• jueves , 28 octubre 2021

Martínez Rodríguez, L.: “El personalismo de San Juan de Dios a los cuidados de enfermería”

(Comunicación presentada en las VIII Jornadas de la AEP:
Bioética personalista:
fundamentación, práctica, perspectivas

Universidad Católica de Valencia
Valencia, 3-5 de mayo de 2012)

 

Martínez Rodríguez, L*

Professora Titular Centre  Docent Sant Joan de Déu

 ABSTRACT

No se puede entender la profesión de enfermería sin una aproximación personalista. El paciente se constituye fin y causa de sus actividades, y la concepción que se preestablece de lo que este paciente es y constituye determina las acciones y actuaciones del profesional. La trasformación de un paciente pasivo a un paciente protagonista de su historia, en un ser subsistente, autónomo, libre y trascendente  parece una trasformación actual y contemporánea, pero si revisamos la historia del ejercicio enfermero, podemos encontrar un referente en la persona de San Juan de Dios.

El acto de cuidar no puede ir en un sentido contrario a la concepción de persona. Cuando el profesional se plantea ¿qué debo hacer?,  la pregunta se complementa con ¿que debo hacer con/para esta persona. Ahí radica el punto de partida de las acciones: la persona.  Resulta necesario pues, preguntarse sobre qué es la persona para saber qué puedo  hacer con/para  ella.

El objetivo de esta comunicación es generar elementos de reflexión sobre los cuales construir la argumentación  de los cuidados de enfermería.

Para dar respuesta a esta cuestión podemos remitirnos a los cuidados que San Juan de Dios llevaba a cabo con sus enfermos, ya que constituyeron un giro personalista en aquella época, y que hoy en día son de total actualidad.

Cualquier reflexión sobre la persona es buena para una profesión que trata y cuida el estado vulnerable del ser y de su existencia, buscándo siempre el bien para éste, ya que fundamenta cualquier intervención, acción o proposición. No puede existir la enfermería sin una reflexión previa sobre el ser persona, no sería ético, ni científico.

INTRODUCCIÓN

No se puede entender la profesión de enfermería sin una aproximación personalista. El paciente se constituye fin y causa de sus actividades, y la concepción que se preestablece de lo que este paciente es y constituye determina las acciones y actuaciones del profesional. La trasformación de un paciente pasivo a un paciente protagonista de su historia, en un ser subsistente, autónomo, libre y trascendente  parece una trasformación actual y contemporánea, pero si revisamos la historia del ejercicio enfermero, podemos encontrar un referente en la persona de San Juan de Dios.

La concepción filosófica del hombre no es el argumento de fondo en el pensamiento del fundador de la Orden Hospitalaria, pero sí la indagación del sentido de la aflición patológica del hombre y como atenderlo.

No se puede entender el “estar” enfermo sin contar con un conocimiento sobre el “ser persona”, puesto que este conocimiento constituye el fundamento de los saberes del profesional de enfermería así como de sus actividades profesionales. De esta concepción antropológica se deriva en la concreción de la historia de San Juan de Dios, un concepto de persona enferma, y por tanto, toda una propuesta de actividades-cuidados- de acorde con esta antropología.

San Juan de Dios cita en sus cartas que los enfermos necesitan agua, comida, calor, medicamentos, vestidos, pero también cuidados en su alma [1].

De esta visión del ser humano nace una de las primeras aportaciones personalistas a los cuidados de enfermería. Sin una previa reflexión filosófica respecto a la ontogénesis , sino desde la aproximación y vivencia en primera persona de la  realidad empírica del hombre enfermo, San Juan de Dios descubre que esta realidad no es la sumatoria de una somatología  con una psicología sino también debe complementarse una dimensión social y trascendente.

MODELO DE ENFERMERÍA, ELEMENTOS Y CARCATERÍSTICAS.

Toda disciplina, inclusive la enfermera,  posee un marco conceptual o teórico formado por el conjunto de conceptos y teorias de base que son importantes para la comprención de ésta [2]. Estos conceptos pueden ser  inherentes a la propia desciplina, pero pueden ser extraídos de otra. Esto es lo que ocurre con el concepto persona y la relación que existe entre enfermería y  filosofía.

 La disciplina enfermera  posee y trabaja con conceptos propios que desarrolla a partir de la investigación, como son todos aquellos conceptos relacionados con el concepto cuidar. Pero debemos recordar que el cuidado se lleva a cabo en personas, por lo que los fundamentos teóricos sobre qué es la persona emanan de la disciplina que trabaja este a priori del modelo enfermero: la filosofía.

 Existe un esfuerzo importante por parte de la enfermería teórica de identificar los componentes científicos de la disciplina para fundamentarla como profesión autónoma [3], dándo como resultados teorías de enfermería. De estas teorías, más o menos restrictivas, surgen los modelos. Los modelos  son conjunto de ideas construídas sistemáticamente en base al método científico, que identifica los componentes esenciales de la práctica de enfermería [4] y como estos conceptos se relacionan entre sí [5].

Los elementos que constituyen un modelo de cuidados deben estar relacionados entre sí: los a prioris de los que parte, las opiniones y valores, muy especialmente los conceptos: persona, salud y cuidado; el objetivo de la actividad profesional y la metodología a utilizar.

La finalidad de la enfermería como disciplina radica en facilitar el conocimiento necesario y suficiente que deben utilizar los profesionales en su práctica. Conocimiento y práctica no pueden ir separadas [6], de la misma manera que ambas deben enmarcarse en un modelo teórico, metodológico  y tecnológico. Por este motivo es fundamental acotar bien la dimensión filosófica como base de inicio sobre la cual construir el futuro de la profesión. Y en este aspecto, el paradigma personalista, y el modelo de enfermería de San Juan de Dios tiene mucho que aportar.

EL PERSONALISMO EN SAN JUAN DE DIOS.

San Juan de Dios no era personalista [7], ni tan solo llegó a construir una teoría filosófica, ni una teoría enfermera, pero sí diseñó, y así lo recogen  sus cartas [8] y los testimonios de la época [9], un modelo de enfermería innovador en aquellos tiempos, y muy actual en el nuestro, donde el concepto persona-enferma  constituye el elemento central de su práctica.

Un modelo de enfermería representa las relaciones entre los conceptos salud, entorno, enfermería y persona [10]; y precisamente la definición de estos conceptos son los que guian la formulación de hipótesis, la observación y análisis de sucesos, así como la generación de preguntas [11].

Durante la época de San Juan de Dios , los hospitales eran famosos por el maltrato que recibían los enfermos [12]. Mientras la medicina y la ciencia alcanzaban un gran progreso, la enfermería vivía un “ periodo oscuro”. Los cuidados eran impartidos por personal religioso, muchas Órdenes dedicadas al cuidado de enfermos  nacieron en aquella época, respondiendo a los criterios de caridad como virtud religiosa [13].

Este es el eje central del modelo de San Juan de Dios: la caridad.

La caridad en el cuidado como metaparadigma del modelo, elevado a la máxima expresión: Caridad entendiada como el Amor de Dios [14].

El amor es la tendencia o, según los casos, el acto, que trata de conducir cada cosa hacia la perfección del valor que les es peculiar [15]. San Juan de Dios reconoce en el enfermo el valor de “lo único”, de lo irrepetible, de lo no numerable,  de lo no intercambiable ni fungible [16].

La caridad que lanza al hombre a buscar el bien, a vivir y no solamente a existir convirtiéndolo en un ser-viviente [17].

San Juan de Dios, a través de las práctica de la caridad en los cuidados, ve en el otro algo más que lo que tiene y posee en sus manos.  El inalienable valor de la persona se explicita a través de las siguientes características:  La persona como valor , el carácter autónomo, originario y estructural de la afectividad,  las relaciones interpersonales, la relevancia de la libertad y el amor, la corporeidad y la trascendencia [18].

La persona como valor

 

La persona tiene para San Juan de Dios un valor significativo. Tal es así que experimentar y ver el trato inhumano  que reciben los enfermos en el hospital es el inicio de su labor hospitalaria, puesto que eran tratados casi como animales. En alguna ocasión San Juan de Dios  denuncia al Rey que sus caballos reciben mejor trato que los enfermos que él atiende.

Es precisamente el objetivo de su  carisma, restituir al enfermo el valor de ser persona, y lo hace contemplando muy detenidamente las dimensiones afectiva, social, corpórea y espiritual.

Esta concepción de la persona, y muy concretamente del enfermo, es la que se mantiene vigente hoy en día [19].

El ser humano, y muy especialmente el ser humano enfermo es la  expresión de la vulnerabilidad que se hace patente en cada momento en que experimenta una necesidad, un miedo. El ser humano es constitutivamente un ser vulnerable, y se autopercibe como tal. “Entendemos por vulnerabilidad aquella condición humana por la que su vida  sobrenada dentro de ciertos límites y exigiendo ciertos contenidos sin los cuales dejaría de ser tal (alimentos, casa, libertad, valores, plenitud espiritual…)” [20].

Esta concepción antropológica es la que permite construir un modelo de cuidados juandedianos.

El carácter autónomo, originario y estructural de la afectividad

 

La afectividad es un fenómeno sustancial a la persona pues nadie puede negar ni renunciar a esta parte [21]. El ser humano, por el hecho de ser persona tiene una dimensión afectiva. Esa dimensión afectiva se puede considerar que estructuralmente todos la poseen, pero todos la poseen de forma distinta, pues la afectividad de una persona es diferente a la de otra. Luego nuestra afectividad es genuinamente diferente a la de otros, de la misma manera que nuestro código genético es diferente a la de otros. Consecuentemente debemos aprender a gestionar nuestra afectividad de forma autónoma, aunque pueden verse influida con las proyecciones de la afectividad de otro sobre mí.

Lo importante para San Juan de Dios es la afectividad del enfermo y no tanto la del cuidador, pero para llegar a esto San Juan de Dios parte de la experiencia de la Caridad en su propia persona, en su propia vida. Sólo aquel que experimenta la Caridad en su vida es capaz de transmitirla al paciente. En este sentido,  San Juan de Dios buscaba profundizar en su afectividad, conocerla y trabajarla para entender y ayudar a los enfermos. De ahí los diferentes encuentros con el padre San Juan de Ávila, buscando entender todo aquello que pensaba y sentía.

La afectividad lleva implícita una dimensión espiritual. Fue precisamente la conversión de San Juan de Dios despues de escuchar un sermón de San Juan de Ávila lo que trastocó su afectividad sintiéndose indigno de la Caridad – expresión del Amor de Dios- en su vida.

 “¡Misericordia, Señor, Misericordia!” [22]Y se golpeaba el pecho, arrancándose los cabellos y la barba, de tal manera que algunas personas, tomándole por loco, lo llevaron al manicomio de la ciudad.

 Para San Juan de Dios la importancia en la autocomprensión es la de la “vocación personal” , que siempre acompaña al ser humano, entendida como “voz que señala lo que uno debe hacer para ser auténticamente él mismo… la actitud y una conducta ante la propia vida, en la cual se funden o íntimamente se articulan tres momentos constitutivos: la vocación del hombre, la vocación de ser un modo de ser hombre, y la vocación de ejercitar personalmente el “modo de ser” elegido: ser original  y ser lo que uno puede ser” [23].

En este sentido para San Juan de Dios  la idea completa de hombre, la idea integral es la de una existencia humana con relación a Dios [24], de ahí la importancia de los cuidados espirituales.

Las relaciones interpersonales

 

Para San Juan de Dios lo importante acontece entre el yo y el tu,  expresado y construido desde la compasión. Experimenta que la caridad lleva a la misericordia y la materializó en la Hospitalidad [25].

De aquí deriva en la vida de San Juan de Dios  que ésta se convierta en una “tarea”  toda ella, una labor a realizar que le compromete e interpela hasta su muerte. Una tarea inacabada puesto que el sujeto siempre se pregunta, se busca, se cuestiona convirtiéndose él mismo en una realidad inacabada. De ahí la introspección contínua de  San Juan de Dios [26].  Esta introspección se hace evidente en la relación con el otro, este interactuar del Yo frente al Tu [27]. En la realidad del otro me veo yo, y viceversa. Fué la experiencia de su enfermedad lo que desató la conciencia del “otro enfermo”.

Comprender al otro significa conocer el sentido de sus acciones y obras. ¿Pero cómo lo conocemos- esto es- como ser viviente dotado de libertad e intimidad en el que simultáneamente veo “otro que yo” y “otro como yo”?

El ser humano no vive entre otras personas ni en el mundo de una manera accidental u optativa, sino que su relación con lo que le rodea es esencial, constitutiva intrínsecamente, tanto de su personeidad como de su personalidad,  la relación, en la persona, es algo “de suyo”. San Juan de Dios lo hace visible a través de la escucha, de la atención al otro, y vuelve a ser la caridad – el amor- el principio de reciprocidad de las personas y comunión de las consciencias [28].

La relevancia de la libertad y el amor

 

La capacidad de amar y la libertad de hacer el bien está por encima de cualquier otra característica constituyente de la persona.  Es precisamente en la dimensión espiritual de la persona en la que el ser humano fundamenta su libertad ontológica [29],  pero es através de la experiencia autónoma de la afectividad en la que el ser humano ahonda en su propio ser y se engrandece.

La experiencia de la misericordia produce en San Juan de Dios un sentimiento de angustia  que lo predispone abierto al Tu de Dios. Se configura a partir de este encuentro un nivel de trascendencia en el que el hombre se constituye en verdadera persona y se inicia el diálogo del yo humano y el Tu de Dios [30].

Es tal la fuerza de la esta experiencia que San Juan de Dios recurre contínuamente  a este diálogo como forma de curación del enfermo, e incluso del sano.

Diariamente, después del atardecer, salía con un cesto de mimbre a las espaldas y dos calderos colgados de los hombros, a pedir limosnas para sus enfermos. “Hermanos, haced el bien a vosotros mismos” —gritaba por las calles, manifestando que quien da al pobre le presta a Dios.

Para San Juan de Dios cualquier vida humana constituye en sí misma una llamada, una vocación personal al amor. Sin atención, cuidado y amor, la vida no sabe crecer ni perdurar de forma adecuada. Sin amor la vida muere, y con ella la persona. Por esa razón la caridad es el eje central de los cuidados a los enfermos, pues a pesar de la vulnerabilidad de lo que la enfermedad supone para la persona, San Juan de Dios es capaz de rescatar a la persona de la muerte en vida y resituarla en su historia.

La corporeidad

 

La consideración global de la persona y su concepción del cuerpo humano establecen un patron de cuidados innovador para aquella época. La higiene, la alimentación, la separación de los enfermos por tipos de enfermedades, el trato de la persona y no de la enfermedad son distintivos en San Juan de Dios. No solamente la dualidad mujer-hombre son importantes, sino la importancia que reconoce a la mujer en cuanto a persona en los aspectos de corporalidad, razón y afectividad [31].

La corporeidad hace posible la experiencia de la enfermedad, pues ésta  actualizada preponderadamente en el cuerpo, en el sentido holístico del término se relaciona directamente con la tensión del ser humano consigo mismo (tensión interior) [32], con los otros, con la naturaleza y la técnica (tensión exterior), y la tensión del ser humano y la esfera de lo invisible (tensión transcendental). Cuando en este tipo de relaciones con distintos polos surge el desequilibrio o la alteración negativa, el ser humano experimenta la enfermedad y sufre [33].

Por este motivo, no sólo atendía a la enfermedad corpórea, sino que  socorría a los pobres vergonzantes, es decir, a ricos que habían caído en la miseria; llevaba alivio moral y material a los presos; socorría a los obreros desempleados, a los estudiantes sin recursos y hasta a los monasterios necesitados; asistía a las casas de doncellas pobres, viudas desamparadas, amas de casa necesitadas y a todas les llevaba el sustento necesario; buscaba dote para casar doncellas, amparaba a las huérfanas en riesgo de perder su virtud; socorría a los pobres que tenían algún pleito para defender lo que era suyo y a los soldados con el sueldo atrasado. Su hospital era la casa propia de los pobres y peregrinos sin posada [34].

Todo eso lo hacía con la intención de, a través de los cuerpos, salvar las almas, de ahí la importancia de la dimensión transcendental o espiritual de la persona.

La trascendencia

La trascendencia tiene en San Juan de Dios dos connotaciones importantes. Por un lado la dignidad de la persona humana se fundamenta en su condición de ser espiritual.  El ser Humano como Imago Dei, como un ser-viviente con apertura al Tu, a Dios, le confiere  un valor sagrado e inviolable. Es precisamente la dimensión trascendental en donde se fundamenta la dignidad de la persona como hecho constituyente [35].

La segunda connotación radica en que San Juan de Dios siente la potencia de Dios en el enfermo, y concluye que la expresión de la Bondad Infinita es cuidar pero ofreciendo más que paliando las necesidades somáticas. En cualquier situación, en cualquier contexto e historia de vida, por humillante y despreciable que pueda parecer, la persona busca sentido a su vida [36]. Este sentido a la vida lo da la experiencia de Dios y la entrega sincera a los demás [37].  Aquí radica la fuerza que adquiere su obra y que se evidencia en casi quinientos años de cuidados.

La dimensión tracendente se evidencia en los dos protagosnistas de la relación de cuidado: en el enfermo, ya que este debe encontrar sentido a su vida en el sufrimiento de la enfermedad, o simplemente por el mero hecho de dotar de un nuevo sentido a los cambios que estan aconteciendo en su vida. Por otro lado, el cuidador se pregunta sobre la posibilidad de ver en el otro la enfermedad como potencia de su propio yo en tanto que actualiza su ser transcendente.. Ambas situaciones suponen necesariamente explicitar la transcendencia y hacer un proceso de introspección.

Para llegar a conocer las dimensiones constituyentes del ser humano en tanto que persona deben realizarse correlativamente tres ejercicios: la meditación, para buscar la vocación y escuchar esa voz interior fruto de la interiorización en la afectividad, el compromiso, como capacidad de relación entre el yo y el tu desde la libertad  de la persona, y el desprendimiento, fruto del amor y de la experencia de la y trascendencia [38].

 

CONCLUSIÓN

Durante el siglo XX se han desarrollado muchas modelos de enfermería, casi todos ellos contemplando a la persona desde una visión holística. En algunos casos se le da más importancia a la dimensión física, y otros modelos destacan la dimensión espiritual, pero la mayoría de ellos nacen a la luz del personalismo.

Lo significativo es que este pensamiento personalista ya tiene un precedente en los cuidados iniciados por San Juan de Dios. Entendiendo por personalismo  toda doctrina, o  toda civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los mecanismos colectivos que sostienen su desarrollo[39], podemos entender las implicaciones que tuvo para la enfermería esta antropología practicada[40] por el Santo en que el ser enfermo se categoriza como persona, y como persona especialmente vulnerable.

Las argumentaciones de la ciencia dentro del paradigma positivista no son suficientes para razonar satisfactoriamente la patogénesis de cualquier proceso de enfermedad en la persona, y mucho meno, fundamentar de forma reduccionista la intervención terapéutica.

Históricamente las enfermeras han realizado la labor de cuidado hacia  los demás cuando sus condiciones o recursos de salud les impedían hacerlo por sí solos, buscando desarrollar su trabajo en aras del buen hacer profesional[41]  y concretando su trabajo en las personas. Pero parece justo reconocer que la enfermería impregnada de pensamiento personalista no se inicia en el siglo XX, pues en el siglo XVI San Juan de Dios ya recoge esta concepción en su modelo de cuidados.

Esta reflexión antropológica  nos puede permitir restituir todas las dimensiones de la persona para constituir la enfermería del futuro[42] implicada y responsable.

Nuestra propuesta parte de no hacerlo desde una tabla rasa, sino desde la experiencia de años de historia y de ejemplos como el de San Juan de Dios, pues el modelo que presenta le ha permitido trascender en el tiempo.

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–          TORRALBA, F: Necisidades espirituales del ser humano, en Labor Hospitalaria 1/271 . 2004

[1] SAN JUAN DE DIOS,  Letra viva. Cartas y escritos de San Juan de Dios. Secretariado de Vocaciones. Hermanos de San Juan de Dios. Província de Castilla, Madrid  1965.

[2] C. GARCIA MARTIN-CARO, Mª C.  SELLAN SOTO, Fundamentos teóricos y metodológicos de enfermería. Ed. Lebosend  SRL, Madrid  1995,  p. 9.

[3] Ibid, p.10.

[4] C. ROY, Y. RIEHL: Conceptual models for Nursing practice (2ª ed),  Appleton.Century-Crots Ed. New York  1980.

[5] C. GARCIA MARTIN-CARO, Mª C.  SELLAN SOTO,  Fundamentos teóricos y metodológicos de enfermería, cit, p.10

[6] S. DONALSON, D.  CROWLEY: The discipline of nursing. Nurs Out 1978; 26(2): 113-120.

[7] No creo pertinente considerarlo personalista estrictamente hablando, ya que ésta es una corriente que nace en el siglo XX, aunque sí se podría enmarcar su  praxis dentro de una filosofía personalista ya que tiene elementos  afines.

[8] SAN JUAN DE DIOS , Letra viva. Cartas y escritos de San Juan de Dios,  cit.

[9]J.L,  MARTÍNEZ GIL,  San Juan de Dios. Fundador de la fraternidad hospitalaria, BAC,  Madrid  2002.

[10]M.R ALLIGOOH, A. MARRINER TOMEY, Modelos y teorías en enfermería ( 7ª ed),  Ed Masson, Barcelona 2011,  p. 160

[11] S. KEROVAC, J. PEPIN, F. DUCHARME, A. DUQUETTE, F. MAJOR F,  El pensamiento enfermero. Editorial Masson., Barcelona 1996, p. 160

[12] E. REYES GOMEZ, Fundamentas de enfermería. Ciencia, metodología y tecnología,  Ed Manual Moderno. México 2009,  p. 13.

[13] S. KEROVAC, J. PEPIN, F. DUCHARME, A. DUQUETTE, F. MAJOR F: El pensamiento enfermero, cit . p.36

[14] Entendiendo que Dios es Amor Infinito , Inagotable y Absoluto, por lo que la vocación de la persona a amar, y hacer crecer este amor, a cuantas personas se relacionan.

J. BARRACA, Bioética desde lo irrepetible de la persona: la vida humana como realidad única y personal.   (Edición virtual). Disponible en https://www.personalismo.org/recursos/articulos/#B . (Fecha de consulta: marzo de 2012) , p. 6

[15] M.SCHELER,  Esencias y formas de la simpatía, Ediciones Sígueme, Salamanca 2005, pp. 225 ss.

[16] E. FORMENT,  Id a Tomás, Ed Fundación Gratis Date, Pamplona 1998. p.118

[17] J. BARRACA: Bioética desde lo irrepetible de la persona: la vida humana como realidad única y personal.   (Edición virtual). Disponible en https://www.personalismo.org/recursos/articulos/#B . (Fecha de consulta: marzo de 2012)

[18] J.M.BURGOS, Notas sobre la bioética personalista,   (Edición virtual). Disponible en https://www.personalismo.org/recursos/articulos/#B . (Fecha de consulta: marzo de 2012)

[19] OMS, Dolor por cáncer y cuidados paliativos. Colección “Informes Técnicos” 804. Ginebra, 1990.

[20] Concepto formulado a partir de la descripción del ser vulnerable de DUSSEL, E: ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión.Ed Trotta. Madrid 1998; citado por F. TORRALBA en Antropología del cuidar, Ed. Maphre, Barcelona 1998,  pp. 241-244.

[21] J.M.BURGOS: Notas sobre la bioética personalista,  cit.

[22] P. RIBADENEIRA, San Juan de Dios, in Dr. E. VILARRASA, La Leyenda de Oro, L. González y Cía, Barcelona, 1896, t. I, pp. 537 y ss.

[23] P. LAIN ENTRALGO,  Idea del hombre,  Círculo de Lectores. Barcelona 1996  , p. 46

[24] J. MARITAIN. La educación en Este Momento Crucial. Ed Desclee de Brouwer. Buenos Aires 1965. p.20

[25]El valor principal de la Orden Hospitalaria es la Hospitalidad tal y como se recoge en su Carta de Indentidad.

[26] Recordemos a este propósito a Marcel, quien ha descrito el misterio como aquella cuestión o interrogante que incluye al propio sujeto al que se le presenta (al contrario que el mero “problema”) .     G. MARCEL., Ser y tener, Ed. Caparrós, Madrid  2003.

[27] M.BUBER, Yo y Tu. Ed Caparros. Madrid 1998

[28] M. NEDONCELLE, La réciprocité des conscientes, Aubier,  Paris 1942. p. 319.

[29]S.KIERKEGAARD, Diario de un seductor, Alianza Ed,  Madrid 2008,  p. 3

[30] S .KIERKEGAARD,  Temor y temblor, Alianza Ed. Madrid 2007, pp. 51 – 52.

[31] E.STEIN. La mujer. (2ª ed), Palabra. Madrid 1999.

[32] S .KIERKEGAARD: El concepto de angustia. Alianza Ed. Madrid 2007.

[33] P.  De LLANOS PEÑA,  Pensamiento antropológico de  Laín  Entralgo. Ser humano y estar enfermo. Tesis Doctoral. Departamento de Filosofía y Lógica y Filosofía de la ciencia,

UNIVERSIDAD DE SEVILLA. Sevilla 2001. p. 168

[34] P. RIBADENEIRA:  San Juan de Dios, in Dr. E. VILARRASA, La Leyenda de Oro, cit. pp. 537  ss.

[35] G.MARCEL,  El hombre problemático, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1956.  p.19-21

[36] V. FRANKL, El hombre en busca de sentido (21 ed.) Ed Herder, Barcelona 2001

[37]Al igual que M.Buber  y E. Levinas, Karol Wojtyla   defiende esta entrega como forma de realización y de encuentro con el amor humano, entendido como caridad en San Juan de Dios.

[38] C. GOÑI, Narices de los Filósofos. Ed Ariel. Barcelona 2008, p. 245

[39] Conc. Vat. II, Gaudium et Spes n. 51,3

[40]San Juan de Dios no llega a construir una teoria , ni tan solo una contribución filosófica, pero desarrolla toda una serie de prácticas que sustentan este penssamiento antropológico.

[41] E. REYES GOMEZ, Fundamentas de enfermería. Ciencia, metodología y tecnología, cit. p. 39

[42] F. TORRALBA  Antropologia del cuidar,  Ed. Maphre, Barcelona 1998

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