• sábado , 23 marzo 2019

Sören A. Kierkegaard

Sören A. Kierkegaard (1813-1855): una breve biografí­a. [1]

José Garcí­a Martí­n

Presidente de la Sociedad Hispánica de Amigos de Kierkegaard (S.H.A.K.)

Director de la revista La Mirada Kierkegaardiana

 

Los dí­as de grandeza y la caí­da de Napoleón fueron años decisivos para el reino de Dinamarca. Al finalizar la guerra se produjo la bancarrota del Estado danés en 1813. Precisamente en esos años experimentó Dinamarca un florecimiento en el campo de las ciencias, el arte y la literatura que duró medio siglo (la llamada Edad de Oro de Dinamarca). Lo que se perdió a nivel económico y polí­tico, se ganó en crecimiento del espí­ritu y en fama.

Cuando el severo pietismo del siglo XVIII se extendió desde el norte de Alemania por toda Dinamarca, fue en los yermos páramos y en la tempestuosa costa del oeste de Jutlandia donde mejor ancló su espí­ritu. Era de aquí­ de donde procedí­a la familia de Kierkegaard. El pueblecito de Sí¦ding está ubicado al pie de Skjern. Junto a la diminuta iglesia medieval existieron en su dí­a dos granjas de arriendo llamadas “Las granjas de la iglesia” (Kierkegaardene). El bisabuelo de Sí¸ren Kierkegaard, como era costumbre entre arrendados, habí­a llevado el nombre de su finca, y después de él lo llevó su hijo Peter, en cuyo pobre hogar nacieron nueve hijos. El cuarto de los hijos fue Michael Pedersen Kierkegaard (1756-1838). En segundas nupcias se casó en 1797 con Ane Sí¸rensdatter Lund, sirvienta de la casa de los Kierkegaard. Con ésta tuvo siete hijos, de los cuales el más joven fue Sí¸ren Aabye Kierkegaard, nacido el 5 de mayo de 1813.

La influencia que la madre pudiera ejercer sobre su hijo apenas es patente o se desconoce; mientras que la del padre pesó sobre el destino de Sí¸ren. El padre proyectó su abrumador cristianismo en su hijo y su melancolí­a. El erudito padre gustaba de sostener largas discusiones filosóficas con sus inteligentes hijos, Peter Christian y Sí¸ren. Por los años treinta, ambos hijos, en unión del padre, habí­an tenido el presentimiento de que su linaje sufrí­a la ira del Señor. Sobre ellos gravitaba una culpa, de modo que ninguno vivirí­a más allá de los treinta y cuatro años; y el padre le sobrevivirí­a a todos. El crimen del padre habí­a sido maldecir a Dios, de modo que el castigo serí­a que ninguno de sus hijos cumpliese más años que el propio Jesucristo.

La década de 1830 coincide en Dinamarca con la imposición del nihilismo europeo en la literatura. Kierkegaard se hallaba en medio de una de esas crisis propias de todo joven bien dotado, ví­ctima del Weltschmerz, el tedio de la vida, le mal du sií¨cle. En 1830 habí­a comenzado el curso preparatorio para los estudios de Psicologí­a y Filosofí­a y, a partir de 1831, cumpliendo con los deseos de su padre, se preparó para el examen de Teologí­a. No obstante, en 1834, su vida se derrumba. Su fe se hace añicos. En la primavera siguiente, las diversiones de Kierkegaard adquieren visos de débauche, lo cual luego, según él mismo dice en 1839, le exige dedicar el resto de su vida a expiar sus faltas (Pap. II A 520). El 1 de septiembre de 1837 dejó Kierkegaard el hogar paterno, y ese mismo año pagó su padre deudas del hijo por valor de 12.000 a 13.000 rigsdaler (reales), y prometió además enviarle 500 reales al año. En 1838 sintió Kierkegaard restituirse su espiritualidad. «En la mañana del 19 de mayo, sobre las diez y media, experimenté un gozo indescriptible» (Pap. II A 228), o sea, una revelación divina o espiritual. El 9 de agosto, la muerte de su padre le conmociona, pero comprende que «ha muerto por mí­, para que si ello es posible, yo llegue a ser algo» (Pap. II A 243). En septiembre publica su opúsculo anónimo titulado De los papeles de alguien que todaví­a vive. Tras laboriosa preparación, Kierkegaard termina su examen final, el 3 de julio de 1840; y el 10 de septiembre se declara a Regina Olsen, a quien conoce desde mayo de 1837. El 29 de septiembre de 1841 obtuvo el grado de Magister en Filosofí­a con su tesis Sobre el concepto de ironí­a.

El año transcurrido entre el otoño de 1840 y el de 1841, fue un año lleno de enigmas. Mientras que Kierkegaard se preparaba para una vida normal, hacer lo corriente, como él mismo decí­a, su postura fue la de romper toda esperanza, dando así­ paso a conflictos que habí­an de convertirle en un artista creativo y pensador. Habiéndose prometido por amor, sabí­a al mismo tiempo que el matrimonio entre la hija bien educada y sencilla de un burgués y su mente melancólica y atormentada era una relación imposible. Según parece, a causa también de una debilidad o mal que nadie tení­a por qué saber. Mientras duró el noviazgo, Kierkegaard hizo lo posible para que Regina rompiese con él. El 11 de agosto de 1841, él mismo le devolvió el anillo de compromiso. Ella le conjuró a que renunciase a la ruptura y accedió. Pero el 11 de octubre rompió definitivamente. El 25 de octubre salió Kierkegaard para Berlí­n; allí­ asistió a las clases del filósofo Schelling. Se liberó del dolor producido por su comportamiento anterior, dejándose embriagar por la inspiración. Cuando regresó a Copenhague, ya habí­a escrito la segunda parte de O lo uno o lo otro, que publicó el 20 de febrero de 1843 bajo el pseudónimo de Ví­ctor Eremita, que tanto quiere decir el eremita victorioso, como el triunfador solitario.

El 16 de octubre de 1843 salió a la luz La repetición, bajo el pseudónimo de Constantino Constantius. En 1844 salió El concepto de la angustia por Vigilius Haufniensis, así­ como Migajas filosóficas  de Johannes Climacus. A las anteriores obras le sigue Etapas en el camino de la vida, publicada el 30 de abril de 1845 por Hilarius Bogbinder. El 26 de febrero de 1846 saca Apostilla no cientí­fica a la Migajas filosóficas, también de J. Climacus. Por otro lado, a modo de escritos religiosos paralelos a estas obras pseudónimas, Kierkegaard publicó con su propio nombre una serie de discursos edificantes. Sabemos de seis ocasiones, de 1841 a 1845, en las que muy bien preparado predicó en varias iglesias de Copenhague. En ese sentido, se ha considerado sus discursos religiosos como el meollo de su obra literaria.

Kierkegaard sabí­a que, después de tan enorme descarga de energí­a en la época de 1843-1846, habí­a llegado a un punto muerto. Meditó sobre conseguir un puesto de pastor rural. Sin embargo, en lo más hondo de su subconsciente estaba tramando ya un nuevo conflicto, circunstancia que iba a provocar una nueva avalancha de productividad. En 1840, un estudiante de veinte años, Meí¯r Aron Goldschmidt (1819-1887) habí­a fundado Corsaren (El Corsario), una revista semanal en la que, con pérfida ironí­a, se atacaba al poder absoluto de la monarquí­a, a la nobleza, a los funcionarios y a toda la clase burguesa. El semanario era admirado y temido. Goldschmidt, que admiraba a Kierkegaard, calificó a su Ví­ctor Eremita de inmortal. Sin embargo, el escritor P. L. Mí¸ller, el 22 de diciembre de 1845, publicó Gí¦aí¦stetisk Aarbog 1846 (Gí¦a, anuario estí¸etico 1846), en el que de forma insolente discurre acerca de Etapas en el camino de la vida. El 27 le responde criticando duramente dicho artí­culo en la revista Fí¦drelandet (La patria), lamentándose de que haya sido el único que no haya sido criticado allí­. De enero a julio de 1846, Corsaren publicó artí­culos y caricaturas ridiculizando al filósofo.

Se desprende de sus diarios que Kierkegaard se retorcí­a como si le diesen latigazos, mas el dolor le devolvió su fecundidad. Los años de 1847-1848 son de tremenda actividad literaria. En 1847 se publicó Discursos edificantes en diverso espí­ritu y Las obras del amor. En el transcurso de 1848 compuso dos escritos con el pseudónimo de Anti-Climacus: La enfermedad mortal y Ejercitación del cristianismo, que no se publicaron hasta 1849 y 1850 respectivamente. Mientras Climacus no se atreve a adscribirse a esa fe que hace estallar la razón, Anti-Climacus se tiene por cristiano en sumo grado. Kierkegaard se consideraba a sí­ mismo entre uno y otro.

En 1848 Kierkegaard ya habí­a hecho un recuento de su vida y obra hasta la fecha con su Mi punto de vista sobre mi actividad de escritor, que publicó su hermano Pedro en 1859; si bien Kierkegaard mismo publicó un resumen insuficiente en Sobre mi actividad de escritor en 1851. La idea primordial de la primera obra es que Kierkegaard ha intentado educar a sus contemporáneos en el cristianismo, pero Dios, con su providencia le ha educado a él. Así­ es que todo estaba claro a la luz de la religión cristiana.

Pero progresivamente sus charlas y sermones se vuelven cada vez más impertinentes.  El tono se vuelve más belicoso contra el falso cristianismo que se predicaba. A su alegato de que la iglesia oficial no cumpliese con el mensaje del Nuevo Testamento, no consiguió reconocimiento alguno por parte del clero ni de los fieles. Así­ se llegó al  ataque frontal a esa iglesia que consideraba personificada en el obispo de Selandia y Primado de la Iglesia Nacional Danesa, J. P. Mynster. El 30 de enero de 1854 murió Mynster. El catedrático de Teologí­a H. L. Martensen pronunció el domingo siguiente un sermón a la memoria de Mynster. En él llamó al difunto obispo testigo de la verdad de la iglesia de Cristo. Mas la expresión “testigo de la verdad” habí­a sido anteriormente empleada por Kierkegaard en el sentido de “verdadero cristiano”. Así­ es que cuando oyó caracterizar con ella a quien habí­a sido la contraposición del mártir o testigo de sangre, el urbano y humanista obispo Mynster, sintió como una llamada a la lucha y no se pudo contener. Inmediatamente escribió un artí­culo de protesta, que dejó a un lado hasta que Martensen, como se esperaba, fue nombrado sustituto de Mynster como cabeza de la iglesia danesa. Por fin, el artí­culo salió en Fí¦drelandet el 18 de diciembre de 1854, provocando la correspondiente respuesta de Martensen y otros. Entonces creó su propia revista: í˜jeblikket (El Instante), de la que salieron nueve números del 24 de mayo al 24 de septiembre de 1855. Estaba ya el número 10 listo para la imprenta, cuando Kierkegaard cayó enfermo en la calle el 2 de octubre. Fue llevado al Frederiks Hospital donde murió el 11 de noviembre de 1855. Junto a su lecho de muerte se encontraba su amigo de la infancia y sacerdote Emil Boesen. Pero Kierkegaard se negó a recibir la santa comunión de las manos de un pastor, ni quiso tampoco la participación de la curia en su entierro. A la semana se celebró el funeral en la Vor Frue Kirke (Iglesia de Nuestra Señora), siendo enterrado en el Assistens Kirkegaard donde se puede visitar su tumba y leer su epitafio de unos versos de H. A. Brorson (1694-1764): «Det er en liden tid,/ saa har jeg vundet,/ saa er den ganske strid,/ med eet forsvundet,/ saa kan jeg hvile mig,/ i rosensale/og uafladelig/ min Jesum tale» («Un poco más de tiempo, y habré vencido. Entonces toda la lucha desaparecerá de pronto, de modo que podré descansar en salas de rosa e incesantemente hablar con mi Jesús»).


[1] Basada en la obra de F. J. Billeskov Jansen Vida y obra de Sí¸ren Kierkegaard. Copenhague, Real Ministerio de Relaciones Exteriores, Secretarí­a de Prensa y Asuntos Culturales, 1994.

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