que califica de “la mejor cabeza de Europa”,ha escrito que: “Honda y delicada experiencia, la de encontrar un maestro y tratar con él. En ella se actualizan las dos personas integrantes de lo que Platón llamaría philía paidogogiké, “amistad pedagógica”: la persona del maestro y la del discípulo”. Pedro Laín considera a Xavier Zubiri su maestro y amigo y afirma que: “Ni uno solo de mis libros ha sido escrito sin la penetrante influencia de Xavier Zubiri”.

Sus siete temas de estudio permanentes en su obra y a los que ha dedicado cientos de páginas han sido: la persona o el hombre sano o enfermo, la esperanza, el amor, la amistad, la convivencia, el cuerpo y España.

       En relación a su teatro ha manifestado que: “He intentado con mis obras teatrales dos estrenadas en  Madrid y Barcelona, cuatro publicadas en 1992 en la Colección Austral llevar al público, con intención de penetración, y a ser posible con cierta capacidad de sugestión y de suficiencia literaria, unos cuantos temas de los que me han preocupado siempre: el de la esperanza, el de la convivencia, el de España…[8]”.

Sus preferencias intelectuales también las ha concretado: “Entre los pensadores españoles, me he sentido más “motivado” por la línea Unamuno-Ortega-Zubiri- pese a las obvias y nada leves diferencias entre los tres”.

Aunque él no coincidiera en el tiempo, Pedro Laín es realmente de la generación de 1936. Un deseo intelectual profundo, aunque imaginario, sería para él poder pertenecer a la mejor generación de intelectuales de España: la “Generación de 1914” o “El Novecentismo”. Es la generación formada por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Eugenio D´Ors, Juan Ramón Jiménez, Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala… Esta generación comienza a escribir a partir de 1900 y se caracteriza por buscar la  europeización de España, su modernización científica y cultural, su preocupación por la depuración del lenguaje. Creen que sus propuestas no pueden quedarse en sus escritos y libros, sino que deben realizarse desde el poder.

A la España soñada por Pedro Laín, “posible y deseable”, debemos referirnos con un “aún es de noche”, como él mismo ha escrito, utilizando la metáfora del conocido poema de San Juan de la Cruz.

Ha recibido importantes distinciones que reflejan su gran capacidad intelectual y su infatigable trabajo, como son: Premio Nacional de Teatro (1971), Premio Montaigne de la Fundación Friedrich von Schiller de Hamburgo (1976), Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio (1978), Medalla de Oro de la Universidad (1978), Premio Aznar de Periodismo (1980), Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1989), Doctor “Honoris Causa” por la Universidad de Valencia (1990), Premio Internacional Menéndez Pelayo (1991), Premio Nacional de Investigación (1999), Premio Internacional de Ensayo Jovellanos (1999).

Refiriéndose a nuestro gran pensador, Federico Mayor Zaragoza ha señalado en Horizonte científico de España que: “Hay personas que son una multitud, y él, hombre incorporado ya a la historia, es una multitud no sólo por los múltiples aspectos que su personalidad engloba, sino por la dimensión y profundidad  que ha sabido dar a cada uno de ellos, no sólo como resultado de una capacidad creadora espontánea, sino de un carácter dotado de la tenacidad, dotado de la perseverancia que es absolutamente indispensable para forjar las grandes personalidades”.

Hace una centuria en un pueblo pequeño, sencillo, laborioso, Urrea de Gaén, en la provincia de Teruel, nacía nuestro filósofo y en la plaza del Ayuntamiento sigue estando su casa, en cuya fachada se encuentra una placa conmemorativa colocada por el Ateneo de Zaragoza que reza el siguiente escueto texto en referencia a su persona: “Al universal Pedro Laín Entralgo”.

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[1] Pedro Laín Entralgo en La empresa de ser hombre. Ed. Taurus. Madrid 1958, p. 254.

[2] Pedro Laín Entralgo. La empresa de ser hombre. Ed. Taurus. Madrid 1958, p. 250.

[3] Pedro Laín Entralgo. Sobre la persona. Rev. Arbor. CLVI. 613. Enero 1997, p. 12.

[4] Agustín Albarracín.  Pedro Laín, historia de una utopía. Ed. Espasa–Calpe, Madrid 1994, p. 140.

[5] Agustín Albarracín.  Pedro Laín, historia de una utopía. Ed. Espasa – Calpe, Madrid 1994, p. 63.

[6] Pedro Laín Entralgo. La empresa de ser hombre. Ed. Taurus. Madrid 1958,  p. 9.

[7] Agustín Albarracín.  Pedro Laín, historia de una utopía. Ed. Espasa–Calpe, Madrid 1994, p. 150.

[8] Agustín Albarracín.  Pedro Laín, historia de una utopía. Ed. Espasa–Calpe. Madrid 1994, p. 154.

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