Por Juan Fernando Sellés
Planteamiento
Respetando la originalidad específica del planteamiento antropológico de Leonardo Polo y contando con el hecho de que no se le puede encasillar en ninguna de las usuales tendencias antropológicas, sí se puede considerar que su pensamiento está relacionado con la filosofía personalista.
La distinción entre la antropología de Leonardo Polo y la de perspectivas más o menos personalistas, como la de Kierkegaard (búsqueda de la intimidad humana usando como medio de acceso a ella la afectividad), Marcel (valoración de un conocimiento subjetivo como medio de acceso a esta misma intimidad), representantes de la fenomenología (Stein, Hildebrand, Scheler, etc.), del método dialógico o intersubjetivo (Levinas, Buber, etc.) o del existencialismo (Heidegger) y otras reside en un doble ámbito. Por una parte en el método cognoscitivo, y por otra, en el tema investigado.
La distinción de método cognoscitivo
En cuanto al procedimiento cognoscitivo, no es que la teoría del conocimiento no haya trabajado en el s. XX o no se trabaje con frecuencia en la actualidad, pero la que Polo elabora carece de precedentes inmediatos en la filosofía moderna, contemporánea y en nuestra época, y es superior, con mucho, a ellas, aunque es cierto que prolonga, y en buena medida, la aristotélico-tomista. Una de sus claves estriba en que admite una dualidad en el conocimiento humano: un nivel de tipo esencial, y otro de tipo personal o trascendental. Con el primero se da cuenta de la naturaleza (cuerpo humano) y de la esencia humanas (inteligencia y voluntad activadas y lo que él llama el yo). Esta franja equivale a lo que en la tradición filosófica griega y medieval se denominaba el alma y sus potencias inmateriales. Con el segundo nivel cognoscitivo se da cuenta del acto de ser personal humano.
Obviamente, el precedente enfoque es completamente extraño para las filosofías modernas y contemporáneas que consideran a la razón humana como la instancia cognoscitiva superior del hombre. Bien es cierto que por encima del conocer racional algunos fenomenólogos y existencialistas (entre otros) han admitido un tipo de conocimiento al que llaman subjetivo, pero ninguno de esos autores da cuenta rigurosa de ese modo humano de conocer ni de su alcance. En consecuencia, a falta de ese tratamiento teórico o intelectual, se corre el riesgo de subjetivizar ese modo de conocer.
La distinción temática
Por lo que respecta a la temática antropológica abordada, Leonardo Polo descubre no sólo las diversas dualidades jerárquicamente ordenadas que conforman la esencia humana, sino también las dualidades trascendentales que conforman el acto de ser personal humano. Y es manifiesto que este hallazgo carece de precedentes en la historia de la filosofía.
En cuanto a la esencia humana, según Polo la inteligencia y la voluntad se dualizan con el “yo”, es decir, nacen de él, éste las va activando progresivamente, y le tienen a él como fin. A su vez, Polo descubre las dualidades intrínsecas en esas potencias: las operaciones inmanentes de la inteligencia se dualizan con sus hábitos adquiridos; los actos de la voluntad, con sus virtudes. Por otra parte, en lo que se ha denominado “yo” Polo advierte dos dimensiones jerárquicamente distintas: el “ver yo”, el menor, que activa a la inteligencia, y el “querer yo”, el superior, que activa a la voluntad.
Por lo que respecta al acto de ser humano, Polo descubre cuatro radicales que conforman ese co-acto personal. El primer doblete, el inferior, está conformado por dos trascendentales personales: el inferior lo conforman la coexistencia y la libertad personal; el superior, otros dos: el conocer y el amar personal. Nótese que no se trata ni del conocer de la inteligencia (tabula rasa inicialmente), ni del querer de la voluntad (no menos tabula rasa nativa), ni tampoco del libre albedrío (que coimplica a la ambas facultades), sino de la libertad, del conocer y del amar a nivel de acto de ser (no a nivel de potencias o de esencia). Entre ellos, a su vez, la coexistencia se dualiza como miembro inferior con la libertad personal, y el conocer personal con el amar personal. Estos cuatro radicales de la persona humana también están abiertos a la trascendencia, es decir, a personas distintas que coexisten libre, cognoscitiva y amorosamente con la persona humana.
Razón de la diversidad
¿A qué se deben estos dos descubrimientos de Leonardo Polo? Según él, al hallazgo de un método nuevo de hacer filosofía. Se trata de lo que él denomina abandono del límite mental[1]. Por límite mental ha de entenderse la operación inmanente de la inteligencia conmensurada con su objeto conocido. Según ese nivel, cualquier asunto conocido siempre es objetivo, es decir, según objeto pensado. O sea, el tema conocido comparece siempre como una forma, pero no tal cual es en la realidad (de modo que ese nivel abstractivo eleva a forma lo que es inferior a lo formal en la realidad material, y rebaja a forma lo que es superior a la forma en la realidad transobjetiva y transinmanente). Pero ése nivel cognoscitivo no es ni el único ni, desde luego, el más elevado del hombre, sino precisamente el nivel inferior de la inteligencia.
Sin embargo, si tal acto de conocer se detecta notando que ni es el único ni el más alto nivel cognoscitivo humano, se puede pasar a ejercer modos de conocer superiores a él, es decir, más cognoscitivos. Para Polo, muchos son los pensadores de todas las épocas que han detectado ese límite (Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Descartes, Kant, Kierkegaard, Bergson, Heidegger, Wittgenstein, etc.) pero ninguno de ellos lo ha detectado en condiciones tales que lo haya podido abandonar metódicamente para pasar a ejercer modos superiores de conocer. De otro modo: aunque tales pensadores han notado ese límite inherente al conocer humano, no ha explorado con rigor otros modos de conocer superiores a él, sino que frecuentemente han recurrido a él, e incluso han sucumbido a su límite.
De entre los cuatro modos de conocer superiores al objetivo que abre el nuevo método descubierto por Polo conviene mencionar aquí únicamente dos: el que permite conocer la esencia humana, donde hay que dar cuenta del estudio del yo y el de las facultades inmateriales (inteligencia y voluntad); y el que permite conocer el acto de ser personal humano, es decir, el que investiga a la persona humana. Se trata, respectivamente, de la cuarta y de la tercera dimensión del abandono del límite (estas denominaciones numerales no designan primacía ontológica alguna). Polo describe la cuarta como el no abandonar completamente la presencia mental (la operación inmanente), sino mantenerla, detenerse, quedarse o demorarse en ella para entender la esencia humana[2]. Describe la tercera como la que parte de la presencia mental y se desaferra de ella permitiendo alcanzar el acto de ser humano[3]. Aunque esas dos dimensiones cognoscitivas aparecen perfiladas desde la primera publicación poliana (El acceso al ser), con todo, la distinción real entre el yo y la persona es muy reciente es sus obras (Antropología I y II).
Bibliografía de Leonardo Polo
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[1] En concreto, sin el abandono del límite mental, para Polo no se puede dar razón filosófica de los temas del yo y de la persona. Por eso no resulta pertinente encuadrar a Polo dentro del amplio marco de la llamada filosofía personalista. Cfr. sobre el método poliano: Esquer, H., El límite del pensamiento. La propuesta metódica de Leonardo Polo, Eunsa, Pamplona, 2000; García, J.A., El abandono del límite y el conocimiento», en Falgueras, I. / García, J. A. / Yepes, R., El pensamiento de Leonardo Polo, Cuadernos de Anuario Filosófico. Serie Universitaria, nº 11, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 1994, 27-60. Se llama límite mental a la operación inmanente o presencia mental que presenta los abstractos y se conmensura con ellos.
[2] Cfr. Antropología, I, 111-120.
[3] Cfr. Antropología, I, 187.