• martes , 19 octubre 2021

Beltrán E. y Martínez, L.A.: Personalismo y acción. Prolegómenos para una praxeología desde la filosofía personalista

Esteban Josué Beltrán Ulate [1]

Luis Arturo Martínez Vásquez [2]

 Publicado en  Revista Logos, 2013, vi (vi): 39-54, ISSN 1659-3723

Consideraciones Proemiales

El Personalismo comunitario esgrimido en la obra mouneriana ha devenido en una propuesta filosófica que se plantea nuevos retos en un contexto geopolítico colmado de ideologías que atentan contra la persona humana. El desafío que compele a los personalistas de inicio del siglo XXI, unido al de la sistematización histórica de autores que asuman a la persona como eje de sus considerandos, requiere, en honor a sus fundadores, pero sobretodo en exigencia a la persona, cual imperativo moral, demarcar una nueva ruta que permita responder a las exigencias de un mundo en crisis.

La propuesta que se traza en el presente opúsculo, pretende -de manera pretensiosa quizás- expresar lo que podría considerarse como los prolegómenos para una praxeología desde la filosofía personalista. Para acometer el tema en cuestión es primordial atender a la pregunta primordial a propósito del punto de partida de la filosofía personalista, ésta será una constante interrogante que atravesará toda la exposición.

En orden a evidenciar una línea metódica que permita una exposición coherente, concisa y articulada de las ideas, se presenta en primera instancia una lectura problematizadora del personalismo comunitario y su transición hacia la filosofía personalista, intersecado con una caracterización socioeconómica que permite entrever el contexto en el cual gestan los diversos aportes en el campo de la reflexión de la persona; luego de esto, se desvela la propuesta praxeológica para la filosofía personalista. Se concluye con una serie de postulados, líneas generales, huellas que permitirán continuar con el diálogo, respecto al tema.

 

  1. Emmanuel Mounier, el personalismo y la filosofía personalista.

Punto de partida: Personalismo comunitario.

En un contexto social europeo marcado por las miserias heredadas de la modernidad, mismas que pueden ser reconocidas  grosso modo como una visión de mundo positivista, fruto del racionalismo exacerbado, propuestas ideológicas totalizantes y sobre todo una visión económica de corte imperialista, encuadrada en una Revolución Industrial, que denigra al ser humano, tenor del desarrollo de la máquina, el mismo Mounier describe esa época como “derrumbamiento de una era de civilización nacida a fines de la Edad Media, consolidada al mismo tiempo que minada por la época industrial, capitalista en su estructura, liberal en su ideología, burguesa en su ética”[3]. Ante este escenario, son muchos los rostros y las voces que se agitan, entre ellas la de Emmanuel Mounier (1905-1950) de Grenoble.

La posición del joven francés, influenciado por el anhelo de libertad y emancipación de Charles Péguy (1873-1914), evidencia una clara capacidad de análisis político, misma que le permite caracterizar las debilidades teóricas del capitalismo, comunismo, anarquismo, fascismo y burguesía. Así, en comunión con aquellos que frecuentan la revista Esprit, permite madurar poco a poco su pensamiento, iniciando sus publicaciones con el grito inicial de: “rehacer el renacimiento”[4], ya que, para el autor, la crisis del mundo de inicios del siglo XX, es una crisis en torno a lo humano, es una crisis antropológica.

            En este sentido, la propuesta personalista se presenta desde sus inicios como una confrontación al “desorden establecido”[5], es una respuesta a la “despersonalización del mundo moderno y a la decadencia de la idea comunitaria”,[6] es una clara confutación al nihilismo, al sin sentido que brota en las comunidades europeas producto de los constantes combates bélicos, de las ineficaces revoluciones de masas, que lejos de implantar un nuevo modelo social, murieron en su afán por obtención de capital: el tener se sobrepuso al ser en todos los ámbitos. El retorno al ser humano, el renacimiento de la persona, un nuevo modelo de civilización que invierta las posiciones cómodas de sistemas caducos que reproducen dispersión, superficialidad, complacencia individualista e inoperancia.

            El personalismo, como expresa Mounier, se desliga de un carácter totalizador, sistemático y doctrinario[7], asume como postulado insoslayable el primado de la persona humana, su afirmación adhiere a la concepción de un ser espiritual constituido por una “forma de subsistencia y de independencia en su ser”[8]. El valor sobre el cual se sostiene la concepción de personalista radica en el valor absoluto de la persona, asumiendo ésta no como un ser finito, sino como el ser capaz, uno que es encarnación y compromiso, integración y singularidad, superación y desprendimiento, libertad y autonomía, pero ante todo vocación, comunión, comunidad.[9]

            Es así como, frente a la esclerosis social, Mounier insta a evocar una revolución fundamentada en los pilares de la “verdad, responsabilidad, realidad”[10]; para el autor francés, no se puede permanecer impávido ante la catástrofe humana, es necesaria una acción inmediata, es pertinente dejar el conformismo, conjuntarse en un “hacer”, en una praxis, en “hacerme a través de mis actos y moldear la realidad de la historia”.[11] La ruta planteada por el autor resulta convirtiéndose en un cambio completo del paradigma filosófico clásico, esgrimiendo un cambio civilizacional, a tenor de la persona humana.

De esta forma, si bien es cierto que para Mounier el personalismo es una filosofía[12], no lo es de la misma manera que otras corrientes filosóficas. Su particularidad metodológica radica en, al menos, dos momentos.

En un primer momento se trata de una filosofía que no se convierta en un fin en sí mismo, que rompa la función clásica que le ha sido otorgada a partir de los discursos conformistas y que se convierta en una acción constitutiva y transformadora de la existencia. En palabras de Mounier: “Si repugna a algunos introducir la acción en el pensamiento y en la más alta vida espiritual, es porque se forjan de ella implícitamente una noción estrecha, al reducir al impulso vital, a la utilidad o al devenir”[13]. En un segundo momento, el trazo para la construcción de esta filosofía no ha de realizarse a partir del movimiento de las masas amorfas, y acéfalas, sino más bien ha de partir del despertar de las conciencias particulares, de lo cual emergerá una reciprocidad, que permitirá el cambio social, la conformación de la civilización personalista[14].

            De esta manera, el personalismo de Emmanuel Mounier, al replantear la función de la filosofía,  pretende mantener un equilibrio basal entre las nociones de teoría y acción[15]. Una filosofía sin acción correría el riesgo de diluirse en discursos superficiales y una acción sin una profunda base antropológica cometería el error de los grandes sistemas sociales y políticos del siglo XX. Por esto, “Una teoría de la acción no es, pues, un apéndice del personalismo, ocupa en él un lugar central”[16].

            En este mismo sentido, la noción mouneriana de persona integra las dimensiones del ser en una unidad capaz de actuar. Es por esto que la primacía de la persona hace posible el decurso de una acción comprometida: “Ser para obrar, conocer para actuar: La revolución personalista, entre la espiritualidad de la persona, el pensamiento, y la acción, reanuda el vínculo interior que el idealismo había cortado, y que el marxismo se niega a restablecer”[17].

            Así, la persona abierta a transformar por medio de sus acciones, a la vez que se autoafirma transforma lo que le rodea. Es por esto que el compromiso será la forma más explícita de esta acción y de su autoafirmación[18].

Del personalismo a la Filosofía Personalista 

Con la temprana muerte de Mounier, el personalismo ingresa en un aparente umbral de desuso; a partir de esto ganan terreno otras concepciones de mundo, tanto el existencialismo, como el capitalismo y el socialismo adquirieron mayor relevancia. Los trabajos de Domenach, Goguel, Izard, y Langsberg, entre otros, siguieron la línea personalista, sin embargo la llama mouneriana cesó. En éste contexto, el mismo Paul Ricoeur expresó en su conocido texto: “Muere el personalismo, vuelve la persona”[19] que las generaciones posteriores a la suya evidencian, como registro cultural, un rechazo a la utilización del término “personalismo”, el cual evidentemente no ha ganado la batalla de frente a otras corrientes de pensamiento mucho más reconocidas y validadas filosóficamente[20]. El “suelo cristiano” y “cielo fijo de valores” que desarrolla el personalismo han perdido la batalla ante el nihilismo operante en la sociedad contemporánea. Sin embargo, Ricoeur constata la validez del concepto de persona y las múltiples interpretaciones que esto ha permitido en la reflexión contemporánea.

Respecto a ésta posibilidad de difuminación del enfoque personalista evocado por Mounier, irrumpen en el escenario social, una serie de pensadores que de manera aislada continúan reflexionando sobre el carácter absoluto de la persona humana. Está claro que Mounier no asume el personalismo como una doctrina o sistema, sin embargo él mismo acepta que el personalismo no huye de la sistematización, es en este resquicio, en el que diversos autores han procurado establecer una sistematización del personalismo, ya no como simple corriente de pensadores, sino como una Filosofía.

            Uno de los primeros aportes de éstos autores, ha sido el de desmitificar a Emmanuel Mounier como definición unívoca de personalismo, si bien es en su obra que se introduce ésta visión de persona, y adquiere un matiz de originalidad respecto del pensamiento de la época, es únicamente a partir de la articulación de diversos autores con la misma línea de pensamiento que se puede construir una estructura, o un sistema filosófico robusto.

De esta forma, nos adscribimos a la teoría de quien ha distinguido entre “personalismo” como aquella corriente desarrollada por Mounier y sus principales seguidores y “filosofía personalista” para los subsiguientes pensadores que continúan las principales nociones del personalismo hasta nuestros días[21].

Unido a esto, Burgos[22] ha asumido que la Filosofía Personalista, se caracteriza por ser realista pero libre de las estructuras de la llamada philosophia perennis, y a su vez concreta y moderna, en cuanto su formación en una estructura mental propia del siglo XX[23].

Es en este mismo sentido que la conformación de grupos de diversos países y con diversidad de objetivos han venido articulándose actualmente como expresión del personalismo, ya no como fruto del pensamiento mouneriano, sino de una escuela  que a partir de la diversidad de posturas, enriquecen mutuamente sus propuestas académicas por medio de un compartir de experiencias y producciones. La principal tarea consistiría en continuar el esfuerzo de “una filosofía nueva para transformar el mundo según su personal visión del mismo” para presentarla “sin ese complejo de inferioridad”[24], evidenciando solidez epistemológica y coherencia con los pensadores que han dado su impronta original.

Ofrecidos los elementos fundamentales del personalismo de Emmanuel Mounier y su escuela subsiguiente, se analizará el tema de la praxis y la praxeología desde algunos pensadores que iluminen la reflexión para la filosofía personalista.

  1. Praxis y praxeología

Algunos antecedentes

Si bien es cierto que el tema de la praxis hunde sus raíces en autores clásicos como Aristóteles o Platón, y hasta podría afirmarse como “una de las constantes de la filosofía”[25], ha sido el pensamiento marxista el que ha suscitado en la época contemporánea un análisis más profuso de las relaciones teoría-praxis y su consecuente primacía. A manera de ejemplo, la postura de Markovic[26] en cuanto la filosofía “fue  siempre –y lo seguirá siendo- conciencia crítica de toda situación humana existente”,[27] de lo que se desprende que la filosofía como conocimiento se gesta a partir de la acción en el mundo. Conocer, por tanto, es actuar. Este movimiento del ser humano lo libera del estado de cosificación, y le permite teorizar, empero no lo insta a permanecer impávido en la teoría.

Adolfo Sanchez Vásquez, por su parte, ha asumido que la praxis diferencia la arista productiva, la artística, la experimental o científica y la política,[28] lo cual brinda un importante acercamiento a la praxis como un movimiento integrador, empero su planteamiento se ve truncado al establecer que “la praxis productiva es la praxis por excelencia”.[29] Para el autor, la praxis puede, a su vez, distinguirse en dos fases la creadora y la reiterativa, la primera presenta un carácter reflexivo y la segunda se ubica en el marco de lo imitativo de lo espontáneo, en escenario. Según el autor, la revolución se ubica como una praxis creadora.

La filosofía es la capacidad de crítica y autocrítica que permite trascender como individuo y como sociedad. Si bien las posturas esgrimidas anteriormente parten de una cosmovisión marxista, permiten reconfigurar la praxis del individuo a la persona, por lo que se asume que la praxis es una acción personal y comunitaria que permite trascender la existencia como objeto pasivo, dicho accionar en el mundo, permite una superación del solipsismo fruto de la modernidad, esto en cuanto persona y mundo, dejan de lado categorías de sujeto-objeto, y asumen un carácter ambital[30]. Actuar en y con el mundo implica diálogo.

            Esta postura rompe con la concepción del idealismo alemán,  primero frente a la concepción fichteana de un Yo frente a un No-Yo, luego ante la metáfora de Schelling respecto al Yo-Natura, pero ante todo supera la abstracción absolutista hegeliana de una conciencia que se reconoce a sí misma y se hace plena en la historia. A su vez, el existencialismo heideggeriano, también se ve truncado ante en enfoque relacional de la filosofía personalista, ya que el Dasein, frente a su vocación Sein zum Tode,[31] intenta ser autentico, empero se ve truncado al no alcanzar comunidad. La existencia no es un existente, existencia implica al existente en compañía, la persona en comunidad.

Personalismo y Praxis

Para Emmanuel Mounier la existencia misma implica necesariamente acción, lo que le permite deducir que la existencia más perfecta es la que logra mayor grado de acción, y viceversa.[32] En este mismo sentido, dada la ruptura con el sistema establecido, el éxito no será la forma de medir la acción, ya que el éxito no es expresión directa de la existencia. El compromiso logrará aglutinar la simbiosis entre existencia y acción de modo que se convierta en el punto de equilibrio del ser personal: “rehusar el compromiso es rehusar la condición humana”[33].

En segundo lugar, como ya se ha afirmado, el personalismo desde sus orígenes no parte de la mera reflexión de presupuestos teóricos, más bien apela a una constante confrontación con la realidad a partir de la acción, ya que es a partir de ésta filosofía comprometida con la realidad que puede cosecharse un cambio social.

Según Carlos Díaz, Mounier  “cree firmemente en la filosofía, en la profundidad, en la meditación, que son condiciones indispensables para la acción”,[34] sin embargo esta profundidad y meditación no devienen de la nada, sino que son evocadas a partir del llamado del Otro, de la viuda, del pobre, del huérfano, en palabras de Emmanuel Levinas[35]. El llamado de la persona se descubre en el rostro del jornalero, del vendedor, incluso en aquel que consume droga, en aquel que se prostituye.

Esta  correlación de elementos hace posible que en cada persona se descubra el llamado del Tú, visto desde un lenguaje buberiano. “Quien está en relación participa en una realidad, es decir, en un ser, que no está únicamente en él ni únicamente fuera de él. Toda realidad es una presencia en la que participo sin poder apropiármela. (…) La participación es tanto más perfecta cuanto más directo es el contacto con el Tú”[36]

Ante este llamado de la realidad, es que debe actuar la filosofía personalista como praxis, de modo que pueda “lograr un equilibrio entre la teoría y la práctica (praxis), al menos mientras toda la humanidad no tenga satisfechas las necesidades básicas”[37] . El pensamiento no puede ser mera luz que ilumina y se extasíe en su propia contemplación, es imperante que el pensamiento transmute en acción sobre la realidad tangible.

En el ámbito de los autores contemporáneos, Juan Manuel Burgos[38] ha afirmado con contundencia que el personalismo “es una praxis en sí misma y una praxis orientada hacia la praxis”[39]. Además, su aporte en este sentido consiste en una aproximación de la praxis desde una cosmovisión Wojtyliana: su propuesta de praxis asume un carácter binomial en cuanto las vertientes de metafísica y praxis, con una raíz muy marcada del trabajo de Karol Wojtyla “Persona y Acción”[40], el autor adhiere a la idea de praxis como un movimiento en el cual se puede distinguir, una dualidad objetividad-subjetividad, y una orientación que no solo sale de la persona sino que interseca a la persona es su intimidad.

Burgos plantea que “la acción puede ser abordada desde dos perspectivas diferentes (…). La primera de ellas consiste en mirar hacia dentro del hombre y concebirla como una dimensión específica del ser humano o, más bien, como el despliegue operativo de ese mismo ser”[41]

Por lo tanto, el siguiente apartado pretende analizar la categoría “praxis” desde una perspectiva diferente a las ya esbozadas, de modo que se pueda ofrecer un aporte desde un mundo en crisis a la filosofía personalista del siglo XXI.

La praxeología

            Antonio González[42], a partir de la filosofía de Xavier Zubiri (1898-1983) ha suscitado una reflexión que permite una nueva sustentación de la praxis humana. Parte de una problematización de la filosofía del siglo XX, la cual, dedicándose al tema del lenguaje, ha caído en un círculo hermenéutico al convertirse en un “lenguaje del lenguaje”, lo que le ha imposibilitado trascender sus propias barreras.

            Este tradicionalismo de la filosofía podría evitarse al trasladar el discurso a las posibilidades de confrontación con lo real, lo que significaría un segundo problema al no lograr en un primer momento hilvanar el lenguaje con las posibilidades de lo real. En este sentido, resulta más esclarecedor fundamentar la filosofía en el acto mismo de argumentar en el sentido en que resultaría imposible dudar de que yo argumento, entendido este acto como verdad radical. “Lo que los actos lingüísticos (speech acts) tienen de radical para la filosofía no es su carácter lingüístico, sino su carácter mismo de acto”[43].

            En este mismo sentido, la praxis sería el conjunto de los actos humanos, como unidad en un primer momento y como organicidad en un segundo momento. Las acciones se convierten entonces en una funcionalidad elemental establecida entre algunos tipos de actos.

Desde esta perspectiva se puede plantear una “primacía de la praxis” como el primado de los actos en relación a lo que los trasciende, ya que si todos los actos gozan del carácter de acto, todos pertenecen a la praxis humana; no ya como una contraposición de unos actos específicos sobre otros. Esta praxeología, generando un proceso “nunca concluso de aproximación asintótica, es precisamente lo que rompe el círculo hermenéutico, posibilitando una permanente crítica de nuestros presupuestos”.[44]

            Los actos, en esta propuesta, no son actualizaciones de potencias, ya que se partiría de estructuras metafísicas-teóricas. Los actos son actualizaciones de cosas, las cuales se encuentran presentes en los actos como una “alteridad radical respecto de ese mismísimo acto en el que se ha actualizado”[45]. Esa alteridad radical permite tomar conciencia de ese acto como acto y la realidad puede ser entendida entonces una “alteridad real”. Así las cosas, esta propuesta “elimina, al menos en el punto de partida, de la filosofía, todo dualismo. No hay un dualismo entre lo que está «dentro» del sujeto y lo que está «fuera»” [46], ya que la alteridad constitutiva en los actos solamente permite una diferenciación heurística y no metafísica de los mismos.

            De lo anterior también se sigue que  “No hay, por tanto, una prioridad ontológica del Yo sobre el Tú ni del Tú sobre el Yo. En ambos casos estamos lanzados, desde la corporeidad actualizada en nuestra praxis hasta la realidad profunda de lo que verdaderamente seamos con independencia de la misma. Tanto el “Yo” como el “Tú” designan lo que sean ciertas cosas con independencia de nuestros actos”[47].

            De esta manera se estaría dando sepultura a una visión de filosofía como “discurso del discurso”, se desplazaría al yo de la zona de confort y se colocaría como un “yo” argumento del discurso, lo que evidentemente propiciaría una filosofía de lo real.

            Ya presentados de manera sucinta los elementos constitutivos de la praxeología, es necesario plantearse las posibilidades de su relación, interacción y utilización en la filosofía personalista, y el aporte que pueda ofrecer a la transformación de un mundo en crisis.

  1. ¿Es posible una praxeología desde la Filosofía personalista?

Hacia una praxeología desde la filosofía personalista

Si, como ya se ha afirmado reiterativamente, la praxis es la columna que atraviesa la noción de persona en el pensamiento mouneriano, y a su vez fundamento de la filosofía personalista,  es necesario pues, determinar, si es posible una praxeología desde la filosofía personalista.

A partir de la postura marxista, la praxis cumple la función de ser punto de partida para cualquier teoría de conocimiento,[48] sin embargo estos autores distinguen diversas modalidades de la praxis, en el sentido en que toda praxis es actividad, pero no toda actividad es praxis[49]. Estas aseveraciones continúan el sesgo intelectualista de clasificación de los actos en función de una doctrina que sólo se lograría sustentar teóricamente.

  Frente a esta postura de corte materialista, es que se erige la postura personalista, no obviando los aportes empero permaneciendo fiel a la concepción de persona como un ser abierto, en las antípodas de la finitud materialista. Burgos manifiesta, refutando éstas concepciones que la praxis se concibe como un movimiento que afecta tanto dentro como fuera de la persona, ya que integra la subjetividad y objetividad mediante un carácter humano general. Esta posición distingue el talante intersubjetivo presente en el personalismo, que dista del enfoque objetivador de la tesis sustentada por Sánchez.

Mounier ha superado las propuestas anteriores en la intrínseca relación entre acción y existencia, y ha dado un paso más en términos de relación: el compromiso no es una acción por si misma, sino que se convierte en una revolución colectiva cuando los actos se transforman y transforman. Una praxis no se concibe como el mero actuar de una persona aislada, implica a su vez estar en comunidad. Así considerados, los actos se convierten en “la medida de la verdad que le da su sentido y de la situación histórica que le da su escala al mismo tiempo que sus condiciones de realización”.[50]

El aporte de Burgos, resulta importante, a propósito de la praxis comprendida como “el obrar humano en cuento transformador de la realidad”[51], a partir de la relación ineludible entre persona y acción. Burgos considera que la praxis no es sinónimo de producción, lo cual evidencia una ruptura con el modelo marxista, y desde el enfoque de Wojtyla, concibe la praxis en una dimensión transitiva (objetiva) – intransitiva (subjetiva), y posiciona como carácter fundamental la postura intransitiva a partir del desarrollo de la cultura, por lo que la praxis de una sociedad personalista estaría desligada de un carácter utilitario-objetivador de la existencia.

Si bien la postura burgosiana concibe que la persona y la acción son inseparables, presenta una polarización al concebir la praxis como resultado de una conglomeración del obrar humano general, obviando a la persona como eje central del movimiento praxeológico, como el autor expresa que la praxis “no considera fundamentalmente la acción individual de una persona individual, sino… las acciones humanas tomadas como un flujo operativo que surge de la humanidad como sujeto común”.[52]

La postura de Burgos resulta limitante en cuanto la persona fundamento de la filosofía personalista es el agente transformador por excelencia, y si bien su accionar implica un movimiento tanto dentro como fuera de sí, el origen de su accionar evoca de lo totalmente otro de sí, la praxis tiene su origen en el mundo y se resuelve en el mundo mismo, cual alteridad; la persona un agente finito con aspiración de infinitud, no logra resolver en su praxis simple reiteración de la realidad sino que se lanza a la creatividad, ésta modalidad se gesta en la suidad y se comparte en la “nos-otredad”.

¿Existe, entonces, la posibilidad de una tercera concepción de la praxis desde la filosofía personalista?

Si bien es cierto que la filosofía personalista no pretende ser síntesis de éstas filosofías de lo absoluto, parte más bien hermanada de alguna manera con algunos existencialismos, pero se desmitifica de ellos, en cuanto asume una verdad fundante, la persona humana, no como ser finito, y mucho menos como agente metafísico, sino como uno entre muchos, sexuado, con rostro, como proyecto, como acción se convierte a sí mismo en alteridad.

Es en este sentido que la comprensión del acto como alteridad radical expresado en “ventanas abiertas a la pluralidad de lo real”[53] enriquece los sistemas de pensamiento de la filosofía personalista y los plataforma hacia una comprensión más abierta y compleja.

El error en el que no debe caer la filosofía personalista es en el de enredarse en sus estructuras, y arquitecturas teóricas, especulando acerca de sus orígenes. Como el mismo Mounier indica “la acción es el sentido de nuestro pensamiento”[54]; partiendo de esta tesis el personalismo se hace carne, se encarna en la praxis social y comunitaria.

A manera de conclusión: Nuevos caminos para una praxeología desde la filosofía personalista

Para ser fiel a su vocación la filosofía personalista debe ser fiel a su origen, a su inspiración práctica, transformadora, y solo en la medida que sea una constante salida de sí hacia la construcción de una civilización de la persona, podrá ser realmente útil proporcionando a la sociedad lo que la humanidad necesita: la persona.

Esta persona constituida por el compromiso “sitúa la reflexión filosófica en un terreno indefinido, pareciera que a mitad del camino entre el pensamiento y la acción, entre el ámbito estrictamente filosófico y el político-histórico”[55], lo que permite proponer una acción constitutiva de la realidad de la humanidad.

            Por otra parte, si “el problema no es que en la actualidad no exista una visión antropológica previa, es que la que existe está generada por una concepción de la persona mutilada de raíz”[56], la primera necesidad que tiene el personalismo como filosofía es revisar constantemente sus presupuesto a la luz de las nuevas propuestas filosóficas. Revisiones de este tipo permitirá al personalismo salir de su solipsismo academicista y entra en diálogo con sus propias ideas.

            En este mismo sentido, un personalismo en constante crisis enriquece la praxeología como sistema filosófico. Es más, ha sido una de las notas características de Mounier poner en crisis el orden establecido y los valores clásicamente aceptados. De esta forma, “es persona esa entidad para la que la noción de crisis es la marca esencial de su situación.”[57]. Así, para un mundo en constante cambio, con pluralidad de contextos y un mundo cada vez más grande y a la vez más pequeño, la noción de crisis debe acompañar constantemente para problematizar las cosmovisiones operantes.

            Por último, valdría la pena recordar a quienes nos dedicamos a la función filosófica las palabras de Mounier: “Es por lo que pedimos a los filósofos de nuestro entorno, a aquellos mismos que tienen necesidad de alejamiento y de soledad, que sepan descender generosamente entre los hombres, acostumbrarse a ellos, desclasarse. Salvados de la complacencia por el vigor de la doctrina, evitarán la evasión por medio de su presencia en el drama universal”[58]

[1] Profesor de Filosofía en la Universidad Continental de las Ciencias y las Artes, Estudiante de Maestría en Filosofía de la Universidad de Costa Rica.

[2] Profesor de Filosofía, Universidad Católica de Costa Rica Anselmo Llorente y Lafuente, Doctorando en Filosofía de la Universidad de Costa Rica.

[3] Cfr. Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967. P.15.

[4]“…este segundo Renacimiento es tan profundo y se anuncia incluso de mayor alcance que el primero”. Emmanuel Mounier. Revolución personalista y comunitaria. En: El personalismo. Antología esencial. Salamanca: Sígueme, 2002. P.81.

[5]“Vamos a derribar con furiosos golpes de pico los refugios que se habían construido y arrojarlos a la desorientación. Desorientación saludable, pensaremos justamente, que libera al hombre de las mentiras y de las comodidades mediocres”. Emmanuel Mounier. Revolución personalista y comunitaria. En: El personalismo. Antología esencial. Salamanca: Sígueme, 2002. P. 256.

[6] Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967. P.95

[7]“En efecto, parece que los filósofos, de acuerdo con los científicos, se ingeniaron para vaciar el mundo de la presencia del hombre. Por una especie de dejación fundamental, cuyo análisis ético quizá haría falta intentar, construyeron la ficción de un mundo que no es mundo delante de nadie, pura objetividad sin sujeto para comprobarla”. Emannuel Mounier. Introducción a los existencialismos. Guadarrama, S/A, P. 22. El subrayado pertenece al autor.

[8] Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967. P.76

[9] Cfr. Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967.

[10] Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967. P.257.

[11] Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967. P.257.

[12]“El personalismo es una filosofía, no solamente una actitud”. Emmanuel Mounier. El Personalismo. Madrid: Acción Cultural Cristiana, 1997. P. 9.

[13]Emmanuel Mounier. El Personalismo. Madrid: Acción Cultural Cristiana, 1997. P. 67.

[14]El mismo Mounier describirá esta opción: “De estos peligros incluidos en nuestra primera posición hemos tomado una conciencia cada vez más aguda a partir del año1.934 bajo una doble influencia. O, más bien, en un solo movimiento en que se entrelazaban estrechamente la acción de algunos acontecimientos vividos y la reflexión sobre estos compromisos tan poco parecidos a los que habíamos previsto en un principio”. Emmanuel Mounier. ¿Qué es el personalismo? En: El personalismo. Antología esencial. Salamanca: Sígueme, 2002. P. 613.

[15] Como también afirmará Lucía González Ventre: “La praxis personalista nace de un doble movimiento, por un lado se aproxima a lo real y por otro lado entra en diálogo con el pensamiento” “El personalismo comunitario de Emmanuel Mounier. Una intuición vital devenida en cuerpo filosófico vivo” Persona. Revista Iberoamericana de Personalismo Comunitario. 19. P. 14

[16] Emmanuel Mounier. El Personalismo, Acción Cultural Cristiana. Madrid, 1997. P.67.

[17] Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967. P. 531.

[18] Para una profundización de esta temática en el pensamiento mouneriano desde el ámbito de la psicología Cfr. E. Mounier. Tratado del Carácter. Salamanca: Sígueme, 1994. P. 407-484.

[19] Cfr. Paul Ricoeur. Amor y Justicia. Madrid, Caparros, 1990. P. 95, en referencia a “Meurt le personalisme, revient la personne”, publicado en la Revista Esprit, en Enero 1983.

[20]“En suma, el personalismo no era lo bastante competitivo como para ganar la batalla del concepto” Paul Ricoeur. Amor y Justicia. Madrid, Caparros, 1990. P. 96.

[21] Cfr. José Luis Cañas. Personalismo o personalismos. El problema de la unidad de los filósofos personalistas. Hacia una definición de la filosofía personalista. San José: Promesa. 2008.  P. 44.

[22] Cfr. Juan Manuel Burgos. El personalismo hoy o el sentido de una asociación. En: Hacia una definición de la filosofía personalista. San José: Promesa, 2008.

[23]Esta temática ha sido objeto de profundización y discusión a partir de la presentación del nuevo libro de Juan Manuel Burgos titulado “Introducción al Personalismo”. Los textos del debate y profundización se encuentran en el nº 22 de la revista Persona de Instituto Emmanuel Mounier.

[24] [24] Cfr. José Luis Cañas. Personalismo o personalismos. El problema de la unidad de los filósofos personalistas. Hacia una definición de la filosofía personalista. San José: Promesa. 2008  P. 45.

[25]Teófilo Urdanoz. Teoría y praxis en el pensamiento filosófico y en las nuevas teologías socio-políticas. Revista de estudios políticos, 211. P. 171.

[26] Mihailo Markovic. Dialéctica de la Praxis. Buenos Aires: Amorrortu. 1968.

[27] Cfr. Mihailo Markovic. Dialéctica de la Praxis. Buenos Aires: Amorrortu. 1968. P. 8.

[28]Adolfo Sánchez. Filosofía de la Praxis. Barcelona: Edición Crítica. 1980. P.41.

[29] Adolfo Sánchez. Filosofía de la Praxis. Barcelona: Edición Crítica. 1980. P.239

[30]Como expresará Alfonso López Quintás.

[31] Martin Heidegger. Ser y Tiempo. Argentina: Fondo de Cultura Económica, 2009.

[32] Cfr. Emmanuel Mounier. El personalismo. Buenos Aires: EUDEBA, 1970.

[33] Emmanuel Mounier. El personalismo. Buenos Aires: EUDEBA, 1970. P. 72.

[34] Carlos Diaz. Personalismo obrero. presencia viva de Mounier. Madrid: Zero. 1969. P. 91.

[35] “El otro que en tanto que otro se sitúa en una dimensión de altura y abatimiento… tiene la cara del pobre, del extranjero, de la viuda y del huérfano”. Emmanuel Levinas. Totalidad e infinito. Salamanca: Sígueme, 2006. P. 262.

[36]Martin Buber. Yo y tú. Buenos Aires: Nueva Visión, 2002. P. 51.

[37] Carlos Diaz. Personalismo obrero. presencia viva de Mounier. Madrid: Zero. 1969. P. 92

[38]Juan Manuel Burgos.  Una exploración personalista del concepto de Praxis. En: Tópicos: revista de Filosofía, Universidad Panamericana, Nº. 31, México, 2006. PP. 35-64. Juan Manuel Burgos. Praxis personalista y el personalismo como praxis. En Reconstruir la persona. Ensayos personalistas. Madrid: Palabra. 2009. PP. 97-132.

[39] Juan Manuel Burgos. Una exploración personalista del concepto de Praxis. En: Tópicos: revista de Filosofía, Universidad Panamericana, Nº. 31, México, 2006. P. 60.

[40] Como constata Burgos, el trabajo de Wojtyla resulta novedoso  en tanto “aplica el método fenomenológico a una estructura filosófica aristotélico-tomista, como porque su método de análisis invierte el planteamiento clásico en el que se piensa primero la persona completa y después, como un añadido, complemento o accidente, se considera la acción”. Juan Manuel Burgos. Praxis personalista y el personalismo como praxis. En Reconstruir la persona. Ensayos personalistas. Madrid: Palabra. 2009. P. 98.

[41] Juan Manuel Burgos. Praxis personalista y el personalismo como praxis. En Reconstruir la persona. Ensayos personalistas. Madrid: Palabra. 2009. P. 98.

[42]Hacemos referencia al menos a los dos principales textos del autor en los que aborda el tema: Estructuras de la praxis. Ensayo de una filosofía primera. Madrid, Trotta, 1997. Y Teología de la praxis evangélica. Sal Terrae, Santander, 1999. Una mayor bibliografía se encuentra en la página www.praxeología.org

[43]Antonio González .Teología de la praxis evangélica. Sal Terrae, Santander, 1999. P. 78.

[44]Antonio González, Estructuras de la praxis. Ensayo de una filosofía primera, Trotta, Madrid, 1997. p. 23.

[45]Antonio González .Teología de la praxis evangélica. Sal Terrae, Santander, 1999. P. 81.

[46]Antonio González .Teología de la praxis evangélica. Sal Terrae, Santander, 1999. P. 84.

[47]Antonio González. ¿Qué es praxis? En http://www.praxeologia.org/praxis.html.

[48] Cfr. Mihailo Markovic. Dialéctica de la Praxis. Buenos Aires: Amorrortu. 1968.

[49] Adolfo Sánchez. Filosofía de la Praxis. Barcelona: Edición Crítica. 1980.

[50] Cfr. Emmanuel Mounier. Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus, 1967. P.11.

[51]Juan Manuel Burgos.  Una exploración personalista del concepto de Praxis. En: Tópicos: revista de Filosofía, Universidad Panamericana, Nº. 31, México, 2006.

[52]Cfr. Juan Manuel Burgos.  Una exploración personalista del concepto de Praxis. En: Tópicos: revista de Filosofía, Universidad Panamericana, Nº. 31, México, 2006. P. 40-41.

[53]Antonio González .Teología de la praxis evangélica. Sal Terrae, Santander, 1999. P. 84.

[54]Emmanuel Mounier. Revolución personalista y comunitaria. En: El personalismo. Antología esencial. Salamanca: Sígueme, 2002. P.94.

[55]Lucía González Ventre. El personalismo comunitario de Emmanuel Mounier. Una intuición vital devenida en cuerpo filosófico vivo. En: Persona. Revista Iberoamericana de Personalismo Comunitario. 19. P. 14

[56]  José Luis Cañas. Personalismo o personalismos. El problema de la unidad de los filósofos personalistas. Hacia una definición de la filosofía personalista. San José: Promesa. 2008.  P. 62.

[57] Paul Ricoeur. Amor y Justicia. Madrid: Caparros, 1990. P. 99.

[58] E. Mounier. Revolución Personalista y Comunitaria. En: El personalismo. Antología esencial. Salamanca: sígueme, 2002. P. 45.

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