• martes , 27 julio 2021

Mroz, M.: “La definición de la muerte del hombre en el contexto del problema del transplante de órganos. Observaciones y preguntas de un personalista”

(Comunicación presentada en las VIII Jornadas de la AEP:
Bioética personalista:
fundamentación, práctica, perspectivas

Universidad Católica de Valencia
Valencia, 3-5 de mayo de 2012)

Miroslaw Mroz*

El personalismo polaco y su concepto de la persona

Las pruebas de las respuestas a las preguntas sobre la muerte del hombre y sobre el momento en que llega muestran que esta cuestión es más complicada de lo que puede parecer. El desarrollo de la medicina contemporánea ha hecho que el entendimiento tradicional de la muerte sea relativizado. Especialmente difícil es el problema de la muerte del cerebro,  que no se corresponde totalmente con  el estado del cuerpo humano, tradicionalmente  asociado a la muerte. En este caso la comprensión intuitiva de la muerte tiene su reflejo en la consciencia de los hombres, en el sentido amplio de la cultura tradicional de la muerte, y, asimismo, en la evaluación del estado del paciente con el recelo de la muerte del cerebro en contacto directo,  que a veces contrastan con la rutina de los mantenimientos y con el idioma en la medicina. La mirada a la muerte necesariamente supera los límites de la medicina y esta nueva imagen es importante para la misma medicina, y también para el derecho, la sociología o la antropología filosofía o y teología.

La muerte del hombre hasta hace poco tiempo no fue considerada como un problema difícil de definir.  La mayoría consideraba que la división entre el alma y el cuerpo significaba directamente la muerte del hombre. La aparición de los conceptos de “estado vegetativo” y de la “muerte del cerebro” ha cambiado la comprensión de la muerte. La definición del momento de la muerte ha sido objeto de los debates y las discusiones más polémicas. (Posteriormente) aparecieron las teorías que mostraban que la muerte de la persona humana es diferente de la muerte del mero organismo.

Del mismo modo surge  la pregunta sobre la identidad del hombre: ¿Si se puede ser  una persona humana de modo parcial, y de modo imparcial, no? Si se divide lo material (el cuerpo) de lo espiritual surge una serie de los problemas invencibles. Los personalistas polacos anteriores, por ejemplo: Franciszek Sawicki (1877-1952; Pelplin-Toru?), Wincenty Granat (1900-1997; Lublin); Stefan Swie?awski (1907-2004; Kraków), Karol Wojty?a (1920-[Jan Pawe? II] 2005; Kraków-Rzym), Mieczys?aw Albert Kr?piec (1921-2008; Lublin), Czes?aw Bartnik (1929-; Lublin), Mieczys?aw Gogacz (1926-; Warszawa), y tambien los que todavía toman la palabra en las cuestiones bioeticas: Józef Wróbel, (1952, bp, Lublin), Piotr Morciniec (1960, Opole), Marian Machinek (1960, Olsztyn) unánimemente subrayan que se puede ser persona solamente en la unidad psicofísica, sino no se puede serlo y no se puede hablar de ningún estado personal limitado. Por eso los derechos que tienen los hombres también se pueden tener en su totalidad, o de ningún modo.

El personalismo polaco, a diferencia de las otras corrientes del pensamiento filosófico, no tiene un único representante-fundador, aunque el mundo, sin duda, menciona sus principales representantes, especialmente Karol Wojtyla. Esta corriente no es el  resultado del trabajo de una persona o un grupo de personas, cerrados en su propio mundo. Su génesis es muy distinta, los representantes de esta corriente derivan de los definidos contextos culturales que tienen su propio preciso fondo histórico.  Por ejemplo, el personalismo de Francisco Sawicki de la parte de Pomerania, cerca del gran rio polaco, Vistula, engendró “la frontera polaco-alemana”, la inscripción de su pensamiento en el espacio de las investigaciones y búsquedas vivas en la filosofía alemana. El ideal de personalidad (la primera edición en 1909 año), el libro que inició esta parte del personalismo polaco fue escrito en alemán. El norte de Polonia hasta  el año 1918 estaba anexionada a los prusianos, pero a pesar de eso, el pensamiento de F. Sawicki tiene gran dosis de independencia, aunque es cercana al ambiente filosófico de Friburgo de Badenia donde nuestro personalista ha estudiado. Todo esto es un testimonio del encuentro entre las culturas.

En Polonia, el libre personalismo fue desde principio una de las principales direcciones del pensamiento racional. Indudablemente, es por eso, entre otras causas, que esta corriente puede extraer profundamente las inspiraciones, desde los atesoramientos del pensamiento humano y europeo, y desde el mismo Evangelio y la fe católica, que siempre fue muy viva en Polonia. Sin duda desde los comienzos del pensamiento personalista, las corrientes principales de la antropología, fundadas en el agustinismo o en el  tomismo, tienen también los rasgos característicos de los ambientes, donde se desarrollan. Típicamente polacas son, entre otras, las siguientes cuestiones: la convicción sobre el ilimitado valor del hombre, la opción a favor de la defensa de la dignidad de la persona, de la comunidad y de las relaciones interpersonales (la nación, el estado, la comunidad de la fe); y al mismo tiempo, (marcadamente trazada) la individualidad personal, el rasgo esencial de la espontaneidad de las pasiones y emociones, la idea de subjetividad, la sensibilidad hacia la libertad personal y social, con cierta consciencia nacional y con la lectura mesiánica del propio futuro. El personalismo polaco fue cierto género del sistema de pensar,  que, por largo tiempo, ha mostrado las procedencias de los pensamientos de las culturas vecinas, para, al fin, manifestar  su propio concepto de la persona,  considerada como un hombre, que es sujeto y individuo  con la propia prerrogativa de la libertad.

El personalismo polaco muestra su propia cara en el contexto del peligro contra la nación, en el encuentro con las corrientes de las ideologías totalitarias: el socialismo nacional y comunismo, que destruían los axiomas anteriores acerca de los valores del ser del hombre. Francisco Sawicki en un libro suyo muy conocido Rasa y punto de vista, que fue editado poco antes de II guerra mundial en 1938 año, advirtió contra la degradación de la persona humana en las contemporáneas teorías racistas. Karol Wojtyla, el importante personalista polaco del periodo de postguerra combate contra el comunismo y su falsificación de la naturaleza humana, especialmente en el ambiente de la acción humana, también en el aspecto de las obras exteriores, incluso el trabajo humano.

Karol Wojtyla construyó la mirada al hombre desde la perspectiva ética, y en su obra mayor Persona y acción (Cracovia 1969), que es un sui generis estudio del ambiente de la antropología cristiana, inspirado en la fenomenología, el tomismo y en el espíritu del humanismo, muestra el concepto de la persona humana como el sujeto soberano. La idea de la persona, su auto creación, sus fines, su autonomía y sus dependencias, están mostradas según el ejemplo de la obra anticipada por la propia decisión. Sin duda alguna, Wojtyla perdura en el ambiente del tomismo clásico aunque su pensamiento tiene un espíritu nuevo y nuevas inspiraciones. El mismo Tomás de Aquino es para él, como dice en  la encíclica Fides et ratio “la novedad no pasable”. Pues, el Aquinate subrayó el contenido del concepto del hombre en el contexto de la verdad sobre su existencia como ser personal, que es el ser subsistente, racional,  que tiene poder sobre sus acciones, (dominium sui actu), es libre desde su naturaleza, y existe para sí mismo. Por eso Wojtyla toca en su obra los siguientes problemas: la subjetividad de la persona, su eficacia y coherencia, la potencialidad, e introduciendo el concepto de la participación, muestra la posibilidad de vivir en la comunidad del amor con Dios en Cristo [1].

De modo similar han hecho sus discípulos, los otros personalistas que siguen las huellas de Wojtyla,: Tadeusz Stycze? (1931-2010) o Andrzej Szostek (1945-) y también Czes?aw Bartnik, pero este último – como experto del pensamiento de Francisco Sawicki, subraya más el rasgo onto-historico de la persona humana.

Yo personalmente derivo mi propia orientación personalista desde del personalismo polaco, desde Francisco Sawicki, por mi origende Pomerania acerca de Vistula, por mis estudios filosóficos en Alemania en Münster (mi tesis doctoral escrita en el tema de la filosofía de la personalidad de F. Sawicki en 1991 año) y estudios teológicos en Roma (la tesis doctoral en la base del pensamiento de K. Wojtyla, escrita en 1988 año). Por eso el pensamiento de estos personalistas polacos esta en el fundamento de esta comunicación, también en los casos, cuando los no están directamente llamados. Ambos, aunque de los diferentes puntos de vista y partida, F. Sawicki desde del existencialismo alemán, K. Wojtyla desde la fenomenología, son tomistas “dinámicos”, desarrollando propio personalismo en la base general del pensamiento del Aquinate y de la fe cristiana.

Sin salirnos del tema de nuestra comunicación referido al problema de la muerte, se puede decir generalizando, que el personalismo polaco de modo tradicional en esta cuestión se refiere al pensamiento tomista. El hombre recibiendo el concepto hile mórfico, es el compuesto de la materia y forma, compositum humanum. El cuerpo y alma crean al hombre, algo más, el alma “teje” su cuerpo, como escribió Stefan Swie?awski, estos elementos juntos crean al hombre y pertenecen a su esencia [2]. Esto explica el hecho,  de que tanto el primero como el segundo elemento de la naturaleza humana son necesarios para la existencia. Ni la materia, ni la forma del cuerpo (el alma) pueden existir y funcionar independiente del otro [3].

F. Sawicki tomando algunas intuiciones de la filosofia existencialista de M. Heidegger i M. Schelera, en su Der Sinn des Lebens [4], y también en la Vida humana (?ycie ludzkie[5], pero manteniendo su orientación de la fe, dice que el cuerpo se envieje y se envieje el alma”, la muerte es más destructiva de lo que generalmente se piensa porque afecta a todo hombre. Afecta al cuerpo y al alma, pero esta última no está destruida. Esto que no se refiere a la fuerza de la muerte,  viene de la relación y la vista de Dios al hombre. El hecho de que el hombre no haya desaparecido antes de la cara de Dios,  lo agradecemos a la fuerza de su amor. Pues solo Dios puede en cada momento resucítarlo de nuevo, desde los muertos hacia la novedad de la vida con toda la creación nueva, que se refiere al todo mundo. Desde Tomás de Aquino se acepta, que „cada criatura creada no puede ser llamada en el sentido absoluto efimera” [6], y, que „todas obras de Dios perduran en la eternidad [7]. K. Wojty?a escribe: „La eternidad es estrechamente ligada con la espiritualidad de la naturaleza racional en que la persona constituye. Esto que es espiritual no puede ser subordinado a la desintegración, destrucción y muerte” [8].

Estas verdades son derivadas de la fe, pero no son contrarias a la razón humana, al revés: las verdades de la razón sin prejuicios no son contrarias a la fe – credo ut intellegam, pero también al reves intellego ut credam. Esta unión de la razón y la fe es el rasgo fuerte del personalismo polaco. Arthur Schopenhauer (ciudadano de Gdansk, de nacimiento), el filosofo pesimista, aunque muchas veces criticado por F. Sawicki, por la fuerza de su intelecto ha postulado, que no es pues contrario a la doctrina cristiana tradicional acerca de no pasibilidad: in nihilum nihil potest reverti” [9]. “A pesar de miles años de la muerte y desintegracion no está perdido nada, ningun atomo de materia, tanto más nada de la esencia interna, que aparece como la naturaleza. Por eso podemos en cada momento gritar alegremente: a pesar del tiempo, la muerte y descomposición estamos todos juntos” [10]. No se puede directamente no existir. Esta frase podría pertenecer a las formulaciones y al ambiente teológico, que por el Aquinate está nombrada revelabile, y que no es otra cosa que la teología natural. Santo Tomas de Aquino formula sus propias consideraciones la mayoría de las veces en la base de la Revelación y la fe, porque en este caso, el hombre sabe, que existe Dios Creador, donde el mundo, y también el hombre, con el cuerpo y alma, esta considerado como creatura, y esto significa que existe directamente desde la voluntad del Creador que lo llama a la vida. Entonces recibió su ser desde y por la fuente creadora. Por eso, las criaturas podrían volver a la nada de este modo como se derivan de nada, pero con condición que todo esto está querido por Dios” [11], porque Dios „ha creado todo para vivir” (Sbr 1, 14), no para de girar de nuevo en la nada. Por eso, el hombre dura después de la muerte, y esto significa también, que la única, la ultima recomendación de la estabilidad de su ser es la Voluntad del Creador. Todo, lo que realmente existe es gracias a su fuerza y también es bueno en si mismo y esto fue comprobado y está comprobado por Creador.

En general en el personalismo polaco, en F. Sawicki o en K. Wojtyla presentan dos posturas. Por un lado las consideraciones filosóficas racionales y autonómicas, se basan en las suposiciones de la razón y experiencia. Por otro lado se refieren a la fe fundada en la Revelacion, donde Dios-persona es la expresión plenamente pensada de la “buena noticia” sobre el hombre. Se necesita tener en cuenta estos contenidos considerando cualquier cuestión acerca de la persona humana, que es „sujeto subsistente de existir y obrar” [12], „la individualidad espiritual de modo total definida” [13]. „Esto contiene alguna similitud especial con Dios, que en toda creación expresa su pensamiento y contenido” [14].

2. El desarrollo de la trasplantología y comprobación del momento de la muerte.

La discusión acerca del tema de la muerte como el cumplimiento del estado de homo viator y  la comprobación de que es la muerte, es un asunto muy difícil. Tanto la medicina contemporánea aplicando el trasplante de los órganos, como el dinámico desarrollo en la trasplantología han causado nuevos problemas en el ambiente de aprovechar estas posibilidades. Los avances de la reanimación, la posibilidad de mantener la respiración con ayuda del respirador, y por derivación del trabajo del corazón y del aparato circulatorio, abrieron el camino para sostener los órganos de los muertos como los donantes potenciales en el estado que sirve a la trasplantación. Por eso se empieza la discusión acerca de cuándo el hombre muere verdaderamente: si, cuando cesa de palpitar su corazón, como pensaban todavía. La absorción de los tejidos, que practicaban antes, no necesitaría tanta prisa como la trasplantación de los órganos enteros. Fue suficiente el tiempo de la autopsia acelerada. El desarrollo de la trasplantología ha mostrado las nuevas preguntas y dilemas, por ejemplo, cómo reconocer si en el caso del hombre conectado con respirador tenemos solamente la ventilación del cadáver o bien tenemos constantemente un hombre vivo. En este momento del desarrollo de la medicina es necesario comprobar los criterios unívocos de la muerte, para poder separar los medios de sostener la vida y para poder absorber los órganos para trasplantar.

La muerte pertenece a los hechos incontestables, aunque sea cierto lo que algunos afirman que la muerte es solamente algo aparente. Sin embargo, en la realidad podemos decir solamente que sacamos nuestro saber en esta dimensión solamente del hecho de la muerte del otro. La muerte es siempre para nosotros el asunto de los otros, no el nuestro. La definición de la muerte en la fórmula del personalismo cristiano está considerada tradicionalmente como la separación el alma del cuerpo, pero esta definición es ajena para las ciencias empíricas. En estas dimensiones el hecho de esta separación es incognoscible.

Teniendo en cuenta las reglas distintas en el proceso de morir, hasta hoy prácticamente hemos usado la definición clásica del momento y de la frontera de la muerte, comprobando la perdida de la circulación de sangre y de la respiración. Conforme con esto, la señal directa de la desaparición de la vida del hombre es el hecho de que el corazón ha dejado su trabajo natural: directamente no palpita y el hombre o respira. Pero estas señales son a veces inseguras. Su apariencia indica que el hombre realmente esta en cierto modo en el umbral entre la vida y la muerte, que pasa por  cierta frontera, que es desconocida precisamente para nosotros. El fin del trabajo del corazón y de los pulmones es solamente el principio del proceso de morir, que es rápido pero extendido en el tiempo. Hoy la medicina sabe esto mejor que ayer. La muerte biológica (mors biologica), llamada también la muerte definitiva es el avance de la degradación y atrofia de las células, los tejidos y órganos del todo cuerpo. La entrada en este estado caracteriza las manchas observadas, la rigidez cadavérica, palidez, el secamiento del tegumento, el enfriamiento del cadáver [15].

La muerte llega gradualmente, casi en el proceso de partir y morir, las funciones vitales desaparecen lentamente. Excluyendo los casos de las muertes repentinas, el proceso de morir empieza por la agonía (vita reducta, vita minima) que aparece por debilitamiento del trabajo de los pulmones y del corazón.

3. La muerte del cerebro como el criterio nuevo de la muerte

El debate decisivo de hoy en la trasplantologia está causado por  la comprobación del nuevo criterio de la muerte. El informe de Ad Hoc Committee of the Harvard Medical School to Examine the Definition of Brain Death creada en 1968 año describió el coma estable y  irreversible. En este coma no aparece el funcionamiento cognoscible del sistema nervioso central. También ha formulado el criterio nuevo de la muerte como el cese irreversible de las funciones del cerebro entero, comprobada por los exámenes médicos complejos. Según el informe, el hecho de la muerte cerebral está comprobado por:

a)      la falta de las reacciones a los estímulos

b)      la falta del movimiento de los muscules, idiopático o como reacción a los estímulos

c)      la ausencia de la respiración idiopática

d)     la falta de los reflejos del tronco del cerebro

El informe recomienda la realización de los exámenes electroencefalográficos (EEG), y la realización repetida de todas las pruebas después de 24 horas, para asegurarse que el estado constado tiene carácter permanente. Hipotermia e intoxicación por los medios estupefacientes anulan la validez de los criterios presentados. La Comisión de Harvard  de acuerdo con la Asociación Americana de los Médicos y de Asociación Americana de los Abogados abrió camino para la regulación jurídica de la cuestión del criterio de la muerte. Con este destino en el año 1980 en Estados Unidos fue creada Prezydenck? Komisj? ds. Studiów Problemów Etycznych w Medycynie oraz Bada? Biomedycznych i Behawioralnych, która w Akcie Jednolitego Ustalania ?mierci (Uniform Determination of Death Act – UDDA) recomendó el uso del criterio de la muerte del cerebro para todos los estados de América. Este acto ha ordenado los métodos de la comprobación de la muerte del cerebro, porque hasta el año 1978 fueron publicados más de 30 distintos conjuntos de indicadores acerca de la muerte cerebral. “Una muy importante decisión [de este acto] fue la aprobación, que los particulares sistemas de los órganos vivos no crean ya el organismo vivo como un todo después de perdida por el tronco del cerebro de los habilidades del cumplimiento de las funciones que integran. En la esencia esto fue supuso la modificación de la definición de la muerte, que identificaría directamente la vida del tronco del cerebro con la vida del cerebro entero, e indirectamente identificaría la vida del tronco del cerebro con la vida del organismo como un todo” [16]. Entonces, el cerebro fue mostrado como la central instancia que integra y dirige al organismo como un todo, y el representado criterio de  la muerte cerebral fue recibido con pequeñas modificaciones por la mayoría de las legislativas en el mundo. También Karta Pracowników S?u?by Zdrowia opublikowana przez Papiesk? Rad? do Spraw Duszpasterstwa S?u?by Zdrowia stwierdza: „Aby osoba by?a uwa?ana za zmar??, jest wystarczaj?ce stwierdzenie ?mierci mózgowej […], która polega na «nieodwracalnym ustaniu wszystkich funkcji mózgu»” [17].

Aqui tenemos el cambio del criterio circulatorio y respiratorio de la muerte, que funcionaba hasta este tiempo y que sirvió para todos, al criterio que sirvió solamente a algunos. Por supuesto, el hecho, de que los exámenes referidos a la muerte cerebral no son idénticos en los distintos países, tiene una gran importancia. Esta situación muestra, que también el criterio de la muerte cerebral está sancionado por cierta convención referida a la ciencia sobre la muerte biológica. Ahora existe el debate serio referido al criterio de la muerte, que está identificado con la comprobación del daño irreversible de la corteza cerebral. Aunque la comprobación del momento de la muerte pertenece al médico, esto es su deber, conviene claramente subrayar, la necesidad de ser prudente, porque existe muchas dudas acerca de la definición medica de la muerte» [18].

Se muestra evidente, que desde una perspectiva muy amplia, debemos distinguir la dimension médica, que tiene el deber de presentar el criterio de la muerte, de la dimensión racionalmente más extensa, conectada con el profundo entendimiento del hecho de la muerte, hasta  las suposiciones antropológicas que muestran el mismo momento de la muerte. El teólogo puede investigar sobre la última dimensión. Pues, en la última dimensión de las especulaciones humanas, la muerte pasa fuera de las ramas de los datos empíricos y entra en el espacio de las explicaciones referidas a la vida y a la esencia del hombre. La muerte como un acontecimiento puede ser descrita de varios modos, por un lado desde de la perspectiva practica necesaria desde el punto de vista de la medicina, por otro lado desde punto de vista del discurso abstractivo, cuando la teología, por la antropología recogida, señala también las ramas para las acciones y confirmaciones que no destruyen a la dignidad humana. El mismo hecho, en este caso, la muerte del hombre, puede ser descrito de  varios modos, en el contexto de las distintas ciencias científicas.

4. Las nuevas preguntas con respecto al criterio de la muerte cerebral y discusiones acerca del donador muerto

El tema, que en los últimos años ha creado muchas controversias, es la existencia de las comprobaciones no precisas del momento de la muerte en la base del criterio de la muerte cerebral y la proposición de la resignación de la regla del donador muerto. ¿Pueden tener razón algunos que describen la práctica de las trasplantaciones de los órganos humanos como un canibalismo? Tambien mucho se habla sobre la similitud entre los síntomas clínicos del “choque de tronco” y la muerte cerebral. Pues, en el caso del choce cerebral existe todavia la posibilidad de la terapia del paciente enfermo que tiene solamente un daño en el cerebro. En algunas situaciones, conectadas todavía con  el presente  desarrollo dinámico de la medicina contemporánea, el mismo criterio de la muerte cerebral aparece relativizado drásticamente. La diagnosis de la muerte a veces está reducida a la aprobación jurídica de la pérdida de los derechos del paciente, en la base de la misma legislación jurídica. Entonces, el punto de vista del personalismo pregunta, ¿si se puede ser  persona humana parcialmente y parcialmente no? Pues, muchas veces se destruye la indivisibilidad de los derechos y estatus que pertenecen a la persona humana. La dificultad de definir precisamente el momento de la muerte cerebral radica en esto: que la muerte es entendida aquí como cierto proceso. Pero la muerte es siempre un fin, la terminación de todos procesos, que pasan en el organismo.  Esto que pasa en el cuerpo muerto es algo cuantitativamente diferente de lo que pasa en el organismo vivo. La desintegración del cuerpo es verdaderamente tambien un proceso, pero no se puede mezclarlo con el metabolismo, que pasa en cada organismo ya vivo, que parece que pasa también en los donadores, al menos en algunos con diagnosis de la muerte cerebral. El reconocimiento del principio de la fragmentación del cuerpo resulta de gran ayuda  en la comprobación de la muerte biológica. La muerte es algo real, es una pérdida, porque la criatura fue quien fue: es la pérdida de su identidad entera. Por eso no se puede confundir el paciente todavía enfermo con la sospecha de la muerte cerebral, con la auténtica muerte biológica del hombre.

            La definicion del momento de la muerte es, por lo tanto, problemática con la aparición del concepto de estado vegetativo irrevisible y los criterios de la muerte todavía evolucionados. De nuevo aparece la pregunta sobre el modo del entendimiento de la vida y la muerte. Aquí la  filosofía y el punto de vista personalista son realmente necesarios. Los personalistas polacos, sobre todo  contemporáneos,  buscan la síntesis de la medicina y la filosofía, para no reducir la persona humana a su mente – al cerebro- y el cuerpo a algo que se puede comparar con una caja que sirve al cerebro. Este pensamiento se acerca al  punto de vista del dualismo tradicional de proveniencia platónica y cartesiana. En esta visión tenemos una nueva fuerte contradicción de la mente (el alma tradicional) y el cuerpo, con la noción sobre  ambos como seres generalmente independientes de si mismos. La teoría que defiende que la vida humana es solamente la vida del cerebro, o, el modo del funcionamiento de la consciencia humana como el criterio decidido sobre ser un hombre, es inaceptable. Es necesario anotar, que, desde el punto de vista de la corriente personalista aristotélico-tomista, definir la muerte es algo principalmente distinto que ofrecer los criterios de la muerte. Los criterios se refieren solamente a la pregunta, ¿de dónde podemos saber que pasó la muerte?, mientras que la definición de la muerte va en dirección de la respuesta a la pregunta, ¿qué es la muerte? De ahí, las controversias acerca de la muerte cerebral. Definir la muerte es una operación importante y necesaria todavía.

5. La muerte como la desintegracion de la estructura corporal de la persona

Es importante notar el hecho, que en la muerte biológica, caracterizada por el irreversible paro de la función del cerebro, tenemos algo en común con “refracción de los sistemas orgánicos que todavía funcionan integralmente”, y que todavía funcinaban como un todo. Pero en esta situación se afirma que no es necesario el paro del funcionamiento del corazón o los pulmones, aunque su actividad puede ser forzada de modo artificial, pero no siempre. Para definir la muerte, en su dimensión médica es necesaria la desintegración de las funciones biloogicas del organismo humano.

            Las comisiones especiales de las países particulares [19] aceptaban el criterio sobre lo que decimos arriba, y que adquiere un significado importante en el caso de absorción de los órganos para las trasplantaciones, también para la Academia Papal de las Cienciac (en los días 10-21 octubre de 1985 año). En el comunicado de la comisión papal se subraya que, „la persona está considerada como muerto cuando perdió de modo irreversible toda habilidad de integrar y coordinar las funciones físicas e intelectuales del cuerpo” [20]. Después de todo, la comisión ha comprobado que la muerte pasa, cuando desaparecieron  de modo definitivo las funciones espontáneas del corazón y respiración, o cuando está comprobada la irreversible atrofia de cualquier actividad cerebral [21]. El método tradicional de la comprobación de la muerte no está rechazado, sino que está permitida la comprobación que depende de la muerte del cerebro.

            Estos datos médicos son también importantes para la antropología personalista, porque la persona, que es la unidad espiritual-corporal, en la dimensión empírica es conocida como la criatura interiormente integrada, perdiendo su unidad, cuando “pierde la habilidad de integrar y coordinar las funciones físicas e intelectuales del cuerpo”. Y esto es también la señal de que esta criatura no es ya compositum humano, que tiene el elemento que integra, el alma humana.

Juan Pablo II en una charla para los participantes en el encuentro organizado por Papiesk? Akademi? Nauk sobre el tema de la comprobación del momento de la muerte”, en el dia 14 de ferbrero de 1989 año, dijo: „La muerte sigue en esto, cuando el principio espiritual, que asegura la unidad del individuo no puede más cumplir sus funciones a través y en el organismo, y cuando elementos del organismo dejados sola para sí mismos, entran en disociación” [22].

            Se ve aquí la referencia a la formulación tradicional que desribe ratio mortis (definición de la muerte), como aprobación de que el alma se deriva  del cuerpo. Esta definición fue usada desde los tiempos más antiguos y entró también al idioma oficial de la Iglesia Catolica.

            La medicina se ocupa del cuerpo humano como ciencia, de las habilidades y, finalmente, del método técnico con sus posibilidades. Pero al menos, las injerencias médicas deben contar el hecho, de que en cada  intervención, no solamente hacemos algo con el cuerpo, sino con la persona humana, que en el mundo de las criaturas se distingue por su constitución espiritual- corporal. La persona humana no (es de naturaleza únicamente biológica…) con propias funciones fisiológicas, sino que es animal rationale, que significa, que no se abarca en la dimensión de la materia, sino que sobrepasa este mundo, es rationale.

            La demostración del hombre como la unidad personal y al mismo tiempo como la dualidad del alma y cuerpo tiene su aprobación en los documentos del Concilio en Vienne (año 1312) donde el alma esta llamada la “forma” del cuerpo: forma corporis humani per se et essentialiter [23]. El alma, siendo forma, no pertenece al mundo material con sus procesos de cambiar y morir. Pues, se muestra este especial carácter espiritual de la psyche humana, que no se diluye en cierto espíritu cósmico. La sustancialidad del alma y su indestructibilidad es algo diferente de todos los conceptos antiguos de la psyche. Es resultado de la fe y del pensamiento cristiano. Para tener una mayor claridad sobre esto, se puede citar un pasaje de Tomás de Aquino: „La forma del hombre se llama el alma y espíritu. Se llama “alma” con referencia a su deber de dirigir al cuerpo, animarlo, alimentarlo y alumbrarlo, se llama también “espíritu” con referencia de su direccionalidad al conocimiento, y esto significa entender, querer” [24].

            Por el mismo camino va Francisco Sawicki siguiendo al Aquinate y subrayando el hecho, de que el alma racional es la forma substancial, entonces, es el principio que forma parte del cuerpo humano [25]. A su vez S. Swie?awski dice claramente, que cada alma es commensurata – adaptada al cuerpo concreto [26]. Y si el alma perdura, y esta noción no es una verdad solamente de la fe, sino es reverabile, filosóficamente accesible, entonces, debe perdurar todo hombre y no otro, sino solamente este, con este cuerpo,  al que el alma está adaptada. El alma humana  perdura después de la muerte y exige la personalidad plena. Para el hombre, que tiene en sí el elemento espiritual, la muerte es solamente cierta salida desde el orden temporal-espacial. El estado del alma sola después de la muerte es también en algún sentido “lisiado”, incompleto, anticipado. Es una expectativa para la plenitud, para la realización del hombre nuevo. Esta expectativa natural para la siguiente realización de la plenitud humana F. Sawicki la entiende, con acuerdo de su fe, como expectativa para la resurrección [27].

6. La muerte como separación el alma del cuerpo

            Desde punto de vista del personalismo tomístico la muerte es la privación del alma del hombre, es su separación del cuerpo. El alma, que es el acto del cuerpo, lo construyó y fue permeado por el cuerpo, y al revés. El cuerpo, como la potencia, es la verdad acerca del ser humano como detallado y particular. El cuerpo humano es la estructura visible con determinadas formas, colores, dimensiones, y todo esto significa que constituye la materia, y que sin ella el hombre no puede existir como algo determinado, como este ser humano. El cuerpo es, como potencia, la razón de la medida, espacialidad, cualidad del hombre, pero gracias al alma y por alma, el cuerpo pertenece al hombre de hecho, que el alma es la función de su estructura. Por eso tenemos en común con el cuerpo, y no solo con la materia. El cuerpo es algo que tiene alma, que se realiza gracias al alma. Esto no significa que nuestros ojos o manos son el alma sino que son en el hombre algo actual, y no se puede comprobar en el hombre la ubicación del alma. Pero “el alma como acto, como la forma del cuerpo, no puede existir sin la materia que trae en ella la particularización. Constituyendo acto, entonces, alguna realización, cuando la actualiza la existencia, el alma privada del cuerpo puede durar, existir, no constituyendo en este caso un hombre concreto. Es solamente el alma, privada de la potencia que lo penetra. Existe pero de modo “lisiado” [28].

Cuando se define el criterio de la muerte de la persona humana en la base de morir del cerebro (y en relación con eso empieza  la pérdida de las habilidades de mantener de sistemas que integran y coordinan), esto no significa que de este modo el alma esté ubicada e identificada con cerebro como hábitat del alma o como la misma fuente de la vida. No es el resultado de los análisis anteriores que el cerebro es el principal centro  de la vida humana. Aquí quiero  decir, que el cerebro siendo el centro que coordina la totalidad del cuerpo humano, siendo el centro que integra, coordina y dirige las funciones biológicas del organismo entero, muriendo destruye por eso mismo los procesos existentes que integran. Con la muerte del cerebro tenemos la señal  de que pasa algo especial con todo hombre. Pero necesitamos aquí observar la irreversible desintegración de la persona como tal. Con la desintegración en la dimensión corporal que es claro y observable, desde el punto de vista médico, y también con el comienzo de la separación de la dimensión espiritual. Con la muerte del cerebro la persona para su existencia como un todo, porque  se derrumbó la cohesión interna y la unidad que señala necesariamente la unidad de la persona humana. Es necesario que esta unidad corporal se termine para que la muerte del cerebro sea un hecho indiscutible y para decir que no tenemos aquí el alma humana. Pues, el proceso de la desintegridad es un proceso que evita que el principio espiritual, el alma humana, pueda cumplir sus funciones que constituyen-hacen real el ser humano. Por eso la muerte del cerebro puede constituir el criterio de la muerte del hombre como tal porque confirma de propio modo el hecho de la separación entre el cuerpo y alma [29]. Aquí es importante, no mezclar dos dimensiones del pensamiento: la científico-medica, que tiene el deber de ofrecer el criterio de la muerte, y la dimensión de las investigaciones filosóficas, conectada con la definición del concepto de la muerte. En la dimensión filosófica la formulación sobre la muerte va más allá de los datos empíricos y hace referencia a las explicaciones acerca de la esencia de la vida y del hombre. El mismo fenómeno de la muerte está descrito de otro modo, de otra perspectiva. El discurso filosófico tiene algunas ramas y su modo de ver a la práctica médica y cuéntala.

Para describir este discurso, el punto de vista filosófico, se sirve del texto de otro personalista polaco, Mieczys?aw Gogacz de Varsovia, que en la base de los argumentos de la filosofía tomista nota: “Diciendo generalmente la muerte es la destrucción del hombre. Como efecto se destruye la unidad substancial del alma y cuerpo, y el cuerpo se aniquila.

Najogólniej mówi?c ?mier? jest zniszczeniem cz?owieka. W wyniku tego zniszczenia unicestwia si? substancjalna jedno?? duszy i cia?a i unicestwia si? w?a?nie cia?o. Stanowi?o ono niekonieczn? mo?no?? uszczegó?awiaj?c? dusz?, dzi?ki czemu cz?owiek by? przestrzenno-czasowy, mierzalny i posiadaj?cy jako?ci zmys?owe. Inne byty obdarzone podobn? mo?no?ci?, a wi?c sum? uniedoskonale? i braków, oddzia?ywa?y na cielesno?? cz?owieka w sposób proporcjonalny do swej mo?no?ci: swoimi brakami spowodowa?y braki, zniekszta?cenia w?a?nie w porz?dku w?asno?ci czasowych, przestrzennych i jako?ciowych, charakteryzuj?cych cia?o ludzkie jako materi?. W wyniku pojawienia si? tych zniekszta?ce? cia?o przestaje by? proporcjonaln? do formy mo?no?ci?. Zaczyna gin??. Znaczy to, ?e forma powoli traci to, co j? uszczegó?awia?o. Pojawia si? w ko?cu ten moment, ?e forma ju? nie ma w?asno?ci szczegó?owych, wnoszonych w ni? przez uniedoskonalaj?c? j? materi?. Ten moment nazywamy ?mierci?. Cz?owiek ju? nie istnieje. Istnieje sama jednostkowa dusza i nazywana zw?okami suma takich zwi?zków chemicznych, takich bytów przypad?o?ciowo zespolonych, które samodzielnie bytuj?c powoduj? rozpad zw?ok. Zw?oki ludzkie, to ju? nie jest cia?o cz?owieka, to ju? nie jest te? mo?no??, która wnios?a w form? w?asno?ci uszczegó?awiaj?ce. To zespó? bytów, który zaistnia?, gdy dusza pod wp?ywem czynników zewn?trznych, wp?ywaj?cych na cz?owieka, przestawa?a by? uszczegó?owiona” [30].

De acuerdo con el texto de arriba, la muerte es la destrucción del hombre real. La forma que forma el cuerpo desde el interior, lo separe de él, dejando el cadáver al proceso de desintegración.

Las investigaciones empíricas, médicas o psíquicas, de la estructura del ser humano, muestran y parecen comprobar esta definición tradicional, que anima forma corporis.

No hay en el hombre nada, que sea puramente espiritual, pero tampoco hay nada, que sea puramente material, puramente corporal, puramente biológico. Esto es asombroso y es verdaderamente  un misterio. Pero aquí aparece la dificultad con estas consideraciones que el hombre no puede evitar ya que tiene que ser partidario de una opción. Los argumentos del materialismo que defienden que en la muerte humana solamente pasa la destrucción natural de la materia, de ningún modo se contradicen con el hecho, de que tenemos aquí cierta separación, cierta división de la unidad corporal-espiritual existente. Y esto es una violación y catástrofe hacia la que el hombre siempre quiere estar en oposición.

El debate acerca de la muerte dura todavía, y las voces, que aparecen en ella se distinguen de modo radical, yo soy consciente de esto. Pero lo único que necesita ser garantizado en trasplantología es el respeto a la vida y a la persona humana. Cada vez  aparecen más  argumentos en contra de la “muerte cerebral” como criterio de comprobación de la muerte. Por eso necesitamos investigar acerca del tradicional concepto personalista que se refiere a la vida y la muerte. La muerte del hombre necesita ser un hecho, que podamos comprobar unívocamente, que “los órganos imprescindibles para la vida se puede coger únicamente ex cadavere” (Benedykt XVI, alocución en el día 7 de noviembre de 2008 año), entonces, después de la separación el alma del cuerpo.

La definición de la muerte del hombre en el contexto del problema de la transplantación de órganos. Observaciones y preguntas de un personalista.

Rev. Prof. Dr Miroslaw Mroz

Los intentos de encontrar la respuesta a la pregunta en que consiste la muerte del hombre y cuando acontece es una cuestión mucho más complicada de lo que puede parecer. El desarrollo de la medicina actual hizo relativizar la comprensión de la muerte. El problemá más dificil plantea la muerte celebral a la que no corresponde aquel estado del cuerpo del hombre que tradicionalmente identifiamos con la muerte. En este caso la comprensión intuitiva de la muerte que se refleja en la consciencia de la gente y la cultura de la muerte en su sentido amplio junto con la valoración del estado del paciente con la sospecha de la muerte celebrar, a menudo contrasta con la rutina de los comportamiento y el mismo lenguaje de la medicina. La mirada a la muerte necesariamente supera el terreno de la medicina y es importante para ella misma, como para derecho, sociología o antropología filosófica y teología. Hasta hace poco, la muerte del hombre no ha sido considerada como una cuestión dificil de definir. La mayoría pensaba que la separación del alma y cuerpo significa simplemente la muerte del hombre. Al aparecer el concepto del estado vegetativo y de la muerte celebrar, la comprensión de la muerte sufrión una significativa transformación. La identificación del momento de la muerte se ha convertido en el objeto de los debates, discusiones. Surgieron las ideas que diferenciaron la muerte de la persona y la muerte del organismo.

De ahí aparece la pregunta por la identidad del hombre. Se puede ser en parte la persona humana y en parte no serla? Cuando se separe lo que es material (cuerpo) de lo que espiritual surgen varios problemas dificiles de superar. Los personalistas polacos como Franciszek Sawicki, Karol Wojtyla o Czeslaw Bartnik subrayan que se es la persona en la unidad psicofísica o no se es y por eso no se puede hablar de un estado personal limitado. Por tanto, también los derechos que corresponden a la persona humana se los tiene todos o nada. Ellos hacen referencia al tradicional pensamiento filosófico de Aristóteles y santo Tomás de Aquino, según el cual el cuerpo y la mente (alma) conjuntamente forman al hombre y pertenecen a su esencia. Eso explica el hecho que tanto uno como otro elemento de la naturaleza humana es necesario para que exista. Ni la materia ni forma del cuerpo (alma) no pueden existir y funccionar independientemente de sí.

La muerte del hombre ha de ser un hecho cuyo existencia o su falta se puede indicar claramente y „los órganos imprescindibles para la vida se puede coger únicamente ex cadavere” (Benedicto XVI, discurso del 7 de noviembre del 2008). Los ensayos médicos y la práctica terapéutica parecen poner en duda la legitimidad de algunos criterios en base de cuales se hace el diágnosis de la muerte celebrar. Siempre de nuevo nace la necesidad de seguir buscando el concepto personalista adecuado de la muerte del hombre.

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* Miroslaw Mroz, sacerdote católico, profesor de teología, Dr. en Filosofía en la Universidad Nicolás Copérnico en Torun, director del Instituto de Teología Moral y Católica Ciencia Social en la facultad de la Teología.

[1] De ratione personae sunt tria: «subsistere, ratiocinari, individuum esse» – cf. P. Th., I, q. 29, a. 1; P. Th., II–II, q. 64, a. 2, ad 3.

[2] Cf. P. Swie?awski, ?w. Tomasz na nowo odczytany, en: W drodze, Pozna? 1995, p. 134-135.

[3] Cf. K. Wojty?a, Personalizm tomistyczny, Znak, 1964, nr 10 (124), p. 664-675.

[4] F. Sawicki, Der Sinn des Lebens, Bonifacius-Drukerei, Paderborn 1913.

[5]F. Sawicki, ?ycie ludzkie, Ksi?garnia ?w. Wojciecha, Pozna? 1936.

[6]Tomás de Aquino, Komentarz do Sentecji, 1 d. 8, 3, 2.

[7]Tomás de Aquino, Quaestiones disputatae de potentia Dei, q. 5, a. 9, ad 1; de similar modo en: Ibidem, q. 5, a. 4, y en: Summa Theologiae, I, q. 104, a. 4.

[8]K. Wojty?a, Personalizm tomistyczny, cyt., p. 674-675.

[9] A. Schopenhauer, Sämtliche Werke, t. 2, Stuttgart 1976–1978, p. 1271.

[10]Ibidem, p. 1261.

[11]Tomás de Aquino, Quaestiones disputatae de potentia Dei, q. 5, a. 4 ad 10.

[12] K. Wojty?a, Personalizm tomistyczny, cyt., p. 669.

[13] F. Sawicki, Idea? osobowo?ci, cyt., p. 78.

[14] K. Wojty?a, Personalizm tomistyczny, cyt., 672.

[15] Cf. J. Wróbel, Cz?owiek i medycyna, Wydawnictwo „SCJ”, Kraków 1999, p. 90.

[16] M. Nowacka, Etyka i transplantacja, PWN, Warszawa 2003, p. 80.

[17]La ricerca scientifica e la riflessione morale devono procedere insieme in spirito di cooperazione, w: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 12/2, Città del Vaticano 1991, p. 1523–1529.

[18] A. Muszala (red.), Encyklopedia bioetyki. Personalizm chrze?cija?ski. G?os Ko?cio?a., Polskie Wydawnictwo Encyklopedyczne, Radom 2005, p. 443.

[19]En Polonia la definicion de la muerte cerebral fue aprobada por comunicado del Mnisterio del Salud en el día 1 julio de 1984.

[20] Cf. Medicina i Morale, 35 (1985), nro 4, p. 823–825.

[21] Ibidem.

[22]Insegnamenti di Giovanni Paolo II, t. 12/2, Città del Vaticano 1991, p. 1526.

[23] Denz. 481 [902].

[24]Tomás de Aquino, Komentarz do Pierwszego Listu do Koryntian, 15, 1c, 7.

[25]Cf. F. Sawicki, Apologetische Grundfragen. 1. Die Immaterialität der menschlischen Seele; 2. Die Substantialität der menschlischen Seele, Der katholische Seelsorger, 19 (1907), p. 291-301; 339-350.

[26]Cf. P. Swie?awski, ?w. Tomasz na nowo odczytany, op. cit., p. 136-137.

[27]Cf. F. Sawicki., Wert und Würde der Persönlichkeit, Verl. J. P. Bachem, Köln 1907, p. 107-109.

[28] M. Gogacz, Istnie? i poznawa?, Pax, Warszawa1976, p. 162 –163.

[29]Cf. J. Wróbel, Cz?owiek i medycyna, op. cit., p. 93–94.

[30] M. Gogacz, Istnie? i poznawa?, op. cit., p. 199.

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