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Martí­n, José Garcí­a: “El valor exponencial del concepto de individuo en el Diario de Sören A. Kierkegaard”

(Comunicación presentada en las IV Jornadas de la AEP: Julián Marí­as: una visión responsable.

7-9 febrero 2008. Universidad Complutense de Madrid- Universidad San Pablo CEU)

Dr. José García Martín (Universidad de Málaga), Presidente de la Sociedad Hispánica de Amigos de Kierkegaard (S.H.A.K.)

El tema que voy a tratar a continuación es el de cuál es la relación —y cómo entenderla— entre el concepto de den Enkelte y el de individuo en Kierkegaard, a la vez de cómo se distinguen (si es que cabe hacerlo).

Desde mi punto de vista, y a partir del conocimiento que poseo de nuestro autor, no se puede completamente identificar ambos conceptos. Aunque también es verdad que en parte son semejantes. Expresándolo con otras palabras: todo den Enkelte es necesariamente individuo, pero no todo individuo es de forma imperiosa den Enkelte. Ser den Enkelte es ser más que simplemente individuo. Pero no algo completamente distinto. El «den Enkelte» surge, por así decirlo, de las entrañas mismas de la individualidad, por encima y a partir de ella pero no a pesar, o al margen, de ella. Es una potencialidad que se encuentra inscrita en el mismo individuo humano, pero que se manifiesta in concreto, en éste o aquél como tal. Den Enkelte se opone a lo que no es de manera propia una individualidad: a la copia o ejemplar («Exemplaret»), a la masa o multitud («Mængden»), el género («Slægten»), es decir, a todo aquello que destruye o anula la individualidad («Enkeltheden»).

Axiológicamente considerado, den Enkelte posee un valor en sí mismo, absoluto[1]; es algo por completo personal. Por esto podemos también afirmar que ser den Enkelte es ser persona, con todo lo que ello implica. En este sentido, el individuo singular es aquel que es positiva y enteramente un ser personal, con una dignidad que le sitúa por encima de cualquier otra realidad mundanal. En definitiva, el individuo singular es ser uno mismo, único y diferente de todos los demás sin que ello signifique dejar de ser un ser humano, sino justo serlo en su máxima y óptima expresión.

Por tanto, el concepto de «den Enkelte» debe entenderse dentro del concepto de «individuo» (en el sentido de individuo humano). La diferencia es de intensidad, de grado, de existencia, de valor. En realidad, hablar de den Enkelte supone o implica hablar de cada uno en particular pero no de todos en general. Por lo que de factum el individuo humano escapa a toda concepción y su existencia a toda comprensión, ya que el pensamiento va por detrás de mi existencia, o es una regresión en términos kierkegaardianos.

Si esto es así, propiamente no se puede hablar de un conocimiento sobre el hombre; solo de un conocimiento de mí mismo (recordemos la máxima socrática); o de este o aquel ser humano concreto de carne y hueso mediante su biografía. Porque para Kierkegaard lo que define y caracteriza al den Enkelte es su existencia. No se trata de una cuestión “lógica”, filosófica, sino vital y existencial, cuyo horizonte nos traspasa y cuyo sentido nos trasciende. Hasta tal punto nosotros mismos estamos implicados en ella que nuestra vida nos va en ello[2].

En este sentido, lo que signifique ser «individuo singular» es algo que tendrá que descubrir cada uno de nosotros. La individualidad, «mi» individualidad, la de cada cual es un viaje de revelación en solitario hacia aquello que nos hace ser tales, nos constituye y da sentido a nuestra existencia. Pues bien, Kierkegaard realizó tal periplo. Al descubrirse a sí mismo también descubrió su singularidad y viceversa. Por eso podemos afirmar que el «den Enkelte» no fue en él meramente una idea, una categoría sin más, sino una revelación existencial que aconteció en su vida misma.

En verdad —volviendo al comienzo de la argumentación— no es que el concepto de «den Enkelte» esté dentro del de «individuo», sino que es el mismo concepto pero enriquecido y elevado a su máxima potencia. Digamos, incluso, que es ese punto donde desaparece el concepto y la realidad se hace omnipresente: nada más que la pura realidad de manera plena identificada consigo misma.

De todas maneras, hay que decir también que si es cuestión de intensidad, de más o menos, habrá que admitir algún tipo de escala dentro del mismo concepto, es decir, diferencias intrínsecas. Así, como ya sugería líneas más arriba, el concepto de «individuo» y el mismo término «den Enkelte» puede adquirir matices distintos dentro de la obra del danés. Con otras palabras, defendemos la idea —al igual que M. Fazio— de una consideración teleológica del hombre, en virtud de la cual “l?esistenza umana si concepisce come un proceso teleologico di autoperfezionamento”[3] .

En efecto, hay que hablar de la existencia de una analogía dentro del concepto. De este modo se puede conservar un mismo significado y a la vez admitir aquellos contrastes interiores. Parafraseando a Aristóteles, cabe decir que «el individuo se dice de varias maneras». Y esas maneras guardan una relación de semejanza y en parte de mayor o menor desemejanza con ese arquetipo de individuo que es el individuo singular. De forma más clara, cabe hacer una consideración del concepto de «den Enkelte» en sí mismo y respecto al de «individuo». Todo lo cual nos llevaría a la necesidad de establecer una tipología, esto es, una clasificación que dé razón de esa complejidad; y, en segundo lugar, una profundización y explicación del significado de “den Enkelte” en sí mismo considerado.

Pero me gustaría detenerme en el problema de si, dentro de dicha clasificación, es posible establecer un progreso o desarrollo que vaya del «individuo» al «individuo singular», esto es, al «den Enkelte». Justamente esa sería la postura defendida por GregorMalantschuk en su obra FraIndividtil den Enkelte[4], y que a su vez rechaza Marie Mikulová Thulstrup en un artículo denominado The Single Individual [5].

El objetivo de la obra de Malantschuk es explicar la problemática acerca del concepto de existencia en Kierkegaard. Su tesis principal es que aquella está formada por tres elementos (el sujeto, la libertad y lo ético) y que el individuo debe realizar en su existencia un recorrido que le lleve a ser «den Enkelte»[6]. Por su parte, Marie M. Thulstrup opina que la interpretación de Malantschuk no está de acuerdo con Kierkegaard mismo, puesto que no existe ninguna evidencia en sus textos[7] de que el individuo tenga que pasar por un largo proceso hasta llegar a ser el individuo singular (siendo el primero inferior al segundo). Para demostrar su punto de vista hace referencia a diversas obras pseudónimas de Kierkegaard. Es más, según ella resulta difícil distinguir entre el concepto de «individuo» y el de «den Enkelte»; para fundamentar su punto de vista recurre a diversos textos de los Dagbøger (Diarios) donde Kierkegaard no utiliza rigurosamente dichos términos. Su conclusión es que “la afirmación de Malantschuk sobre el desarrollo desde el individuo al individuo único no se mantiene. Como ha sido demostrado, frecuentemente Kierkegaard usó las palabras el individuo y el individuo único de forma arbitraria y sinónima”[8].

En mi opinión, no es del todo acertada la crítica de Marie M. Thulstrup a G. Malantschuk. En primer lugar, me parece peligroso o poco consistente hacer referencia a las obras pseudónimas de Kierkegaard para fundamentar su propio punto de vista; y mucho menos su afirmación de que la interpretación de Malantschuk“no está de acuerdo con Kierkegaard mismo”[9]. En segundo lugar, no creo que sea cierta la aserción de Marie M. Thulstrup de que Kierkegaard usara frecuentemente como sinónimos “individuo” e “individuo único” (“individual” y “single individual”); sobre todo basándose en tres textos de los Diarios. En todo caso, una cosa es que Kierkegaard sea en algunas ocasiones arbitrario en el uso de la terminología, y otra distinta el que actúe así con relación al concepto.

. Por otro lado, respecto a la cuestión de si hay una evolución, un progreso o desarrollo del individuo ejemplar al individuo singular, pienso que aunque pueda no encontrarse explícitamente en los textos de los Diarios de Kierkegaard, sin embargo es algo que implícitamente hay que aceptar. Y si consideramos su obra pseudónima, según Fazio, es posible hablar de un “diventareilsingolo” a través de las diversas situaciones existenciales o estadios[10]. Esta misma opinión la mantiene Velocci cuando afirma que “en este camino ascensional el hombre debe atravesar varias etapas, aquellas que Kierkegaard llama ‘estadios en el camino de la vida’”[11]; ahora bien, según Velocci sólo en la esfera religiosa el ser humano puede llegar a ser el individuo singular.

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Una atención aparte merecería, aunque sea breve, el concepto de hombre común, corriente o simple («den menigMand»; «den simple Mand»)[12]. El hombre común es el hombre de la calle; aquel individuo también sencillo, del pueblo, vulgar, poco o nada cultivado, de categoría social y económica baja. Su característica principal es la humildad, cuya referencia es Jesucristo. En este sentido, la humildad se relaciona con el hecho de llegar a ser un «yo» o «espíritu», y por tanto, con el de «individuo singular», en cuanto que éste debe renunciar al mundo para constituirse; de este modo J. Parkinson proclama: “Yo defendería que es exactamente el énfasis de Kierkegaard sobre la gravedad de llegar a ser un yo capaz de resistirse al mundo lo que hace tomar seriamente la referencia sociológica de la humildad mesiánica que él teoriza”[13].

La relación de Kierkegaard con este tipo de hombre fue un tanto curiosa. En principio hay que tener en cuenta que Kierkegaard pertenecía a la clase acomodada y burguesa de Copenhague; como tal, es normal cierto sentido aristocrático en su estilo de vida. Sin embargo, les guardaba simpatía[14]  e incluso admiración. Y eso a pesar de que fue objeto de burla e irritación por parte de ellos a causa de toda una campaña periodística en su contra (campaña orquestada por la revista satírica El Corsario). Se vanagloriaba de no haber ignorado ningún ser humano, ni siquiera al más simple[15].

La opinión de Kierkegaard sobre el hombre corriente es bastante positiva; como cuando afirma que entre ellos se encuentran las mejores personas[16], o que puede encontrar un hombre honesto, o que son buenos[17]. Al contrario, la opinión que según Kierkegaard tenía la clase más baja de la sociedad sobre él, es que estaba medio loco[18] ; quizás, como afirma en otro texto, porque el hombre corriente tiende a considerar cualquier heterogeneidad como una locura[19]. Seguramente, y para terminar con este tema, la importancia del hombre común para Kierkegaard estribe en su relación con el cristianismo del Nuevo Testamento. En éste encontramos cómo Jesucristo eligió a sus apóstoles y discípulos entre la gente sencilla o corriente[20].  Además, el escritor danés los considera como centro de disputa religiosa frente al cristianismo oficial o cristiandad. Por todo ello resulta comprensible la afirmación de Kierkegaard de que el hombre común es su tarea[21].

Concluyendo: a mi modo de ver, dentro del concepto de “individuo” en los Diarios de Kierkegaard habría que distinguir entre: a) «Exemplaret»; b) «den Enkelte». El primero de ellos, el ejemplar o copia, es el tipo más bajo de individuo; y su existencia carece de valor: es aquel que ha perdido o no posee una individualidad, que no tiene realmente la condición humana y se comporta como un animal. El segundo, en cambio, es de forma plena una individualidad cuya existencia realiza la idealidad de la condición humana: es aquella singularidad consciente de sí misma y del valor que posee su existencia.

Bibliografíautilizada

-BUKDAHL, J.: Søren Kierkegaard and the Common Man. Translated, revised, edited, and with notes by Bruce H. Kirmmse. Gran Rapids, Michigan: William B. Eerdmans. 2001.

-KIERKEGAARD, S.: Diario. Traducción incompleta del da­nés al italiano de los Diarios (Dagbøger; grupo A de los Papeles) realizada por Cornelio Fabro. Brescia, Morcelliana, 1980-1983 (3ª edición) en XII volúmenes.

-KIERKEGAARD, S.: Diario íntimo. Selección y traducción por Mª Angélica Bosco de la versión italiana de C. Fabro en tres tomos de 1948-1951. Barcelona, Planeta, 1993.

-KIERKEGAARD, S.: Obras y papeles. Versión castellana inacabada del original danés de Demetrio Gutiérrez Rivero. Madrid, Guadarrama, 1961-1969. 10 volúmenes.

Søren Kierkegaards Papirer (Papeles de Søren Kierkegaard). Segunda edición ampliada por Niels Thulstrup. Tomos I-XVI. Copenhague, Gyldendal, 1968-1978.

-KIERKEGAARDIANA, BIBLIOTHECA: Nº 16 Some of Kierkegaard’s main categories. Copenhague, Reitzels Forlag, 1988.

-FAZIO, M.: Un sentiero nel bosco. Roma, Armando Editore, 2000.

-MELENDO GRANADOS, T.: Metafísica de lo concreto. Sobre las relaciones entre filosofía y vida. Barcelona, Ediciones Internacionales Universitarias, 1997.

-PATTISON, G. /SHAKESPEARE, S.: Kierkegaard: The Self in Society. Houndmills: McMillan Press, UK and St. Martin’s. 1998.

-TORRALBA ROSELLÓ, F.: Dios, individuo y libertad. Barcelona, Universidad de Barcelona, 1993. Colección: Tesis doctorales microfichadas.

-VELOCCI, G.: Filosofia e fede in Kierkegaard. Roma, Città Nuova ed., 1976.

-WATKIN, J.: Kierkegaard. Londres, Geoffrey Chapman, 1997.

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[1] Para Tomás MELENDO, la persona tiene carácter absoluto en tres sentidos: a) respecto a la materia; b) respecto a la especie; y c) respecto al fin. Cfr. Metafísica de lo concreto. Sobre las relaciones entre filosofía y vida. Barcelona, Ediciones Internacionales Universitarias, 1997, pp. 196-210.

[2] En un texto temprano (1836) de los Diarios de KIERKEGAARD encontramos las siguientes palabras: «Det, der egenlig mangler mig, er at komme paa det Rene med mig selv om, hvad jeg skal gjøre, ikke om hvad jeg skal erkjende, uden forsaavidt en Erkjenden maae gaae forud for enhver Handlen. Det kommer an paa at forstaae min Bestemmelse, at see, hvad Guddommen egenlig vil, at jeg skal gjøre; det gjælder om at finde en Sandhed, som er Sandhed for mig, at finde den Idee, for hvilken jeg vil leve og døe». Papirer  I A 75. (En la edición española de Mª Angélica Bosco, p. 17-18). «Lo que propiamente me falta es tener claro yo mismo lo que tengo que hacer, no lo que tengo que conocer, a no ser que un conocimiento deba preceder a cualquier acción. Se trata de entender mi destino, de ver lo que la divinidad quiere en realidad que yo tenga que hacer; de encontrar una verdad que sea para mí, de encontrar la idea por la cual quiera vivir y morir».

 [3] FAZIO, M.: Un sentiero nel bosco. Roma, Armando Editore, 2000, p.71.

[4] Es también la postura de F. TORRALBA ROSELLÓ en su Tesis doctoral; cfr. p. 839.

[5] Cfr. Some of Kierkegaard’s main categories, En Bibliotheca Kierkegaardiana 16, Copenhague, Reitzels Forlag, 1988, pp. 9-25.

[6]Cfr. el prólogo de la mencionada obra.

[7] Julia WATKIN también parececontradecir a M. M. Thulstrup al expresarque «Kierkegaard explores through his authorship two main kinds of personal development: one in which the individual undergoes a spiritual development within the life-style, and another in which the individual’s intellectual understanding of the life-style undergoes development». Kierkegaard. Londres, Geoffrey Chapman, 1997, p. 25.

[8] «Malantschuk?s assertion about a growth from the individual to the single individual does not hold. As has been shown, Kierkegaard frequently used the words the individual and the single individual arbitrarily and synonymously». Ibíd, p. 22.

[9] « […], this interpretation is not in keeping with Kierkegaard, himself». Ibíd, p. 21.

[10] Cfr. el capítulo cuarto de su citada obra Un sentieronelbosco, pp. 63-83.

[11] «In questo cammino ascensionale l?uomo deve attraversare varie tappe, quelle che Kierkegaard chiama “stadi sul cammino della vita”». VELOCCI, G.: Filosofia e fede in Kierkegaard, Roma, Città Nuova ed., 1976, p. 97.

[12]Mención especial mereceaquí la obra de J. BUKDHAL, Søren Kierkegaard & The Common Man, (translated, revised, edited, and with notes by Bruce H. Kirmmse. Gran Rapids, Michigan: William B. Eerdmans), compuesta por una serie de conferencias en las que se destaca la importancia de este concepto kierkegaardiano en las diferentes partes de su obra.

[13] «I would argue that it is exactly Kierkegaard’s emphasis on the seriousness of becoming a self capable of resisting the world that mandates taking seriously the sociological reference of the messianic lowliness he theorizes». PATTISON, G./SHAKESPEARE, S.: Kierkegaard: The Self in Society. Houndmills: McMillan Press, UK and St. Martin’s, 1998, p. 167.

  [14]Søren Kierkegaards Papirer (Papeles de Søren Kierkegaard). (2º ed. ampliada por Niels Thulstrup). Copenhague, Gyldendal, 1968-1978, VIII 1 A 254.

 [15]  Ibid, IX A 55.

 [16]  Ibid, IX A 340.

[17]  Ibid, X 2 A 251.

[18]  Ibid, X 2 A 48.

[19]  Ibid, XI 1 A 310.

[20]  Ibid, XI 1 A 155.

[21]  Ibid, X 2 A 48.

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